Domingo 17 de Junio de 2018
Verdades Confirmadas

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EXTREMA IZQUIERDA DE PETRO DIFICIL PARA 2.022

VARGAS MAURICIO

 
 
 

En contra de los pronósticos que auguraban una polarización cargada de ataques personales y bajezas entre Gustavo Petro e Iván Duque, durante las dos primeras semanas de campaña entre primera y segunda vuelta presidenciales han primado la sensatez y –salvo excepciones– el lenguaje comedido. Tiene sentido: ambos candidatos intentan conquistar los votos del centro del espectro político, sin los cuales es imposible ganar la presidencia, y eso los ha obligado a cierta contención verbal que ha resultado sana.

 

Duque lleva meses haciéndolo, lo que condujo a los sectores más derechistas del uribismo a calificarlo de blando. Esa búsqueda del centro le permitió ganar millones de votos no uribistas, sin los cuales no estaría a las puertas de ganar la presidencia por un margen que, según registran las encuestas, va de seis a veinte puntos porcentuales. Petro moderó su lenguaje hace poco y su giro fue tan abrupto que, cuando se echó para atrás de la Constituyente que tanto había prometido y dejó de lado las veladas amenazas de expropiación de empresas privadas, no resultó muy convincente.

Falta una semana y en la recta final, muchas cosas pueden pasar –incluso que estalle la polarización y surjan los ataques feroces–, pero mientras escribo esta columna al terminar la semana, todo parece jugado. Duque ya se comporta como presidente electo de 2018, y, de cierta manera, Petro lo hace como si se sintiera elegido para 2022.

Invamer muestra que a Petro le va mejor en la clase media-alta que en los estratos populares

 

La siguiente elección presidencial está muy lejos, pero aun si resulta derrotado este domingo, Petro cuenta con enormes ventajas con miras al año 22. La primera es que, por mal que le vaya, este domingo votarán por él entre seis y siete millones de colombianos, quizás más. Y ese es un banderazo muy sólido para arrancar la próxima carrera. Lo segundo es que, por la reforma electoral aprobada hace poco, quien ocupa el segundo lugar en las presidenciales tiene derecho a una curul en el Senado en el período legislativo que comienza el 20 de julio. 

Será una excelente vitrina para el exalcalde de la capital. Petro ya fue representante a la Cámara y senador. Como parlamentario, se destacó por su hábil oratoria, y por apuntarse a debates atractivos y populares contra la corrupción y los ‘parapolíticos’. Desde ya, hay que dar por hecho que se convertirá en indiscutido jefe de la oposición a Duque y que, de ese modo, copará la atención de los medios y de la opinión, tanto o más que en estos años Álvaro Uribe, quien ahora liderará la bancada gobiernista, algo menos glamuroso que ser opositor. 

En estos cuatro años, Petro tendrá tiempo de vestirse más como un candidato anticorrupción y como un enemigo de la clase política tradicional que como líder de izquierda. De ese modo podría recoger un buen porcentaje de los 4,5 millones de votos que obtuvo Sergio Fajardo en la primera vuelta. Y quién sabe, de pronto dentro de cuatro años Nicolás Maduro ya no es el dictador de Venezuela y eso le ayuda a Petro a quitarse de encima ese fantasma. 

Ojo: muchos de los votos de Petro parecen de centro y no de izquierda. Al revisar la encuesta de Invamer de este jueves, a Petro le va mejor en los estratos 4, 5 y 6 (clase media-alta y alta), en especial entre los jóvenes. En esos estratos, Duque apenas le gana 47,8 % a 43,9 %, mientras que en el estrato 3 (clase media), Petro pierde 55,3 % contra 39,8 %, y en el 1 y 2 (clases populares), por un poco más (59,3 % contra 35,4 %). Estas cifras indican que Petro no es el candidato de los pobres, sino que su mayor apoyo está en la capa media-alta, sobre todo entre los jóvenes. Se trata de votantes que no son de izquierda, pero que sí están hasta la coronilla de la corrupción de los de siempre. Si esos votantes aumentan, Petro está hecho para el 2022.

