Lunes 27 de Enero de 2020
REPENSAR LA DIPLOMACIA COLOMBIANA

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REPENSAR LA DIPLOMACIA COLOMBIANA

 
11 de enero 2020 , 11:41 p.m.

El gobierno Duque le puso todos los huevos al canasto de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, y supusimos que aquel memorable concierto de la frontera era el primer acto de otros que tumbarían a Maduro. Hasta ahora, eso no sucedió. El presidente venezolano, con el que carecemos del más mínimo contacto –cosa que está inventada por la diplomacia aun en los peores casos, como el de EE. UU. con Cuba, Corea del Norte y con la misma Venezuela, donde el enviado especial Elliott Abrams conserva instrumentos para su relacionamiento con el régimen–.

En cambio, Colombia está en actitud de no audio- no video. Asumimos el liderazgo del Grupo de Lima, cuya actividad en relación con Venezuela se ha enfriado, quizás frustrados sus miembros ante la terquedad de Maduro, al que parece que nada lo afecta determinantemente. Tanto el gobierno Duque como el de Trump pensaron que esa salida era cuestión de semanas, apoyados en las cada vez peores cifras que miden la forma como viven los venezolanos.

Una encuesta de Meganálisis, hecha entre noviembre y diciembre pasados, de manera telefónica a 1.580 personas, en los 22 estados y el Distrito Capital, obtuvo cifras que mantienen nuestra capacidad de asombro: el 82 % de los encuestados no tienen agua potable a diario ni de manera continua. El 58 % reconoce tener familiares que han migrado a otros países. El 53 % maneja dólares para costear los gastos de su hogar. El 87 % no cree en el socialismo. El 85,3 % no apoya la Asamblea Nacional. El 86,6 % quiere que Maduro y el chavismo se vayan del poder. Y dos respuestas bien reveladoras para Colombia: después de transcurridos diez meses, el 68,5 % ya no cree, ni confía ni apoya al presidente interino Juan Guaidó, mientras que el 84,8 % no está dispuesto a salir a protestar si es convocado por Guaidó y la Asamblea Nacional.

En hechos que aún son motivo de controversia, el diputado Luis Parra se declaró ganador de la presidencia de la Asamblea Nacional, y Maduro lo reconoció, a pesar de provenir originalmente de la oposición. Se aplicó exitosamente la operación ‘maletín verde’, que habría consistido en comprar con sumas cercanas a los 700.000 dólares cada voto contra Guaidó. Si Parra logrará arrebatarle la presidencia a Guaidó de manera definitiva, es incierto. El chavismo y una parte de la oposición proclamaron el domingo a Parra. Pero CNN en Español aseguraba el viernes pasado que Guaidó había logrado recuperar por reelección la presidencia de la Asamblea Nacional, e incluso recibió la felicitación del secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo.

Bien si es así, o bien si Parra logra quedarse con la presidencia dividiendo a la oposición, sonó una alarma que indica que Colombia debería repensar su política diplomática con Venezuela. Maduro domina la Corte suprema, la Asamblea Constituyente, casi se toma la Legislativa y tiene el control territorial porque las fuerzas militares, que equivocadamente creíamos más divididas y a punto de salir del clóset traicionando a Maduro, siguen rodeándolo hasta ahora.

Deberíamos tener instrumentos para establecer acuerdos sobre lo fundamental con Venezuela en temas como migración, salud, economía y control de la frontera. Cualquiera que sea el embajador que Guaidó ponga en Colombia para reemplazar al que tenía, carece por completo de la capacidad para hacer compromisos en esos aspectos con el presidente Duque. Allá no tenemos siquiera un encargado de negocios.

Mientras tanto, la economía venezolana se ha refrescado con el ingreso de 4.500 millones de dólares en remesas, lo cual indica que la situación actual podría ir para largo.

Pero así sea cierto que Guaidó recuperó la presidencia de la Asamblea, políticamente no avanzó absolutamente en nada. Está igual que desde que se autoproclamó presidente interino; 52 países lo apoyan, es cierto, pero el resto del mundo está con Maduro, y la prueba es que Venezuela no pierde ninguna elección en las Naciones Unidas. ¡Hasta logró que la eligieran guardiana de los derechos humanos del planeta!

Y si Colombia pensaba que habría una salida militar con ayuda de EE. UU., esta cada vez parece más lejana. Pompeo dijo en enero que quiere dialogar para lograr un gobierno de transición. ¿Para qué insistirá Colombia en seguir haciendo lo mismo, que no garantiza sino obtener los mismos resultados? Porque Maduro sigue ahí, y de pronto Juan Guaidó ya no. ¿Y entonces, cuál es el plan B de Colombia?

Entre tanto... ¿Recuperará Guaidó su perdida capacidad de convocatoria? Su llamado dice: “Es momento de levantarse con fuerza”. Veremos cuántos venezolanos saca a la calle la semana entrante...

