Jueves 27 de Febrero de 2020
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SE DEBIÒ SALVAR ZAPATEIRO CON POPEYE?

RUEDA MARIA I

 
16 de febrero 2020 , 01:02 a.m.

No alcanzo a entender el gesto humanitario, absolutamente exótico por lo descriteriado, con su obituario por la muerte de ‘Popeye’, del general Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda, recién ascendido a comandante del Ejército.

Fue una embarrada que indignó a la gente. No faltó ni la reacción del curtido policía, ya en retiro, Rosso José Serrano, quien no olvida que ‘Popeye’ fue el sicario de por lo menos 500 humildes policías bajo su cargo.

‘Popeye’ murió de cáncer, y no abatido en un enfrentamiento militar. Por eso, preguntarle al general qué había sentido con su muerte merecía una respuesta sin emoción. En lugar de eso, esta se le ‘chispoteó’. Expresó que, como comandante del Ejército, presentaba a la familia de ‘Popeye’ “nuestras más sentidas condolencias. Hoy ha muerto un colombiano. Haya pasado en su vida lo que haya pasado, lamentamos mucho la muerte de ‘Popeye’ ”.

Por declaraciones menos desacertadas, inoportunas, y menos ofensivas para las víctimas, el pasado colombiano está lleno de casos de personas que han tenido que dejar sus cargos por haber dicho algo que no debieron. Que yo recuerde, así a vuelo de pájaro, cuando el general Rafael Samudio era ministro de Defensa, en una ceremonia militar dio una respuesta despreciativa al proceso de paz con el M-19 que adelantaba el gobierno de Virgilio Barco. Ese mismo día lo sacó del cargo. Algo parecido le había sucedido antes, en el gobierno de Carlos Lleras, al general Guillermo Pinzón Caicedo, quien, como comandante del Ejército, en una revista se quejó de los controles de la Contraloría en el tema militar. Corrió la misma suerte, así como el general Fernando Landazábal, a quien Belisario Betancur llamó a calificar servicios siendo ministro de Defensa por alguna declaración contra los esfuerzos de paz de BB con las Farc.

El caso más célebre de un civil fue el del siempre recordado y querido amigo Carlos Lemos Simmonds. En una ocasión dijo, en su condición de ministro de Gobierno, que la UP “es el brazo desarmado de las Farc”. Tan de malas que pocos días después asesinaron al candidato Bernardo Jaramillo. Aunque las dos cosas no tenían relación alguna, a Barco le pareció que políticamente no aguantaban las declaraciones de Lemos, y lo sacó.

Ahora varios, entre ellos el senador ‘verde’ Iván Marulanda, han levantado sus voces para pedir el cargo del general Zapateiro. Incluso en términos demasiado fuertes, Marulanda le dice al presidente Duque que “mientras mantenga a Zapateiro a su lado, recaerá en él el peso de su indignidad”.

Pero vámonos a lo práctico. El Ejército Nacional que recibió el gobierno Duque del presidente Juan Manuel Santos llegó marcadamente dividido por el acuerdo de paz. De un lado están los que le colaboraron en la construcción, y del otro, donde sobre todo hay muchos militares en retiro, están los que aún hoy siguen pensando que los primeros se comportaron como cómplices de la firma de un acuerdo en el cual se les concedió a las Farc todo lo que pidieron.

Con esta herida abierta arrancó el gobierno Duque, y hubo que dar todo tipo de manejos internos para evitar enfrentamientos entre los dos sectores. Pero muy pronto, cuando comenzaron las filtraciones vía ‘The New York Times’ y ‘Semana’, se haría evidente que esta guerra entre los dos sectores es mucho más delicada y profunda de lo que al principio se creyó. Es, quizás, lo más grave que está sucediendo en nuestras Fuerzas Militares. Son, literalmente, filtraciones de un sector para ‘joder’ al otro sector.

Por eso, la llegada del general Zapateiro fue un respirito de alivio. Se considera que está relativamente en la mitad de las posturas que dividen al Ejército. Como tropero es muy del alma de la institución y se ha ganado el respeto de sus compañeros y subalternos. Es decir que no alcanzarán a afectarlo los efectos de la división. Para algunos expertos, esta llegada de Zapateiro es el inicio de una renovación generacional del Ejército, de gente que empezó a formarse en su carrera a general en el contexto de implementar un proceso de paz, y no de negociarlo. De manera que no tiene el corazón ni de un lado ni del otro. Llegan a ocupar sus cargos ante un hecho cumplido, y su misión es obedecer las directrices del presidente Duque, como su comandante supremo, para mantenerlo avanzando.

El general Zapateiro, podríamos decir, es el reflejo de la no polarización. Por eso es más útil dejarlo en su cargo, haciendo su oficio, que seguirle cobrando la insensatez de un gesto humanitario del obituario de un asesino de profesión.

