Viernes 15 de Diciembre de 2017
Verdades Confirmadas

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EN COLOMBIA UN ESTADO DE CAOS

José G. Hernández                                     

Como hemos venido diciendo, el orden jurídico colombiano se ha convertido en un inmenso caos. Ya no podemos hablar de un Estado de Derecho. Las que ahora se imponen son las vías de hecho. Predomina lo fáctico sobre lo normativo. La separación de funciones, la independencia y el equilibrio entre las ramas y órganos del poder público han desaparecido.

Dirán mis amables lectores que estas expresiones son apocalípticas y exageradas. Pero la realidad nos está mostrando que no es así. Basta ver cómo una juez de circuito, ni siquiera mediante sentencia sino por auto, ha ordenado que se promulgue y ponga en vigor un proyecto de acto legislativo que no fue aprobado en el Congreso. Ella, por sí y ante sí, con notorio exceso en el ejercicio de sus funciones judiciales, ha establecido una nueva figura no prevista en la Constitución: la reforma constitucional mediante auto y por vía de tutela.

Lo que ha ocurrido en este caso es muy grave. Se ha desencajado por completo el orden jurídico, y una funcionaria judicial –ni siquiera un tribunal o una alta corporación (el mismo día el Tribunal Administrativo de Cundinamarca decidió en sentido contrario sobre el mismo caso)- ha pasado por encima de sus atribuciones; sin haber oído siquiera al Presidente del Congreso, y sin haber efectuado el estudio de fondo sobre la demanda de tutela incoada; sin valorar prueba alguna; sin el más mínimo examen acerca de posibles violaciones de derechos fundamentales, y desconociendo las reglas previstas en los artículos 86 y 375 de la Constitución, en una evidente vía de hecho, se ha atrevido a imponer a los colombianos, sin jurisdicción ni competencia para ello, nada menos que una  reforma constitucional.

La Carta Política colombiana ha pasado, de ser una constitución rígida que instaura y garantiza el sistema de frenos y contrapesos propio de la democracia, a convertirse en un juguete en manos de cualquier funcionario menor.

Ha debido ser al contrario: la obligación de los jueces consiste ante todo en preservar y hacer cumplir la Constitución; no en reformarla. El artículo 4 de la Constitución señala que ella es norma de normas (principio de supremacía o supralegalidad de la Constitución) y agrega que “en todo caso de incompatibilidad entre la Constitución y la ley u otra norma jurídica (por ejemplo el artículo 7 del Decreto 2591 de 1991, que autoriza, con carácter excepcional, las medidas cautelares en materia de tutela) , se aplicarán las disposiciones constitucionales”, en este caso las que reservan para el Congreso la competencia para reformar el Estatuto Fundamental.

Lo anticipamos este lunes en columna radial, antes del despropósito, y así ha ocurrido:

“Colombia es un Estado democrático de Derecho. Consagra la separación de funciones y la independencia del Congreso. Es él -el Congreso- quien tiene a cargo la función denominada “poder de reforma”, es decir, la competencia para modificar la Constitución. Esa competencia no la tienen el Presidente de la República, ni los jueces.(…)

Pero como la Constitución no importa y lo que vale es la presión política, seguramente promulgarán el Acto Legislativo a la brava, o con alguna vía de hecho judicial. Nos limitamos a dejar la constancia, para que juzgue la Historia. Aunque lo más grave es el precedente: que se pueda modificar la Constitución de cualquier manera”.

Este no es un Estado de Derecho. Es un Estado de caos.

 

 

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LOS AFANES DE SANTOS SON UN DESASTRE

mauricio-vargas

 
 
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
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09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
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09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
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09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
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"LA PISTOLERA" CLAUDIA LOPEZ

Gustavo Rugeles                                        

¿Hasta cuando gozará de la impunidad para atacar a diestra y siniestra a quien no le haga el juego o no tenga sus mismas ideas o manera de leer el país?

Sergio Fajardo fue otra víctima de los disparos en Twitter de la furibunda senadora que no tolera perder el protagonismo y dejó herida la 'Coalición Colombia'.

La senadora Claudia López fiel a su estilo de pistolera del lejano oeste fulminó a Sergio Fajardo apenas se enteró que el exgobernador había presentado casi 800 mil firmas ante la Registraduría para habilitar su candidatura a la Presidencia como era su derecho.