MAURICIO VARGAS
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LA INEFICACIA Y LAS FALSAS PROMESAS DE PETRO

RUEDA MARIA I

 
09 de junio 2018 , 11:06 p.m.
 

Anuncio que en segunda vuelta votaré por Iván Duque. Es un voto diferente al de primera vuelta, en la que uno vota por el que más le gusta y por quien juzga como el más apto; mientras que en la segunda la decisión surge de una confrontación comparativa.

 

Con ello no quiero decir que solamente voy a votar por Iván Duque para que no gane Petro. No. Voto por Duque por sus atributos como símbolo de su generación, y porque es la mejor oferta que hoy ella puede hacerle al país. Es una figura fresca, incontaminada, versátil en el mundo contemporáneo, con una visión de porvenir exenta de los lastres del pretérito nacional en el cual prácticamente no fue protagonista. Admiro su vocación al equilibrio y la temperanza. Me gusta su lealtad a las instituciones, que lo convierte en la síntesis feliz de lo que somos o de lo que aspiramos a ser como comunidad.

Ahora: si necesariamente tenemos que contrastarlo con su rival, como figura pública en el marco del inmediato futuro nacional que ambos auspician, Duque es el antídoto contra el desorden como forma de vida propia de todos los populismos, cuyos malsanos efectos ya experimentó Bogotá a fondo. Una de cuyas consecuencias es, ni más ni menos, que tenga ganadas las elecciones en una ciudad que vivió en carne propia su ineptitud administrativa. El populismo se alimenta mejor con las palabras de las falsas promesas que con la eficacia. Bogotá cayó en sus garras.

El 27 de mayo se inició el siglo XXI de la política colombiana. El hundimiento de las estructuras envejecidas y agotadas y el decaimiento de figuras heredadas del siglo anterior, sugieren la creación de un ambiente social con gente nueva y de ahí es de donde surge con mayor fuerza la necesidad de un líder como Iván Duque.

Dicho lo anterior, un grupo de simpatizantes de Petro ha tratado de presentar a Duque como el coco que se va a tirar la paz. A mí las propuestas de Duque para ajustar el proceso no solo no me asustan, sino que me gustan. Propone enderezar lo que quedó pésimamente negociado. Uno, separar hacia el futuro, sin efectos retroactivos, el narcotráfico como delito conexo del político. Si Colombia continúa dejándose sembrar coca impunemente bajo el único requisito de alzarse en armas contra el Estado, dará paso a un narco-Estado en el que casi nos convertimos en la peor época de Pablo Escobar. 

La segunda enmienda de Duque sería resolver la incompatibilidad de que un hombre condenado por un delito de lesa humanidad y por consiguiente merecedor de una sanción de varios años por parte de la JEP, con restricción efectiva de su libertad, pueda continuar acudiendo al Congreso como si nada. Eso no es original de Iván Duque. Lo dijo la Corte Constitucional, en su sentencia C- 674 de 2017: “Corresponderá a la JEP determinar la compatibilidad con la participación política de las sanciones que ella imponga. (…) Una adecuada reparación a las víctimas dependerá de una implementación efectiva de las restricciones de libertades (…) y de si la compatibilidad con actividades políticas no frustra el fin de la sanción”. 

A De la Calle, mientras pasa la totuma, le parece que esto es una traición a los acuerdos. Incluso nos amenazó desde una columna en este mismo diario con que si tratan de enderezar las conversaciones con el Eln nos exponemos a que su violencia repique en las ciudades (por si acaso, doctor Humberto, a los ‘elenos’ no se les había ocurrido semejante barbaridad). Me gusta Iván Duque porque no es hombre al que acorralen este tipo de chantajes.