Entre tanto... A mí, francamente, la muerte de ‘Popeye’ no me deja nada que lamente. En cambio, su vida ¡cómo dejó de cosas para lamentar!

MARÍA ISABEL RUEDA

 
16 de febrero 2020 , 01:02 a.m.

No alcanzo a entender el gesto humanitario, absolutamente exótico por lo descriteriado, con su obituario por la muerte de ‘Popeye’, del general Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda, recién ascendido a comandante del Ejército.

Fue una embarrada que indignó a la gente. No faltó ni la reacción del curtido policía, ya en retiro, Rosso José Serrano, quien no olvida que ‘Popeye’ fue el sicario de por lo menos 500 humildes policías bajo su cargo.

‘Popeye’ murió de cáncer, y no abatido en un enfrentamiento militar. Por eso, preguntarle al general qué había sentido con su muerte merecía una respuesta sin emoción. En lugar de eso, esta se le ‘chispoteó’. Expresó que, como comandante del Ejército, presentaba a la familia de ‘Popeye’ “nuestras más sentidas condolencias. Hoy ha muerto un colombiano. Haya pasado en su vida lo que haya pasado, lamentamos mucho la muerte de ‘Popeye’ ”.

Por declaraciones menos desacertadas, inoportunas, y menos ofensivas para las víctimas, el pasado colombiano está lleno de casos de personas que han tenido que dejar sus cargos por haber dicho algo que no debieron. Que yo recuerde, así a vuelo de pájaro, cuando el general Rafael Samudio era ministro de Defensa, en una ceremonia militar dio una respuesta despreciativa al proceso de paz con el M-19 que adelantaba el gobierno de Virgilio Barco. Ese mismo día lo sacó del cargo. Algo parecido le había sucedido antes, en el gobierno de Carlos Lleras, al general Guillermo Pinzón Caicedo, quien, como comandante del Ejército, en una revista se quejó de los controles de la Contraloría en el tema militar. Corrió la misma suerte, así como el general Fernando Landazábal, a quien Belisario Betancur llamó a calificar servicios siendo ministro de Defensa por alguna declaración contra los esfuerzos de paz de BB con las Farc.

El caso más célebre de un civil fue el del siempre recordado y querido amigo Carlos Lemos Simmonds. En una ocasión dijo, en su condición de ministro de Gobierno, que la UP “es el brazo desarmado de las Farc”. Tan de malas que pocos días después asesinaron al candidato Bernardo Jaramillo. Aunque las dos cosas no tenían relación alguna, a Barco le pareció que políticamente no aguantaban las declaraciones de Lemos, y lo sacó.

Ahora varios, entre ellos el senador ‘verde’ Iván Marulanda, han levantado sus voces para pedir el cargo del general Zapateiro. Incluso en términos demasiado fuertes, Marulanda le dice al presidente Duque que “mientras mantenga a Zapateiro a su lado, recaerá en él el peso de su indignidad”.

Pero vámonos a lo práctico. El Ejército Nacional que recibió el gobierno Duque del presidente Juan Manuel Santos llegó marcadamente dividido por el acuerdo de paz. De un lado están los que le colaboraron en la construcción, y del otro, donde sobre todo hay muchos militares en retiro, están los que aún hoy siguen pensando que los primeros se comportaron como cómplices de la firma de un acuerdo en el cual se les concedió a las Farc todo lo que pidieron.

Con esta herida abierta arrancó el gobierno Duque, y hubo que dar todo tipo de manejos internos para evitar enfrentamientos entre los dos sectores. Pero muy pronto, cuando comenzaron las filtraciones vía ‘The New York Times’ y ‘Semana’, se haría evidente que esta guerra entre los dos sectores es mucho más delicada y profunda de lo que al principio se creyó. Es, quizás, lo más grave que está sucediendo en nuestras Fuerzas Militares. Son, literalmente, filtraciones de un sector para ‘joder’ al otro sector.

Por eso, la llegada del general Zapateiro fue un respirito de alivio. Se considera que está relativamente en la mitad de las posturas que dividen al Ejército. Como tropero es muy del alma de la institución y se ha ganado el respeto de sus compañeros y subalternos. Es decir que no alcanzarán a afectarlo los efectos de la división. Para algunos expertos, esta llegada de Zapateiro es el inicio de una renovación generacional del Ejército, de gente que empezó a formarse en su carrera a general en el contexto de implementar un proceso de paz, y no de negociarlo. De manera que no tiene el corazón ni de un lado ni del otro. Llegan a ocupar sus cargos ante un hecho cumplido, y su misión es obedecer las directrices del presidente Duque, como su comandante supremo, para mantenerlo avanzando.