Desde su cuenta de Twitter, donde insulta y sindica a sus detractores ante quienes se ha tenido que rectificar y retractar cuatro veces en los últimos cuatro meses, Claudia López le dijo bye bye a Fajardo, un hombre cuestionado pero decente, educado, y que no comulga con la patanería; la impronta política de Claudia Nayibe.

Fajardo recibió la noticia en medio de una entrevista en La W Radio cuando el periodista Lucas Pombo le informó sobre los trinos en los que López dio a entender que la alianza estaba rota. Fajardo sorprendido sólo atinó a decir que no entendía las declaraciones “bizarras” de Claudia y anotó: “la política no se puede hacer con insultos y mentiras”. Una verdad más que le dicen en la cara a la senadora.

Claudia intentó suavizar sus declaraciones con un posterior trino pero la herida ya quedó abierta. Aunque Fajardo sabe que afrontar la contienda electoral sin una alianza es suicida, no es ingenuo debe tener calculado que no es mucho lo que le puede aportar la senadoracuyo nivel de confrontación con la ciudadanía es un riesgo que él no quiere arrastrar.

Fajardo es un “social vacan” que quiere quedar bien con todo el mundo; con Uribe y con Santos, y que busca sumar en vez de ganarse enemigos y comprar peleas que él no ha casado.

Algo similar le ocurrió al destacado senador Jorge Robledo cuando le permitió a Claudia López participar en sus debates en el congreso contra el fiscal Néstor Humberto Martínez por sus conflictos de interés en la investigación de Odebrecht. Robledo le había ganado todos los pulsos al Fiscal hasta que Claudia entró en escena.

El último debate en el que se cuestionó al Fiscal General por su posible relación con Odebrecht y el Cartel de la Toga se prestó para convertir el Congreso de la República en una gallera de pueblo. Los insultos de Claudia López marcaron el tono y la atención de un debate que hasta ese día fue serio quedó marcado por el nivel de pugnacidad de la senadora. Finalmente, Claudia López pez tuvo rectificar sus injurias contra Martínez y terminó desdibujando un debate que hasta entonces había liderado con éxito el senador Robledojunto al analista José Roberto Acosta.

La indisposición que generó Claudia López en el seno de la ´Coalición por Colombia' fue el broche de oro para cerrar un mes negro para la senadora.

Su más reciente derrota en la semana fue contra el senador Iván Duque a quien intentó cuestionar por su defensa de la industria de las bebidas azucaradas. A Duque, el más moderado de los pupilos de Uribe, se le colmó la paciencia y también le dijo unas cuantas verdades en su cara: “Ataca por las bebidas azucaradas pero le recibe plata a RCN; ataca la minería y recibe plata de Argos; ataca a los bancos y recibe plata de Bancolombia; ataca las EPS y recibe plata de Sura”.

La lista de agresiones infundadas de Claudia López es larga y no alcanzaría para incluirse en una sola columna, pero ¿hasta cuando gozará de la impunidad para atacar a diestra y siniestra a quien no le haga el juego o no tenga sus mismas ideas o manera de leer el país? Claudia López es el peor

o ejemplo de la política en Colombia y en hora buena Sergio Fajardo se dio cuenta sufriéndolo en carne propia.

 

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NO ES LA ARITMETICA SINO EL CONEJAZO

Juan Lozano                                        

Bochornoso debate sobre medios votos y votos a medias.

Para resucitarlas por la puerta de atrás, dicen que lo de las 16 curules es un problema de simple aritmética. Pero no. Es un complejo fenómeno político y multicausal el que condujo al bochornoso espectáculo que estamos presenciando tras la última plenaria del Congreso en la que nadie quedó bien parado.