Tampoco me asusta el ascendiente de Uribe sobre Duque. No soy fanática del expresidente. Y es obvio que la figura de Uribe no va a desaparecer de la vida de Duque como presidente, pero es más factible que su influencia sea más la de un consejero que la de un cogobernante. Y eso se manifestó con mucha claridad durante la campaña y especialmente en los debates, en los que Duque pareció muy capaz de abordar los temas con la ecuanimidad que no constituye propiamente una de las virtudes del expresidente. 

De manera que yo por Iván Duque voto sin miedo, a diferencia del otro candidato, por el que habrá miles que estarán votando con miedo. 

Entre tanto… ¿Cómo le pagará Iván Márquez su deuda a Jesús Santrich, luego de que su sobrino, Marlon Marín Marín, fue pieza clave para el negocio de coca que hoy lo tiene a las puertas de la extradición?

MARÍA ISABEL RUEDA

 
09 de junio 2018 , 11:06 p.m.
 

Anuncio que en segunda vuelta votaré por Iván Duque. Es un voto diferente al de primera vuelta, en la que uno vota por el que más le gusta y por quien juzga como el más apto; mientras que en la segunda la decisión surge de una confrontación comparativa.

 

Con ello no quiero decir que solamente voy a votar por Iván Duque para que no gane Petro. No. Voto por Duque por sus atributos como símbolo de su generación, y porque es la mejor oferta que hoy ella puede hacerle al país. Es una figura fresca, incontaminada, versátil en el mundo contemporáneo, con una visión de porvenir exenta de los lastres del pretérito nacional en el cual prácticamente no fue protagonista. Admiro su vocación al equilibrio y la temperanza. Me gusta su lealtad a las instituciones, que lo convierte en la síntesis feliz de lo que somos o de lo que aspiramos a ser como comunidad.

Ahora: si necesariamente tenemos que contrastarlo con su rival, como figura pública en el marco del inmediato futuro nacional que ambos auspician, Duque es el antídoto contra el desorden como forma de vida propia de todos los populismos, cuyos malsanos efectos ya experimentó Bogotá a fondo. Una de cuyas consecuencias es, ni más ni menos, que tenga ganadas las elecciones en una ciudad que vivió en carne propia su ineptitud administrativa. El populismo se alimenta mejor con las palabras de las falsas promesas que con la eficacia. Bogotá cayó en sus garras.

El 27 de mayo se inició el siglo XXI de la política colombiana. El hundimiento de las estructuras envejecidas y agotadas y el decaimiento de figuras heredadas del siglo anterior, sugieren la creación de un ambiente social con gente nueva y de ahí es de donde surge con mayor fuerza la necesidad de un líder como Iván Duque.

Dicho lo anterior, un grupo de simpatizantes de Petro ha tratado de presentar a Duque como el coco que se va a tirar la paz. A mí las propuestas de Duque para ajustar el proceso no solo no me asustan, sino que me gustan. Propone enderezar lo que quedó pésimamente negociado. Uno, separar hacia el futuro, sin efectos retroactivos, el narcotráfico como delito conexo del político. Si Colombia continúa dejándose sembrar coca impunemente bajo el único requisito de alzarse en armas contra el Estado, dará paso a un narco-Estado en el que casi nos convertimos en la peor época de Pablo Escobar. 

La segunda enmienda de Duque sería resolver la incompatibilidad de que un hombre condenado por un delito de lesa humanidad y por consiguiente merecedor de una sanción de varios años por parte de la JEP, con restricción efectiva de su libertad, pueda continuar acudiendo al Congreso como si nada. Eso no es original de Iván Duque. Lo dijo la Corte Constitucional, en su sentencia C- 674 de 2017: “Corresponderá a la JEP determinar la compatibilidad con la participación política de las sanciones que ella imponga. (…) Una adecuada reparación a las víctimas dependerá de una implementación efectiva de las restricciones de libertades (…) y de si la compatibilidad con actividades políticas no frustra el fin de la sanción”. 