El general Zapateiro, podríamos decir, es el reflejo de la no polarización. Por eso es más útil dejarlo en su cargo, haciendo su oficio, que seguirle cobrando la insensatez de un gesto humanitario del obituario de un asesino de profesión.

Entre tanto... A mí, francamente, la muerte de ‘Popeye’ no me deja nada que lamente. En cambio, su vida ¡cómo dejó de cosas para lamentar!

MARÍA ISABEL RUEDA

 

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LA TERCERA VIA DE PETRO

VARGAS MAURICIO

 
25 de enero 2020 , 11:29 p.m.

Desde que algunos grupos petristas mancharon de singular vandalismo las protestas de noviembre, me puse a indagar entre quienes conocen al exalcalde Gustavo Petro, para entender a qué está jugando. Tras dejar las armas cuando el M-19 se desmovilizó en 1990, hizo una apuesta electoral tras otra y, gracias a ello, llegó a la Cámara, al Senado, luego a la Alcaldía de Bogotá y, en 2018, a la segunda vuelta presidencial. Un palmarés nada despreciable.

Pero después de su derrota ante Iván Duque y, sobre todo, tras la revelación del video en el que aparece recibiendo decenas de millones de pesos en efectivo en una chuspa, de manos de un amigo contratista, me dicen que Petro se convenció de la imposibilidad –por ahora– de llegar a la Presidencia por las urnas porque “la oligarquía no me va a dejar”. Lo cito tal y como me lo contó alguien que lo escuchó decirlo.

No se trata de regresar a la lucha armada. Ni balas ni –por ahora– votos: su apuesta es por una vía intermedia o tercera vía, aunque no precisamente la que preconizó el moderado primer ministro laborista del Reino Unido Tony Blair. La tercera vía de Petro es la insurreccional. Reitero: no es una insurrección armada, sino un levantamiento popular con momentos de violencia que termine derribando al Gobierno, como tantas veces ha ocurrido en otras latitudes.

Ejemplos hay: las barricadas que determinaron la caída del argentino Fernando de la Rúa a fines de 2001, el alzamiento que dejó herido de muerte el régimen de Carlos Andrés Pérez en Venezuela a inicios de los 90, el que tumbó al peruano Alberto Fujimori en 2000, o los más recientes que estuvieron a punto de derribar a Lenín Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile, o el que tumbó a Evo Morales en Bolivia.

Petro sabe que una insurrección, incluso si es exitosa, no le garantiza el poder. Pero conoce el caso de su admirado Hugo Chávez, cuyo liderazgo en el levantamiento de 1992 le abrió las opciones para el triunfo electoral del 98. Las urnas no han sido descartadas, pero primero debe haber insurrección.

La apuesta petrista pasa por aprovechar que, en medio de las protestas, grupos de encapuchados y personajes como la tristemente célebre Epa Colombia destruyan estaciones de TransMilenio, vitrinas comerciales, sucursales bancarias y edificios públicos. Incluye hacer colapsar el sistema de transporte con la toma de estaciones y el bloqueo de avenidas. Y, como puede ocurrir en estos casos, usar cualquier exceso de la Fuerza Pública para llenar una lista de mártires que despierte solidaridad con la insurrección.

En esto, Petro no ha tenido suerte. Por muy mal que hablen del Esmad, es mucho más profesional que los antidisturbios de otros países, que causaron decenas de muertos al reprimir las manifestaciones. El caso de Dilan Cruz no ha sido, como hubiesen querido los petristas, regla sino excepción. Además, las marchas han languidecido en cuanto a la cantidad de manifestantes, y se han vuelto casi inexistentes en ciudades distintas a Bogotá.

La violencia sí se ha mantenido, como lo comprobó la alcaldesa de la capital, Claudia López, este martes: media docena de estaciones de TransMilenio sufrieron graves daños por vandalismo, y hubo grandes destrozos en decenas de comercios y vehículos. Aparte de arrinconar al régimen, la apuesta de Petro pasa por golpear a la izquierda que no cree en la insurrección, lo que incluye a López, a Sergio Fajardo y a Jorge Robledo –quien ya lanzó su candidatura para 2022–, entre otros.

* * * *

Se retira Marco Schwartz de la dirección de ‘El Heraldo’ para regresar a España, donde por casi tres décadas protagonizó la carrera más brillante que haya tenido un periodista colombiano en ese país. Hará falta en ‘El Heraldo’ y hará falta en Barranquilla.

MAURICIO VARGAS
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25 de enero 2020 , 11:29 p.m.