No es la aritmética la que permitió que votaran 2 senadores cuando ya el término de ley había expirado.
No es la aritmética la que permitió que los votos 49 y 50 se depositaran de manera irreglamentaria, fuera de tiempo.
No es la aritmética la que hace nulos los votos 49 y 50.
No es la aritmética la que confió en que los ministros podrían embadurnar de ‘mermelada’ a los congresistas mañosos para que votaran a favor de la conciliación. 
No es la aritmética la que generó que ya ni los congresistas les crean a los ministros de la ‘mermelada’.
No es la aritmética la que consagró la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que impidió que la tropa de ministros y asesores del Gobierno llegaran a la sesión con claridad sobre la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que señala que las normas sobre silla vacía pueden cambiar el ‘quorum’ para sesionar y decidir, pero no cambian las mayorías y el número de votos exigidos en normas de superior jerarquía para que un determinado proyecto pueda ser aprobado. 
No es la aritmética la que toleró que se abriera una votación ilegal e inconstitucional de una conciliación que ya había sido negada. 
No es la aritmética la que erosionó las mayorías de la Unidad Nacional en el Congreso.
No es la aritmética la que empuja senadores fuera del recinto.
No es la aritmética la responsable de la pérdida de confianza.
No es la aritmética la que hizo que se esfumara el poder persuasivo de los desayunos en Palacio.
No. No es la aritmética. Es que después de casi ocho años de mayorías parlamentarias compradas para que muchos padres y madres de la patria mordieran recursos sagrados de todos los colombianos, los negociadores de los acuerdos de paz del teatro Colón, después de la derrota en el plebiscito, creyeron equivocadamente que todo lo que dispusieran entre los desprestigiados agentes del Gobierno y la guerrilla, sería pupitreado por el Congreso.
No es la aritmética. Al fin de cuentas, muchos integrantes de tales mayorías ya habían vendido sus votos para clavarles sucesivamente, y sin misericordia, a los colombianos unas reformas tributarias que hoy tienen casi paralizada nuestra economía colombiana y los mismos ya habían anunciado su disposición de usurpar del pueblo su carácter de constituyente primario, haciéndole juego al Gobierno para sustraerse de su compromiso de dejar en cabeza de la ciudadanía la última palabra sobre los acuerdos de paz.
Y no será, tampoco, la aritmética la que finalmente tenga en cuenta el presidente del Congreso a la hora de decidir si viola la Constitución y envía a Palacio como aprobado lo que fue negado o si, obediente, en vísperas de elecciones, le hace caso al ministro Rivera aun a riesgo de su propia integridad jurídica.
Lo triste es que la idea inspiradora de esta reforma no parece descabellada. Que en regiones donde el Estado ha brillado por su ausencia, las víctimas del conflicto puedan tener una representación especial es un propósito noble. Por eso habría que retomarlo con serenidad en la próxima legislatura, y con el trámite ordinario corregir el engendro que estaban montando que dejaba en manos de grupos criminales la presión en esas circunscripciones y diseñarlo bien, así la elección se efectúe en fechas distintas que las del resto del Congreso.
Si así se procede, no será, tampoco, la aritmética la que defina el mejor camino. Que no nos vengan con cuentos sobre las cuentas ni con historietas fantásticas sobre medios votos y votos a medias.

Juan Lozano                                        

Bochornoso debate sobre medios votos y votos a medias.

Para resucitarlas por la puerta de atrás, dicen que lo de las 16 curules es un problema de simple aritmética. Pero no. Es un complejo fenómeno político y multicausal el que condujo al bochornoso espectáculo que estamos presenciando tras la última plenaria del Congreso en la que nadie quedó bien parado.