A De la Calle, mientras pasa la totuma, le parece que esto es una traición a los acuerdos. Incluso nos amenazó desde una columna en este mismo diario con que si tratan de enderezar las conversaciones con el Eln nos exponemos a que su violencia repique en las ciudades (por si acaso, doctor Humberto, a los ‘elenos’ no se les había ocurrido semejante barbaridad). Me gusta Iván Duque porque no es hombre al que acorralen este tipo de chantajes.

Tampoco me asusta el ascendiente de Uribe sobre Duque. No soy fanática del expresidente. Y es obvio que la figura de Uribe no va a desaparecer de la vida de Duque como presidente, pero es más factible que su influencia sea más la de un consejero que la de un cogobernante. Y eso se manifestó con mucha claridad durante la campaña y especialmente en los debates, en los que Duque pareció muy capaz de abordar los temas con la ecuanimidad que no constituye propiamente una de las virtudes del expresidente. 

De manera que yo por Iván Duque voto sin miedo, a diferencia del otro candidato, por el que habrá miles que estarán votando con miedo. 

Entre tanto… ¿Cómo le pagará Iván Márquez su deuda a Jesús Santrich, luego de que su sobrino, Marlon Marín Marín, fue pieza clave para el negocio de coca que hoy lo tiene a las puertas de la extradición?

MARÍA ISABEL RUEDA

 

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LA JEP DEDICADA A PROTEGER A LOS COMANDANTES DE LAS FARC

 
mauricio-vargas.
 

El portal de internet lasillavacia.com, al que nadie puede tachar de enemigo de los acuerdos de La Habana, lo dijo este viernes con meridiana claridad: con la decisión de suspender el proceso de extradición del excomandante de las Farc ‘Jesús Santrich’, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) “se hace el harakiri” y debilita de manera grave su ya cuestionada credibilidad. Santrich, designado como representante a la Cámara por el partido Farc, es acusado —con contundentes pruebas— de un grave delito de narcotráfico cometido con posterioridad a la firma de los acuerdos, lo que, según esos mismos acuerdos, lo lleva a perder todos sus beneficios y a ser procesado por la justicia ordinaria. Y eso incluye la posibilidad de ser extraditado.

 

En la decisión hay un cúmulo de absurdos. Primero, porque la JEP suspende un proceso que no se ha iniciado, lo que, además de atentar contra el derecho, insulta la inteligencia. En efecto, como lo señaló el fiscal Néstor H. Martínez, el trámite de una extradición solo arranca cuando el país que pide al reo presenta la solicitud formal de extradición, y eso no ha ocurrido. Solo entonces se activa la competencia de la JEP, como lo especifica el artículo 19 transitorio, incorporado en la Constitución en desarrollo de los pactos de La Habana, y que los magistrados de la JEP se pasan por la faja.

No es un tema menor: la JEP dice que no está claro si los hechos en que Santrich se involucró con el sanguinario cartel de Sinaloa ocurrieron con posterioridad a la firma de los acuerdos. Eso a pesar de que el propio excomandante no niega que esos contactos fuesen en noviembre de 2017, casi un año después de la firma de los acuerdos, y se limita a alegar que no eran para narcotraficar sino para desarrollar “proyectos productivos” en áreas rurales.

“Lo que hoy está planteando la JEP no está ni en el acto legislativo que creó la Jurisdicción Especial ni en el proyecto de procedimiento que está en curso en el Congreso”, sostuvo el senador de ‘la U’ Hernán Penagos, ponente de dicho proyecto. La JEP prevarica en materia grave: dice que desconoce las pruebas sobre la fecha de ocurrencia; ¿cómo puede conocerlas cuando esa demostración judicial solo va a ser allegada cuando Estados Unidos formalice el pedido de extradición? En términos futbolísticos, la JEP anuló un gol antes de que se produjera la jugada. Al proteger a Santrich como si fuera la pobre víctima de un montaje, la JEP pela el cobre y exhibe un sesgo pro-Farc que aterra.