Desde que algunos grupos petristas mancharon de singular vandalismo las protestas de noviembre, me puse a indagar entre quienes conocen al exalcalde Gustavo Petro, para entender a qué está jugando. Tras dejar las armas cuando el M-19 se desmovilizó en 1990, hizo una apuesta electoral tras otra y, gracias a ello, llegó a la Cámara, al Senado, luego a la Alcaldía de Bogotá y, en 2018, a la segunda vuelta presidencial. Un palmarés nada despreciable.

Pero después de su derrota ante Iván Duque y, sobre todo, tras la revelación del video en el que aparece recibiendo decenas de millones de pesos en efectivo en una chuspa, de manos de un amigo contratista, me dicen que Petro se convenció de la imposibilidad –por ahora– de llegar a la Presidencia por las urnas porque “la oligarquía no me va a dejar”. Lo cito tal y como me lo contó alguien que lo escuchó decirlo.

No se trata de regresar a la lucha armada. Ni balas ni –por ahora– votos: su apuesta es por una vía intermedia o tercera vía, aunque no precisamente la que preconizó el moderado primer ministro laborista del Reino Unido Tony Blair. La tercera vía de Petro es la insurreccional. Reitero: no es una insurrección armada, sino un levantamiento popular con momentos de violencia que termine derribando al Gobierno, como tantas veces ha ocurrido en otras latitudes.

Ejemplos hay: las barricadas que determinaron la caída del argentino Fernando de la Rúa a fines de 2001, el alzamiento que dejó herido de muerte el régimen de Carlos Andrés Pérez en Venezuela a inicios de los 90, el que tumbó al peruano Alberto Fujimori en 2000, o los más recientes que estuvieron a punto de derribar a Lenín Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile, o el que tumbó a Evo Morales en Bolivia.

Petro sabe que una insurrección, incluso si es exitosa, no le garantiza el poder. Pero conoce el caso de su admirado Hugo Chávez, cuyo liderazgo en el levantamiento de 1992 le abrió las opciones para el triunfo electoral del 98. Las urnas no han sido descartadas, pero primero debe haber insurrección.

La apuesta petrista pasa por aprovechar que, en medio de las protestas, grupos de encapuchados y personajes como la tristemente célebre Epa Colombia destruyan estaciones de TransMilenio, vitrinas comerciales, sucursales bancarias y edificios públicos. Incluye hacer colapsar el sistema de transporte con la toma de estaciones y el bloqueo de avenidas. Y, como puede ocurrir en estos casos, usar cualquier exceso de la Fuerza Pública para llenar una lista de mártires que despierte solidaridad con la insurrección.

En esto, Petro no ha tenido suerte. Por muy mal que hablen del Esmad, es mucho más profesional que los antidisturbios de otros países, que causaron decenas de muertos al reprimir las manifestaciones. El caso de Dilan Cruz no ha sido, como hubiesen querido los petristas, regla sino excepción. Además, las marchas han languidecido en cuanto a la cantidad de manifestantes, y se han vuelto casi inexistentes en ciudades distintas a Bogotá.

La violencia sí se ha mantenido, como lo comprobó la alcaldesa de la capital, Claudia López, este martes: media docena de estaciones de TransMilenio sufrieron graves daños por vandalismo, y hubo grandes destrozos en decenas de comercios y vehículos. Aparte de arrinconar al régimen, la apuesta de Petro pasa por golpear a la izquierda que no cree en la insurrección, lo que incluye a López, a Sergio Fajardo y a Jorge Robledo –quien ya lanzó su candidatura para 2022–, entre otros.

* * * *

Se retira Marco Schwartz de la dirección de ‘El Heraldo’ para regresar a España, donde por casi tres décadas protagonizó la carrera más brillante que haya tenido un periodista colombiano en ese país. Hará falta en ‘El Heraldo’ y hará falta en Barranquilla.

MAURICIO VARGAS
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REFLEXIONES NAVIDEÑAS DE UN CREYENTE.

Jesús Vallejo Mejía

Escribo hoy, 25 de diciembre, y el tema obligado toca con Nuestro Señor Jesucristo, cuyo nacimiento celebramos en este día.

Según leí esta mañana, los datos más recientes indican que en el mundo hay algo más de dos mil millones de cristianos, más de la mitad de los cuales hemos sido bautizados dentro de la Iglesia católica, apostólica y romana. El resto se distribuye entre protestantes (37%) y ortodoxos (12%). Al Cristianismo le sigue en importancia el Islam, con cerca de mil doscientos millones de fieles. Y en tercer lugar ubica el Hinduísmo, con unos ochocientos cincuenta millones de seguidores, casi todos residentes en la India.

Por supuesto que no todos los que figuramos como cristianos somos practicantes. Es difícil establecer porcentajes precisos que nos den idea acerca de la participación efectiva de los bautizados en las diversas comunidades cristianas, pero por distintas vías se sabe que su número tiende a reducirse en el mundo desarrollado, a la vez que se incrementa en los países en vía de desarrollo.