No es la aritmética la que permitió que votaran 2 senadores cuando ya el término de ley había expirado.
No es la aritmética la que permitió que los votos 49 y 50 se depositaran de manera irreglamentaria, fuera de tiempo.
No es la aritmética la que hace nulos los votos 49 y 50.
No es la aritmética la que confió en que los ministros podrían embadurnar de ‘mermelada’ a los congresistas mañosos para que votaran a favor de la conciliación. 
No es la aritmética la que generó que ya ni los congresistas les crean a los ministros de la ‘mermelada’.
No es la aritmética la que consagró la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que impidió que la tropa de ministros y asesores del Gobierno llegaran a la sesión con claridad sobre la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que señala que las normas sobre silla vacía pueden cambiar el ‘quorum’ para sesionar y decidir, pero no cambian las mayorías y el número de votos exigidos en normas de superior jerarquía para que un determinado proyecto pueda ser aprobado. 
No es la aritmética la que toleró que se abriera una votación ilegal e inconstitucional de una conciliación que ya había sido negada. 
No es la aritmética la que erosionó las mayorías de la Unidad Nacional en el Congreso.
No es la aritmética la que empuja senadores fuera del recinto.
No es la aritmética la responsable de la pérdida de confianza.
No es la aritmética la que hizo que se esfumara el poder persuasivo de los desayunos en Palacio.
No. No es la aritmética. Es que después de casi ocho años de mayorías parlamentarias compradas para que muchos padres y madres de la patria mordieran recursos sagrados de todos los colombianos, los negociadores de los acuerdos de paz del teatro Colón, después de la derrota en el plebiscito, creyeron equivocadamente que todo lo que dispusieran entre los desprestigiados agentes del Gobierno y la guerrilla, sería pupitreado por el Congreso.
No es la aritmética. Al fin de cuentas, muchos integrantes de tales mayorías ya habían vendido sus votos para clavarles sucesivamente, y sin misericordia, a los colombianos unas reformas tributarias que hoy tienen casi paralizada nuestra economía colombiana y los mismos ya habían anunciado su disposición de usurpar del pueblo su carácter de constituyente primario, haciéndole juego al Gobierno para sustraerse de su compromiso de dejar en cabeza de la ciudadanía la última palabra sobre los acuerdos de paz.
Y no será, tampoco, la aritmética la que finalmente tenga en cuenta el presidente del Congreso a la hora de decidir si viola la Constitución y envía a Palacio como aprobado lo que fue negado o si, obediente, en vísperas de elecciones, le hace caso al ministro Rivera aun a riesgo de su propia integridad jurídica.
Lo triste es que la idea inspiradora de esta reforma no parece descabellada. Que en regiones donde el Estado ha brillado por su ausencia, las víctimas del conflicto puedan tener una representación especial es un propósito noble. Por eso habría que retomarlo con serenidad en la próxima legislatura, y con el trámite ordinario corregir el engendro que estaban montando que dejaba en manos de grupos criminales la presión en esas circunscripciones y diseñarlo bien, así la elección se efectúe en fechas distintas que las del resto del Congreso.
Si así se procede, no será, tampoco, la aritmética la que defina el mejor camino. Que no nos vengan con cuentos sobre las cuentas ni con historietas fantásticas sobre medios votos y votos a medias.

Juan Lozano                                        

Bochornoso debate sobre medios votos y votos a medias.

Para resucitarlas por la puerta de atrás, dicen que lo de las 16 curules es un problema de simple aritmética. Pero no. Es un complejo fenómeno político y multicausal el que condujo al bochornoso espectáculo que estamos presenciando tras la última plenaria del Congreso en la que nadie quedó bien parado.

No es la aritmética la que permitió que votaran 2 senadores cuando ya el término de ley había expirado.
No es la aritmética la que permitió que los votos 49 y 50 se depositaran de manera irreglamentaria, fuera de tiempo.
No es la aritmética la que hace nulos los votos 49 y 50.
No es la aritmética la que confió en que los ministros podrían embadurnar de ‘mermelada’ a los congresistas mañosos para que votaran a favor de la conciliación. 
No es la aritmética la que generó que ya ni los congresistas les crean a los ministros de la ‘mermelada’.
No es la aritmética la que consagró la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que impidió que la tropa de ministros y asesores del Gobierno llegaran a la sesión con claridad sobre la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que señala que las normas sobre silla vacía pueden cambiar el ‘quorum’ para sesionar y decidir, pero no cambian las mayorías y el número de votos exigidos en normas de superior jerarquía para que un determinado proyecto pueda ser aprobado. 
No es la aritmética la que toleró que se abriera una votación ilegal e inconstitucional de una conciliación que ya había sido negada. 
No es la aritmética la que erosionó las mayorías de la Unidad Nacional en el Congreso.
No es la aritmética la que empuja senadores fuera del recinto.
No es la aritmética la responsable de la pérdida de confianza.
No es la aritmética la que hizo que se esfumara el poder persuasivo de los desayunos en Palacio.
No. No es la aritmética. Es que después de casi ocho años de mayorías parlamentarias compradas para que muchos padres y madres de la patria mordieran recursos sagrados de todos los colombianos, los negociadores de los acuerdos de paz del teatro Colón, después de la derrota en el plebiscito, creyeron equivocadamente que todo lo que dispusieran entre los desprestigiados agentes del Gobierno y la guerrilla, sería pupitreado por el Congreso.
No es la aritmética. Al fin de cuentas, muchos integrantes de tales mayorías ya habían vendido sus votos para clavarles sucesivamente, y sin misericordia, a los colombianos unas reformas tributarias que hoy tienen casi paralizada nuestra economía colombiana y los mismos ya habían anunciado su disposición de usurpar del pueblo su carácter de constituyente primario, haciéndole juego al Gobierno para sustraerse de su compromiso de dejar en cabeza de la ciudadanía la última palabra sobre los acuerdos de paz.
Y no será, tampoco, la aritmética la que finalmente tenga en cuenta el presidente del Congreso a la hora de decidir si viola la Constitución y envía a Palacio como aprobado lo que fue negado o si, obediente, en vísperas de elecciones, le hace caso al ministro Rivera aun a riesgo de su propia integridad jurídica.
Lo triste es que la idea inspiradora de esta reforma no parece descabellada. Que en regiones donde el Estado ha brillado por su ausencia, las víctimas del conflicto puedan tener una representación especial es un propósito noble. Por eso habría que retomarlo con serenidad en la próxima legislatura, y con el trámite ordinario corregir el engendro que estaban montando que dejaba en manos de grupos criminales la presión en esas circunscripciones y diseñarlo bien, así la elección se efectúe en fechas distintas que las del resto del Congreso.
Si así se procede, no será, tampoco, la aritmética la que defina el mejor camino. Que no nos vengan con cuentos sobre las cuentas ni con historietas fantásticas sobre medios votos y votos a medias.