La credibilidad de esta jurisdicción viene siendo cuestionada desde hace rato. Hace pocas semanas, el secretario ejecutivo de la JEP, Néstor Raúl Correa, renunció a su cargo de forma intempestiva. A más de una diferencia conceptual sobre la estructura administrativa de la jurisdicción, quedó la impresión de que sus magistrados querían el control burocrático y de la multimillonaria contratación de la entidad, el mismo vicio que ha enlodado la respetabilidad de los tribunales de la justicia ordinaria.

A más del tufo clientelista y contratista que quedó tras la salida de Correa, ahora resulta que los magistrados dan muestran de escasa sindéresis y dejan entrever su favoritismo hacia los excomandantes de las Farc, autores —con los paramilitares— de algunos de los más espantosos crímenes de la historia colombiana. Que sepan de una vez por todas estos honorables togados que, por esta vía, quizás consigan vencer pero jamás lograrán convencer. Y que, por lo pronto, le dieron la razón al candidato presidencial Iván Duque, quien ha prometido que, si gana, hará ajustes importantes a las normas que regulan la JEP. Ajustes que son bienvenidos si, como lo indican los hechos, más que juzgar a los excomandantes, la JEP se dedica a protegerlos.

MAURICIO VARGAS
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MURIÒ EL SANTISMO

Ramón Pérez-Maura    

Las presidenciales de ayer en Colombia han sido más un acto funerario que una celebración de nueva vida política.

Empecemos por los derrotados: El jefe de la delegación gubernamental en la negociación de los acuerdos de paz de La habana, Humberto de la Calle, obtuvo un humillante 2,06 por ciento de los sufragios. Una cifra que no le permite ni alcanzar el umbral a partir del cual el Estado devolvería al Partido Liberal los gastos de la campaña. Están quebrados y su jefe partidista, el ex presidente César Gaviria, estará ahora defendiendo sus intereses particulares, no los del partido ni los del santismo. El que fuera vicepresidente de Santos, Germán Vargas Lleras, obtuvo un 7,28 por ciento a pesar de tener toda la maquinaria política oficialista tras él. Con todo, una miseria. Más relevante fue el espectacular resultado de Sergio Fajardo que con el 23,73 por ciento de los votos se quedó a 260.000 votos de Gustavo Petro, que acabó segundo con el 25,08 por ciento. No hubo una sola encuesta –dentro de los plazos legales para difundirlas- que otorgase a Fajardo el resultado final que obtuvo. Todas le situaban con diez puntos menos. Pero Fajardo hizo una buena campaña presentándose como un auténtico candidato de centro –pese a su origen en el izquierdista Polo Democrático que le ha arropado en esta campaña. Su gran apuesta era argumentar que él era un candidato mucho más viable que Petro, que es inelegible para un altísimo porcentaje de colombianos. Y si la segunda vuelta hubiese sido entre Duque y Fajardo las opciones de victoria de Duque hubieran sido mucho más limitadas.

A pesar del auge de Fajardo, no parece que sustrajera un número relevante de sufragios a Gustavo Petro, el candidato de la izquierda que, al igual que De la Calle, Vargas lleras y Fajardo, desea mantener íntegramente los términos del acuerdo entre el Gobierno y las FARC. Petro logró el pase a segunda vuelta y ahora compite con el ganador, Iván Duque (39,14 por ciento) por el voto del centro. Duque obtuvo un resultado ligeramente por encima de lo que le daban los sondeos, pero, aún así, demostró debilidades sorprendentes. La más notoria su pésimo resultado en Bogotá, donde acabó tercero y venció Fajardo –única región del país en la que lo hizo. Fajardo ganó allí quitando votos a Duque, no a Petro que es un ex alcalde de la capital. Lo lógico es que esos votos vuelvan a Duque como los de tantos otros centristas que no quieren ver en la Presidencia a un ex guerrillero como Petro. Y la mayor parte del 7 por ciento que logró Vargas Lleras también debería ir a parar a Ivan Duque. Ahora empieza una difícil segunda vuelta para el 17 de junio. Hay muchas negociaciones que hacer. Y esas negociaciones en Colombia consisten en promesas de cuotas de poder a cambio de tus votos. Pero cada vez es más difícil demostrar que tienes detrás una maquinaria electoral que te garantiza poder ofrecer un porcentaje de votos. Eso no le ha funcionado ni a Vargas Lleras. La Colombia del Partido Liberal y el Partido Conservador ha desaparecido. Ya tenemos un nuevo partido a la derecha, el Centro Democrático, que en esta elección encarna Iván Duque. Falta saber qué partido va a encarnar la izquierda colombiana. Veremos.

http://www.abc.es, 29 de mayo de 2018.