Los datos estadísticos se prestan a distintas interpretaciones.

Para los creyentes, las cifras indicativas de la incredulidad representan un fracaso atribuible en buena medida a los propios discípulos de Cristo, pero sobre todo a la humanidad misma, que en términos del Evangelio de San Juan se ha negado a recibir la luz  que anuncia  la Buena Nueva. Los no creyentes, en cambio, piensan que la reducción de las comunidades religiosas preludia la llegada de una época feliz en que la racionalidad y la tolerancia se impondrán sobre las tinieblas de la superstición y el fanatismo.

Observemos que unos y otros conciben la plenitud y  la frustración  de la condición humana en términos de luminosidad y oscuridad. Pero los respectivos conceptos de  lo luminoso y lo oscuro se oponen entre sí. La luz de los creyentes es oscuridad para los incrédulos, y viceversa.

Es interesante observar cómo los seres humanos interpretamos el mundo que nos rodea, y nos interpretamos a nosotros mismos, al tenor de categorías que tomamos del mundo físico y extrapolamos al espiritual. Lo luminoso y lo oscuro, lo puro y lo impuro, lo limpio y lo sucio, lo diáfano y lo turbio, etc., son polaridades que resultan de nuestro contacto con las cosas y condicionan nuestros conceptos morales, esto es, la percepción de lo valioso y lo disvalioso.

¿Cómo saber si nuestros pasos nos encaminan hacia la Luz y no hacia la Oscuridad?

La cuestión interesa tanto a la vida personal como a la colectiva. A cada uno de nosotros nos interesa saber si vamos o no por buen camino. Pero también atañe a las sociedades la identificación del Bien y el Mal y lo que a ellos conduce, pues si el Mal cunde, aquéllas se destruyen.

El pensamiento dominante hoy en día parte de premisas no sólo equivocadas, sino insostenibles y que él mismo no puede afirmar explícitamente sin riesgo de contradecirse y autodestruirse.

Según se afirma a troche y moche, estas categorías son subjetivas y se fundan en consideraciones que cada uno se hace en su intimidad, de suerte que lo que parece bueno para unos no lo es para otros, y lo que a los de acá les repugna, puede ser atractivo para los de acullá.

Resulta, empero, que todo lo que pensamos como bueno o malo da resultados en nuestras acciones y en nosotros mismos. Si nuestras opiniones se traducen en actitudes, palabras y acciones u omisiones, de ese modo influyen en nuestros semejantes e incluso en el desarrollo de nuestra personalidad. De ahí que, como dijo San Agustín, somos lo que amamos, es decir, lo que valoramos o aquello en que creemos, que es lo que nos define.

Sartre remata diciendo que somos lo que hacemos, pero esto depende precisamente de lo primero, o sea de nuestros valores y nuestras creencias.

Lo que pensamos que es luminoso u oscuro determina, por ende, el panorama de nuestro universo moral y los resultados efectivos de nuestro accionar en el mundo. Y estos resultados son reales, no imaginarios ni virtuales. El que busca la Luz por buen camino, la encuentra; pero, si la confunde, se pierde y se frustra.

El Evangelio es tajante:”Por sus frutos los conoceréis”.Y en otro lugar añade:”¿Podrá por ventura un ciego guiar a otro ciego?”.

Todo esto apunta hacia la consideración de que los hechos señalan cuál es el camino de la realización plena de la persona humana, lo que la inunda de Luz y disipa la Oscuridad. Y esos hechos nos hacen ver que el mundo moral no es imaginario, sino que hay verdades morales y que éstas son decisivas para la perfección del hombre.

No hay tal, pues, acerca de que en este ámbito todo es del color del cristal a través del que se mire, pues los hechos muestran que las malas elecciones morales traen consigo consecuencias dañinas, en tanto que las buenas producen frutos halagüeños. Y esas malas elecciones no restringen sus malos efectos al ámbito privado de quienes las deciden, sino que se proyectan hacia los demás individuos y la totalidad del entorno social.

No cabe duda, entonces, de que la valoración del obrar humano da lugar por lo menos a tres clases de juicios, a saber: el que cada uno hace sobre sus resultados, el que cada uno de los demás elabora en torno de cómo podría afectarlo la acción del otro, y el juicio global que sobre todo los responsables de la buena marcha de la cosa pública formulas acerca de los efectos colectivos de las acciones individuales.

Esto lo vio con entera claridad Aristóteles, al sugerir que la justicia debe mirarse en las relaciones de la comunidad con los individuos, las relaciones de los individuos entre sí y las relaciones de cada uno de ellos con el todo social. Pero el individualismo moderno ha perdido de vista los aspectos intersubjetivos y colectivos de la moralidad, al tratar de reducirla al ámbito cerrado de la intimidad personal.