Juan Lozano                                        

Bochornoso debate sobre medios votos y votos a medias.

Para resucitarlas por la puerta de atrás, dicen que lo de las 16 curules es un problema de simple aritmética. Pero no. Es un complejo fenómeno político y multicausal el que condujo al bochornoso espectáculo que estamos presenciando tras la última plenaria del Congreso en la que nadie quedó bien parado.

No es la aritmética la que permitió que votaran 2 senadores cuando ya el término de ley había expirado.
No es la aritmética la que permitió que los votos 49 y 50 se depositaran de manera irreglamentaria, fuera de tiempo.
No es la aritmética la que hace nulos los votos 49 y 50.
No es la aritmética la que confió en que los ministros podrían embadurnar de ‘mermelada’ a los congresistas mañosos para que votaran a favor de la conciliación. 
No es la aritmética la que generó que ya ni los congresistas les crean a los ministros de la ‘mermelada’.
No es la aritmética la que consagró la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que impidió que la tropa de ministros y asesores del Gobierno llegaran a la sesión con claridad sobre la diferencia entre ‘quorum’ y mayorías.
No es la aritmética la que señala que las normas sobre silla vacía pueden cambiar el ‘quorum’ para sesionar y decidir, pero no cambian las mayorías y el número de votos exigidos en normas de superior jerarquía para que un determinado proyecto pueda ser aprobado. 
No es la aritmética la que toleró que se abriera una votación ilegal e inconstitucional de una conciliación que ya había sido negada. 
No es la aritmética la que erosionó las mayorías de la Unidad Nacional en el Congreso.
No es la aritmética la que empuja senadores fuera del recinto.
No es la aritmética la responsable de la pérdida de confianza.
No es la aritmética la que hizo que se esfumara el poder persuasivo de los desayunos en Palacio.
No. No es la aritmética. Es que después de casi ocho años de mayorías parlamentarias compradas para que muchos padres y madres de la patria mordieran recursos sagrados de todos los colombianos, los negociadores de los acuerdos de paz del teatro Colón, después de la derrota en el plebiscito, creyeron equivocadamente que todo lo que dispusieran entre los desprestigiados agentes del Gobierno y la guerrilla, sería pupitreado por el Congreso.
No es la aritmética. Al fin de cuentas, muchos integrantes de tales mayorías ya habían vendido sus votos para clavarles sucesivamente, y sin misericordia, a los colombianos unas reformas tributarias que hoy tienen casi paralizada nuestra economía colombiana y los mismos ya habían anunciado su disposición de usurpar del pueblo su carácter de constituyente primario, haciéndole juego al Gobierno para sustraerse de su compromiso de dejar en cabeza de la ciudadanía la última palabra sobre los acuerdos de paz.
Y no será, tampoco, la aritmética la que finalmente tenga en cuenta el presidente del Congreso a la hora de decidir si viola la Constitución y envía a Palacio como aprobado lo que fue negado o si, obediente, en vísperas de elecciones, le hace caso al ministro Rivera aun a riesgo de su propia integridad jurídica.
Lo triste es que la idea inspiradora de esta reforma no parece descabellada. Que en regiones donde el Estado ha brillado por su ausencia, las víctimas del conflicto puedan tener una representación especial es un propósito noble. Por eso habría que retomarlo con serenidad en la próxima legislatura, y con el trámite ordinario corregir el engendro que estaban montando que dejaba en manos de grupos criminales la presión en esas circunscripciones y diseñarlo bien, así la elección se efectúe en fechas distintas que las del resto del Congreso.
Si así se procede, no será, tampoco, la aritmética la que defina el mejor camino. Que no nos vengan con cuentos sobre las cuentas ni con historietas fantásticas sobre medios votos y votos a medias.