MARÍA ISABEL RUEDA

 
11 de enero 2020 , 11:41 p.m.

El gobierno Duque le puso todos los huevos al canasto de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, y supusimos que aquel memorable concierto de la frontera era el primer acto de otros que tumbarían a Maduro. Hasta ahora, eso no sucedió. El presidente venezolano, con el que carecemos del más mínimo contacto –cosa que está inventada por la diplomacia aun en los peores casos, como el de EE. UU. con Cuba, Corea del Norte y con la misma Venezuela, donde el enviado especial Elliott Abrams conserva instrumentos para su relacionamiento con el régimen–.

En cambio, Colombia está en actitud de no audio- no video. Asumimos el liderazgo del Grupo de Lima, cuya actividad en relación con Venezuela se ha enfriado, quizás frustrados sus miembros ante la terquedad de Maduro, al que parece que nada lo afecta determinantemente. Tanto el gobierno Duque como el de Trump pensaron que esa salida era cuestión de semanas, apoyados en las cada vez peores cifras que miden la forma como viven los venezolanos.

Una encuesta de Meganálisis, hecha entre noviembre y diciembre pasados, de manera telefónica a 1.580 personas, en los 22 estados y el Distrito Capital, obtuvo cifras que mantienen nuestra capacidad de asombro: el 82 % de los encuestados no tienen agua potable a diario ni de manera continua. El 58 % reconoce tener familiares que han migrado a otros países. El 53 % maneja dólares para costear los gastos de su hogar. El 87 % no cree en el socialismo. El 85,3 % no apoya la Asamblea Nacional. El 86,6 % quiere que Maduro y el chavismo se vayan del poder. Y dos respuestas bien reveladoras para Colombia: después de transcurridos diez meses, el 68,5 % ya no cree, ni confía ni apoya al presidente interino Juan Guaidó, mientras que el 84,8 % no está dispuesto a salir a protestar si es convocado por Guaidó y la Asamblea Nacional.

En hechos que aún son motivo de controversia, el diputado Luis Parra se declaró ganador de la presidencia de la Asamblea Nacional, y Maduro lo reconoció, a pesar de provenir originalmente de la oposición. Se aplicó exitosamente la operación ‘maletín verde’, que habría consistido en comprar con sumas cercanas a los 700.000 dólares cada voto contra Guaidó. Si Parra logrará arrebatarle la presidencia a Guaidó de manera definitiva, es incierto. El chavismo y una parte de la oposición proclamaron el domingo a Parra. Pero CNN en Español aseguraba el viernes pasado que Guaidó había logrado recuperar por reelección la presidencia de la Asamblea Nacional, e incluso recibió la felicitación del secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo.

Bien si es así, o bien si Parra logra quedarse con la presidencia dividiendo a la oposición, sonó una alarma que indica que Colombia debería repensar su política diplomática con Venezuela. Maduro domina la Corte suprema, la Asamblea Constituyente, casi se toma la Legislativa y tiene el control territorial porque las fuerzas militares, que equivocadamente creíamos más divididas y a punto de salir del clóset traicionando a Maduro, siguen rodeándolo hasta ahora.

Deberíamos tener instrumentos para establecer acuerdos sobre lo fundamental con Venezuela en temas como migración, salud, economía y control de la frontera. Cualquiera que sea el embajador que Guaidó ponga en Colombia para reemplazar al que tenía, carece por completo de la capacidad para hacer compromisos en esos aspectos con el presidente Duque. Allá no tenemos siquiera un encargado de negocios.

Mientras tanto, la economía venezolana se ha refrescado con el ingreso de 4.500 millones de dólares en remesas, lo cual indica que la situación actual podría ir para largo.

Pero así sea cierto que Guaidó recuperó la presidencia de la Asamblea, políticamente no avanzó absolutamente en nada. Está igual que desde que se autoproclamó presidente interino; 52 países lo apoyan, es cierto, pero el resto del mundo está con Maduro, y la prueba es que Venezuela no pierde ninguna elección en las Naciones Unidas. ¡Hasta logró que la eligieran guardiana de los derechos humanos del planeta!

Y si Colombia pensaba que habría una salida militar con ayuda de EE. UU., esta cada vez parece más lejana. Pompeo dijo en enero que quiere dialogar para lograr un gobierno de transición. ¿Para qué insistirá Colombia en seguir haciendo lo mismo, que no garantiza sino obtener los mismos resultados? Porque Maduro sigue ahí, y de pronto Juan Guaidó ya no. ¿Y entonces, cuál es el plan B de Colombia?

Entre tanto... ¿Recuperará Guaidó su perdida capacidad de convocatoria? Su llamado dice: “Es momento de levantarse con fuerza”. Veremos cuántos venezolanos saca a la calle la semana entrante...