Ningún gobernante es capaz de ejercer su oficio pensando que los valores son del todo subjetivos y arbitrarios, de suerte que escapan de suyo a toda racionalidad. Su perspectiva no puede dejar de ser necesariamente global, lo que significa que debe partir de alguna noción indicativa de qué es lo bueno y lo malo para el conglomerado social.

Así las cosas, las grandes discusiones morales sobre lo que contribuye a la realización plena de la persona humana o a su frustración, esto es , sobre lo que en últimas es lo Bueno o lo Malo, se mueven en torno de lo que se considera que favorece la convivencia, lo que la perturba o lo que puede, según las circunstancias,  ser  indiferente en términos generales para ella.

Las políticas que promueven la difusión del ideario de la Ciencia y el descrédito del pensamiento religioso se fundan en que aquélla ilumina la acción humana, en tanto que el segundo la ofusca.

Hay pues detrás de todo ello unos juicios de valor acerca de los efectos del pensamiento científico y los del religioso sobre la vida humana. No se dice que cada uno es libre de optar por lo uno o por lo otro, tal como podría pensarse de acuerdo con las premisas de la ideología dominante , sino que en el conflicto entre lo científico y lo religioso debe prevalecer lo primero, porque es lo verdadero y diáfano. O sea, que la Ciencia es la Luz, mientras que la Religión es la Oscuridad.

Los grandes debates que enfrentan a nuestras sociedades en torno de las costumbres, especialmente las de la vida familiar y las sexuales, se mueven teóricamente a partir de premisas sobre la libertad de cada individuo de organizar su vida según le parezca y sin que nadie, ni siquiera la autoridad social, esté autorizado para imponerle sus pautas. Pero, bien miradas las cosas, se advierte que hay otras premisas implícitas, según las cuales podría pensarse que el orden familiar y el de la sexualidad son indiferentes para la colectividad, o que lo que a ésta precisamente le conviene es el desorden reinante en las costumbres.

Así las cosas, la fementida argumentación que dice partir de la base de la autonomía moral de cada individuo y el consiguiente relativismo en esta materia, sólo tiene fuerza en la medida que se considere que dicha autonomía no afecta el equilibrio de la sociedad y más bien lo beneficia. Pero cuando se advierte que ella puede alterar su visión de la convivencia, sus ideólogos no vacilan en constreñirla, tal como sucede hoy en día con las leyes sancionatorias de lo que se considera que son comportamientos ofensivos para con las minorías raciales, sexuales o de otras clases.

Los promotores del NOM tienen, pues, su propia visión del Camino, la Verdad y la Vida, que se contrapone radicalmente a la que nos ofrece el Evangelio. Y la están imponiendo a fuerza de sofisma, a menudo por la fuerza sutil de las manipulaciones de todo género, cuando no por medios no muy alejados de la fuerza bruta.

Queda por ver, sin embargo, si sus frutos lo son de vida luminosa y plena, o más bien contribuyen a la destrucción de la humanidad.

Se trata, en síntesis, de establecer si la Luz que verdaderamente ilumina es la de Cristo, cuyo nacimiento recordamos hoy, o la del Gnosticismo y su secuaz, la Masonería.

Habrá que mirar entonces si el Evangelio es la guía moral por excelencia para la vida individual y la colectiva, a pesar de los fracasos y los extravíos de sus difusores, o si una Ciencia que por definición es ajena al mundo de los valores y por ende ciega, es capaz de guiar nuestros pasos por buen camino.

Vuelvo sobre uno de mis maestros a distancia, Claude Tresmontant, para recordar que en su gran libro “L’Enseignement de Ieschoua de Nazareth” (Editions du Seuil, Paris, 1970), sostiene que el Evangelio formula una verdadera Ciencia, la de la divinización del ser humano, o sea, la de su plenitud, la que nos lleva a “ser perfectos como nuestro Padre Celestial lo es”.

Se trata de una Ciencia que va a lo profundo del fenómeno humano, no hacia lo que es parcial o externo, sino lo que constituye su realidad última, su dimensión espiritual. Es, por otra parte, Ciencia avalada por la experiencia de muchísimos santos a lo largo de cerca de dos milenios, experiencia que suele ignorarse por los amos del pensamiento que dominan las variadas disciplinas que se ocupan hoy de la mente, el cuerpo y el obrar humanos.

Es, pues, mucha la tela que hay para cortar acerca de estos tópicos.

 

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PROTESTAS MUNDIALES POR UNA ECONOMÌA EN DECLIVE Y NOTICIAS FALSAS

Andrés Oppenheimer

Una de las preguntas más grandes que todos nos estamos haciendo es si hay un común denominador en las protestas masivas que hemos visto este año en lugares tan diferentes como Chile, Colombia, Venezuela, Bolivia, París, Barcelona, Estambul, Teherán y Hong Kong. Aunque hay diferencias, creo que hay algunas cosas que muchas de estas protestas tienen en común.