 

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QUE CHUPEN POR NO PAGAR CARLCEL POR CRIMENES

mauricio-vargasPor: Mauricio Vargas 03 de diciembre 2017 , 01:43 a.m.

Los voceros del partido Farc, exjefes de la guerrilla en buena hora desarmada –aunque queden unos dos mil disidentes dedicados a matar y narcotraficar–, se quejan a diario por los incumplimientos del Gobierno.

Primero fueron los campamentos para los desmovilizados, donde fallaron los suministros porque –nada de qué sorprenderse– el Ejecutivo entregó decenas de miles de millones de pesos en contratos a firmas carentes de los requisitos del caso. Pero como el asunto solo afectaba a la tropa rasa, las protestas no duraron. Lo más delicado vino por la incapacidad del Gobierno de cumplir al pie de la letra los compromisos del acuerdo de La Habana, en campos como la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y el régimen electoral. Para los comandantes, que la tropa pase hambre es mucho menos grave que poner en riesgo los beneficios jurídico-políticos que ‘Timochenko’ y sus socios ganaron en la mesa. Por eso las protestas en ese campo se han hecho sentir con fuerza. “El Gobierno ha asumido una actitud infame de distracción e incumplimiento (...) porque ya dejamos las armas”, dijo hace algunas semanas ‘Jesús Santrich’. ¿Qué pasó? La Corte Constitucional determinó que el Congreso podía meterles mano a los proyectos de ley del Gobierno que desarrollan los acuerdos, y como muchos congresistas se lo tomaron en serio, ha habido modificaciones importantes. Entre los goles atajados por los parlamentarios está el que dejaba la puerta abierta a los disidentes para entrar a la JEP cuando quisieran, lo que estimulaba que siguieran delinquiendo y llenando sus bolsillos. El Congreso fijó límites: solo habrá beneficios jurídicos para los delitos cometidos antes de la firma de los acuerdos. También definieron las cámaras que no habrá beneficios para los autores de delitos sexuales contra menores, una práctica reiterada entre los paramilitares, pero también entre algunos jefes de las Farc, como lo estableció el Centro de Memoria Histórica al revelar el asqueroso comportamiento del canciller de esa guerrilla, ‘Raúl Reyes’, muerto en Ecuador hace una década. Las quejas de esta semana han tenido que ver con el hundimiento de la ley que establece 16 circunscripciones especiales para llegar al Congreso, y que aunque fueron anunciadas como curules para las víctimas, en realidad pueden servir a gente cercana a la Farc al estar ubicadas en zonas de histórica presencia armada de ese grupo. El asunto quedó atrapado en un lío de leguleyos: por tratarse de una ley especial, requería el voto de la mitad más uno de los miembros de cada cámara, y en el Senado –de 102 miembros– solo consiguió 50. El presidente Juan Manuel Santos se sacó el jueves un conejo de la chistera y aseguró que el proyecto sí fue aprobado, porque como dos de sus principales aliados, los senadores Musa Besaile y el ‘Ñoño’ Elías, ya no están en el Congreso, sino en la cárcel, y hay otro más fuera, el Senado ya no tiene 102 integrantes sino 99, y 50 votos sí marcan la mayoría absoluta. En fin, todo un enredo: habrá que ver si la tinterillada pasa el examen de la Corte Constitucional. Por causa de todos estos líos, el abogado español Enrique Santiago, asesor de la Farc, quien también suele hacer magia con sus interpretaciones jurídicas, sentenció hace poco: “El presidente Santos no está en condiciones de garantizar el cumplimiento de los acuerdos”. Puede que tenga razón: Santos perdió sus otrora amplias mayorías en el Capitolio y, como en el país subsiste la separación de poderes, no puede manejar a las altas cortes a su antojo. ¿Qué puede hacer la Farc? Pues aguantarse los incumplimientos, porque, al fin y al cabo, que sus comandantes no paguen cárcel por algunos de los peores crímenes de la historia del país es premio más que suficiente. MAURICIO VARGAS Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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