 

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LA CARCEL DEL CIEGO SANTRICH

Jaime A. Arrubla    

No hay duda que el caso Santrich puso a temblar la continuidad del proceso de paz y su etapa del posconflicto. Nuevamente se establece tremenda excepción a nuestra institucionalidad, esta vez en el sistema penitenciario;

¡si es cierto!,  el sistema carcelario colombiano, permite en ciertos casos reclusión en lugares especiales,  y así se ha hecho con altos funcionarios, por el riesgo que corren y por la alta investidura que detentaron;  por ello permanentemente vemos exministros y exgobernadores  y altos oficiales recluidos en estaciones de policía o en cantones del ejército; pero lo que no habíamos visto nunca es que esto sucediera en instalaciones  eclesiásticas como lo es la Fundación de la Pastoral Penitenciaria, con autorización de la Conferencia Episcopal;  pero también con  la protesta de importantes prelados como el mismo Presidente del Tribunal Eclesiástico colombiano, Monseñor López y el Capellán del Congreso de la República, Monseñor Mercado;  sin embargo, la recepción del personaje reclamado en extradición  fue autorizada y cada obispo manda en su diócesis.

¿Cuándo la Iglesia Católica había aceptado la reclusión de un reo en sus instalaciones?  No tenemos recuerdo de algo similar en el pasado reciente, a pesar de las continuas y permanentes obras humanitarias que mantiene en nuestro territorio.  Pues el Sr. Santrich es pionero debutante, que además, tiene las siete vidas del gato, pues es imposible una huelga de hambre de más de treinta días; o es cuerpo glorioso y merece estar incluso en un lugar más santo, o está comiendo de contrabando.

Las razones que se han esbozado son de carácter humanitario; las que debe mostrar la sociedad colombiana y las mismas que nunca se observaron en la guerrilla con los secuestrados. Yo me pregunto, ¿será que a todos los prisioneros que de aquí en adelante entren en huelga de hambre, van a recibir el mismo trato; no solo por las autoridades del Gobierno autorizando un convento para su reclusión, sino que la Iglesia los va a seguir prestando?   Francamente  se debió acudir más bien a las razones de seguridad, que no se pueden garantizar en comandos y cantones; pero acudir a las humanitarias, no solo no le salen a quien quiere acabar con su vida, decisión por demás respetable, sino que  se metieron en una trampa para atender a los futuros presos en huelga de hambre, que seguro vendrán, pues realmente lo que les falta es la huelga, porque el hambre lo tienen todos los acinados presos colombianos.

Seamos honestos; las razones no son las humanitarias que predican; la realidad es que están encartados con el huelguista pedido en extradición.   El precedente no puede ser peor; nuevamente se rompe en Colombia el derecho a la igualdad y la tradición institucional so pretexto de alcanzar la anhelada paz.     Debemos entender que el Sr. Santrich está pedido en extradición, por una Corte extranjera, al parecer por delitos cometidos después de la firma   de los acuerdos de paz. Es la Corte Suprema de Justicia la competente para dar su concepto sobre la misma y el Presidente de la Republica, quien discrecionalmente puede o no enviarle al país que lo reclama, asumiendo las consecuencias políticas de su decisión.

 

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33
GUSTAVO PETRO,sin religiòn,izquierdista,socialista del Siglo XXI y chavista,se autodenomina progresista;y con vicepresidente izquierdista de los Verdes Angela Marìa Robledo
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