A principios de esta semana, tuve la rara ocasión de entrevistar separadamente a los presidentes de Chile y Colombia sobre las manifestaciones en sus propios países, y hablar con funcionarios de otras naciones que han sido sacudidas por protestas callejeras. Con base en lo que escuché de ellos y mis propias conclusiones, aquí va mi lectura de los elementos comunes que tienen muchas de estas protestas.

Primero, las manifestaciones callejeras están teniendo lugar en el contexto de una desaceleración económica mundial.

Con la excepción de Estados Unidos, que disfruta de una recuperación económica desde hace una década, la mayoría de los países, incluida China, han visto sus economías caer este año. La economía latinoamericana se ha contraído de un 1.2 por ciento en 2007 a un magro 0.2 por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional.

Muchos países han tenido que aumentar los impuestos y recortar subsidios estatales para servicios básicos. Eso enfureció a mucha gente, lo que a su vez provocó protestas callejeras provocadas por diferentes medidas, desde un aumento en las tarifas del metro en Chile hasta un alza en los precios de la gasolina en Irán.

En segundo lugar, a medida que cientos de millones de personas en todo el mundo se integran al internet, se han creado grupos de intereses comunes, que incluyen facciones ideológicas, grupos religiosos, ambientalistas, miembros de la comunidad LGBT, amantes de los animales y otros, que tienen diferentes agendas.

En este nuevo mundo de burbujas digitales, los presidentes no saben exactamente con quién negociar. En el pasado, cuando había disturbios sociales, los presidentes se reunían con los líderes de la oposición, el comandante militar y el obispo. Hoy día, los presidentes no saben con quién hablar.

En tercer lugar, hay una avalancha de noticias falsas, que a menudo provienen de Rusia, Venezuela y otras dictaduras, que buscan debilitar a los gobiernos democráticos, como vimos en las elecciones estadounidenses de 2016.

Al provocar problemas en Chile, por ejemplo, la dictadura de Venezuela intenta demostrar que las economías de libre mercado no funcionan y trata de desviar la atención mundial de su propia crisis humanitaria.

De hecho, Chile ha reducido la pobreza más que la mayoría de los países del mundo, del 31 por ciento de su población en 2000 al 6.4 por ciento en la actualidad, según el Banco Mundial. En comparación, el régimen de Venezuela ha creado una catástrofe económica y social, que ya ha resultado en más de 4.5 millones de refugiados.

El presidente chileno Sebastián Piñera me dijo que Chile necesita hacer un mejor trabajo para evitar “abusos” contra los más necesitados, pero agregó que hubo injerencia extranjera en las protestas. Las agencias de inteligencia chilenas han investigado “millones” de noticias falsas en las redes sociales, y muchas pudieron ser rastreadas a Rusia, me dijo.

Como ejemplo, citó un video que circuló en días recientes que supuestamente mostraba el asesinato de un manifestante chileno a manos del ejército. Pero los fiscales luego determinaron que había sido asesinado por un grupo rival, dijo. Las noticias falsas son “una cosa organizada y sistemática”, agregó.

El presidente de Colombia, Iván Duque, reconoció que Colombia tiene una alta tasa de desigualdad, y agregó que las recientes protestas en su país se vieron exacerbadas por falsas afirmaciones de que su gobierno planeaba eliminar los programas de capacitación para jóvenes y aumentar la edad de jubilación.

“Esas fueron mentiras. Nunca habíamos dicho eso”, me dijo Duque. Agregó que muchos de esos reportes falsos en las redes sociales eran “patrocinados desde Venezuela”.

En resumen, hay diferentes causas detrás de las protestas en todo el mundo. Pero una economía mundial en declive, la desigualdad, la expansión del Internet y las campañas de noticias falsas bien organizadas, muchas de ellas procedentes de Rusia y Venezuela, son algunas de las cosas que muchas de ellas tienen en común.

 

 

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LA GUERRA CONTRA LAS GUERRILLAS Y LOS NARCOS SE GANA EN EL AIRE

DE LA ESPRIELLAEl arte de la guerra enseña que “todo movimiento militar es importante para la nación porque se trata de vida o muerte, de supervivencia o destrucción; es imperativo, por lo tanto, estudiarlo muy atentamente”.

Colombia está en guerra contra dos enemigos poderosos, que al final terminan siendo uno: el narcotráfico y el terrorismo. El tartufo Santos, que recibió al país con menos de 50 mil hectáreas de cultivos ilícitos, se lo entregó al presidente Duque con más de 200 mil. Esas plantaciones, controladas por estructuras armadas al margen de la ley, fundamentalmente las “disidencias” de las Farc, se traducen en toneladas de clorhidrato de cocaína, cuya comercialización irriga generosamente las arcas de ese grupo antisocial.