MARÍA ISABEL RUEDA

 
11 de enero 2020 , 11:41 p.m.

El gobierno Duque le puso todos los huevos al canasto de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, y supusimos que aquel memorable concierto de la frontera era el primer acto de otros que tumbarían a Maduro. Hasta ahora, eso no sucedió. El presidente venezolano, con el que carecemos del más mínimo contacto –cosa que está inventada por la diplomacia aun en los peores casos, como el de EE. UU. con Cuba, Corea del Norte y con la misma Venezuela, donde el enviado especial Elliott Abrams conserva instrumentos para su relacionamiento con el régimen–.

En cambio, Colombia está en actitud de no audio- no video. Asumimos el liderazgo del Grupo de Lima, cuya actividad en relación con Venezuela se ha enfriado, quizás frustrados sus miembros ante la terquedad de Maduro, al que parece que nada lo afecta determinantemente. Tanto el gobierno Duque como el de Trump pensaron que esa salida era cuestión de semanas, apoyados en las cada vez peores cifras que miden la forma como viven los venezolanos.

Una encuesta de Meganálisis, hecha entre noviembre y diciembre pasados, de manera telefónica a 1.580 personas, en los 22 estados y el Distrito Capital, obtuvo cifras que mantienen nuestra capacidad de asombro: el 82 % de los encuestados no tienen agua potable a diario ni de manera continua. El 58 % reconoce tener familiares que han migrado a otros países. El 53 % maneja dólares para costear los gastos de su hogar. El 87 % no cree en el socialismo. El 85,3 % no apoya la Asamblea Nacional. El 86,6 % quiere que Maduro y el chavismo se vayan del poder. Y dos respuestas bien reveladoras para Colombia: después de transcurridos diez meses, el 68,5 % ya no cree, ni confía ni apoya al presidente interino Juan Guaidó, mientras que el 84,8 % no está dispuesto a salir a protestar si es convocado por Guaidó y la Asamblea Nacional.

En hechos que aún son motivo de controversia, el diputado Luis Parra se declaró ganador de la presidencia de la Asamblea Nacional, y Maduro lo reconoció, a pesar de provenir originalmente de la oposición. Se aplicó exitosamente la operación ‘maletín verde’, que habría consistido en comprar con sumas cercanas a los 700.000 dólares cada voto contra Guaidó. Si Parra logrará arrebatarle la presidencia a Guaidó de manera definitiva, es incierto. El chavismo y una parte de la oposición proclamaron el domingo a Parra. Pero CNN en Español aseguraba el viernes pasado que Guaidó había logrado recuperar por reelección la presidencia de la Asamblea Nacional, e incluso recibió la felicitación del secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo.

Bien si es así, o bien si Parra logra quedarse con la presidencia dividiendo a la oposición, sonó una alarma que indica que Colombia debería repensar su política diplomática con Venezuela. Maduro domina la Corte suprema, la Asamblea Constituyente, casi se toma la Legislativa y tiene el control territorial porque las fuerzas militares, que equivocadamente creíamos más divididas y a punto de salir del clóset traicionando a Maduro, siguen rodeándolo hasta ahora.

Deberíamos tener instrumentos para establecer acuerdos sobre lo fundamental con Venezuela en temas como migración, salud, economía y control de la frontera. Cualquiera que sea el embajador que Guaidó ponga en Colombia para reemplazar al que tenía, carece por completo de la capacidad para hacer compromisos en esos aspectos con el presidente Duque. Allá no tenemos siquiera un encargado de negocios.

Mientras tanto, la economía venezolana se ha refrescado con el ingreso de 4.500 millones de dólares en remesas, lo cual indica que la situación actual podría ir para largo.

Pero así sea cierto que Guaidó recuperó la presidencia de la Asamblea, políticamente no avanzó absolutamente en nada. Está igual que desde que se autoproclamó presidente interino; 52 países lo apoyan, es cierto, pero el resto del mundo está con Maduro, y la prueba es que Venezuela no pierde ninguna elección en las Naciones Unidas. ¡Hasta logró que la eligieran guardiana de los derechos humanos del planeta!

Y si Colombia pensaba que habría una salida militar con ayuda de EE. UU., esta cada vez parece más lejana. Pompeo dijo en enero que quiere dialogar para lograr un gobierno de transición. ¿Para qué insistirá Colombia en seguir haciendo lo mismo, que no garantiza sino obtener los mismos resultados? Porque Maduro sigue ahí, y de pronto Juan Guaidó ya no. ¿Y entonces, cuál es el plan B de Colombia?

Entre tanto... ¿Recuperará Guaidó su perdida capacidad de convocatoria? Su llamado dice: “Es momento de levantarse con fuerza”. Veremos cuántos venezolanos saca a la calle la semana entrante...

MARÍA ISABEL RUEDA

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