Combatir al narcotráfico y al terrorismo es un asunto sustantivo y fundamental; así lo ha entendido el presidente Duque, a pesar de estar parcialmente maniatado por la “Corte Constitucional” santista, que se ha ingeniado toda suerte de razones para impedir que se ponga en marcha el único mecanismo eficaz en la lucha contra los cultivos ilícitos: la fumigación aérea.

A través de la erradicación manual, es prácticamente imposible acabar con la coca. Existe evidencia de que hay zonas del país con cultivos de coca que producen hasta 6 cosechas al año. Los narcos, así como han invertido ingentes sumas de dinero en el perfeccionamiento de rutas para el tráfico y la compra de conciencias, han hecho lo propio para hacer cada vez más resistentes y eficaces las plantaciones de las que brota la materia prima de la cocaína, que, sin duda, es el combustible con el que ellos intentan poner en jaque a la sociedad y a nuestra democracia.

Al precio que sea, hay que retomar las fumigaciones aéreas. De no hacerlo, va a ser muy difícil romperle el espinazo al basilisco que tanto defienden las Farc y demás sectores de la izquierda, que se han convertido en los promotores de la prohibición de las fumigaciones. Para los terroristas con los que Santos pactó en La Habana, el asunto era de importancia extrema. Fueron ellos los que pusieron de rodillas al Estado y obligaron a que se suspendiera la aspersión. Esos individuos, que estuvieron encerrados durante décadas en la manigua y que crecieron exponencialmente hasta que la guerra llegó a los cielos, saben perfectamente que, gracias a las fumigaciones con herbicida y a los bombardeos, la correlación de fuerzas cambió en perjuicio suyo. La guerra contra el narcotráfico y el terrorismo, que, insisto, son la misma cosa, se gana desde el aire. Y así como es urgente que se retomen las aspersiones para llevar a los cultivos ilícitos a su mínima expresión, nuestra Fuerza Aérea y la aviación del Ejército deben gozar del pleno respaldo del Gobierno y de la ciudadanía, para continuar con los bombardeos a los campamentos de los criminales.

Resulta repulsivo que el santista redomado y enmermelado Roy Barreras, que representa lo más sucio y deleznable de la política, con sus debates cargados de odio, ventajismo, oportunismo y resentimiento contra nuestros militares y policías, se salga con la suya y logre amedrentarlos.

Lo que quieren los bandidos y sus cómplices (que son igual de criminales) es crear precedentes sociales y judiciales, para que los miembros de la Fuerza Pública no cumplan sus deberes de combatir el crimen, por temor a las represalias mediáticas y jurídicas. A las cosas hay que llamarlas por su nombre: el bombardeo contra la guarida en la que estaba escondido el bandido de las Farc, alias Gildardo Cucho, en la zona rural de San Vicente del Caguán, está dotado de toda la legitimidad, a la luz del Derecho Internacional Humanitario.

Claro que produce inmenso dolor que, en esa operación, siete menores de edad hayan perdido la vida, pero en ningún caso, aquellos decesos son responsabilidad del Estado. La culpa la tienen las Farc, Santos y, por supuesto, el miserable acuerdo de paz de La Habana, en el que no se exigió la desvinculación total de los niños en poder de los terroristas. No olvidemos que ese acuerdo se perfeccionó con el concurso canalla de Roy Barreras. Celebro la designación de Carlos Holmes Trujillo como ministro de Defensa. Que se tengan los criminales, porque no hay duda de que él va a llegar golpearlos, sin contemplación. Con el nuevo ministro, seguirán los bombardeos y, seguramente, se establecerán los mecanismos necesarios para que se pueda recomenzar con la fumigación aérea de la coca.

Y cierro con otra enseñanza de El arte de la guerra: “es necesario hostigar al enemigo para saber en qué parte está fuerte o débil…”y ese hostigamiento, debe darse desde los hermosos cielos de nuestra patria. La ñapa I: ¿Por qué Roy Barreras, demás hierbas del pantano y medios enmermelados no dijeron nada de los menores muertos en bombarderos legalmente ordenados por el tartufo en su momento? La ñapa II: Para que vayan viendo: ya van 15 extranjeros expulsados de país, cuya intención era —a no dudarlo— cooperar en el sabotaje que tienen programado los mal llamados encapuchados para el paro del 21 de noviembre. Aterra saber el número que aún queda por expulsar del suelo patrio y que nada se hace contra los connacionales que “supuestamente” quieren infiltrarse para aportar su cuota de caos y destrucción ese día.

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