Martes 21 de Agosto de 2018
Verdades Confirmadas

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DUQUE SIN MERMELADA PARA CONGRESISTAS

 
 
 

Hizo bien el presidente Iván Duque en negarse, pese a la insistencia de sus copartidarios del Centro Democrático, a hacer un guiño por uno de los candidatos al cargo de contralor general. Querían sus correligionarios que el gesto señalara a José Félix Lafaurie, pero Duque se mantuvo en su postura de respetar la autonomía del Congreso en esta elección y evitó así que comenzara el intercambio de favores entre el Capitolio y la Casa de Nariño, con un ‘yo te elijo al contralor que quieras, y tú me das puestos y contratos’.

 

Al Presidente no le simpatizaba Lafaurie –representante del ala derecha del CD que intentó sabotear la aspiración de Duque el año pasado– y, en cambio, le cae bastante bien Felipe Córdoba, el casi seguro ganador. Pero, más allá de esa circunstancia, el Presidente parece decidido a arrancar su mandato sin negociar con las fuerzas políticas una repartija de burocracia y presupuesto como la que tanta corrupción desató en los años recientes.

Hace bien, aunque no la tiene fácil. Conversé con algunos congresistas y, salvo excepciones, noté en sus palabras un tono de decepción con Duque: “Este presidente es muy terco y no se deja ayudar”, le oí a uno. Llevo más de tres décadas siguiendo semana tras semana la actividad política, y sé lo que implican esas palabras. No es que el Presidente sea terco, sino que se niega a repartir cuotas en el Ejecutivo para conseguir apoyos en el Congreso. No es que no se deje ayudar, sino que no quiere entregar a los congresistas que así se lo demandan una tajada de la contratación.

Son muchos años marcados por una relación envenenada entre Gobierno y Congreso, y se ha multiplicado tanto la plata a la que un parlamentario puede acceder por la vía de conseguir fondos del presupuesto para contratos de los que el congresista puede derivar una buena comisión –tan grande que a veces el contrato no se ejecuta o se ejecuta a medias– que la mayoría de los políticos no serían capaces hoy de sobrevivir sin eso que conocemos como ‘mermelada’.

Como consecuencia de esa enormidad de dinero circulante procedente de los contratos, las campañas se han encarecido de manera aterradora, y quienes fueron elegidos este año para una curul en el Capitolio están hasta el cuello de deudas que esperan pagar con nuevas dosis de jalea. De modo que les cae como una patada donde sabemos que el Presidente les diga que no, que él ese juego no lo juega.
Pero si bien Duque tiene claro que no va a caer en esa trampa promotora de la corrupción, no ha dilucidado aún cómo va a operar la nueva relación entre su administración y los congresistas, a quienes en todo caso necesita para sacar adelante su ambiciosa agenda legislativa, que incluye una complicada ley tributaria, ajustes del desarrollo de los acuerdos de paz y una muy urgente reforma de la justicia.

En su discurso de posesión, el Presidente propuso un gran acuerdo nacional sobre esas materias, resultado de una negociación política –que no burocrática ni presupuestal– entre los partidos. En esa dirección apunta la reunión promovida por el expresidente Álvaro Uribe con sus colegas Andrés Pastrana y César Gaviria, que los mostró juntos y cordiales por primera vez en una década. El jueves, en un trino, Pastrana definió el encuentro como el inicio del “tránsito de la polarización hacia la reconciliación”.

Eso suena bien, pero mientras los exmandatarios ofrecían tan positiva imagen en el Hotel de la Ópera del centro de Bogotá, a una cuadra de allí, en el Capitolio, la mayoría de los congresistas miraban con desconfianza el encuentro. “Queremos ‘mermelada’ ”, pensaban muchos. “Exigimos ‘mermelada’ ”, comienzan a decir algunos. Duque tiene que resistir esos embates, porque ni el presupuesto ni la democracia aguantan más esa repartija corrupta.

MAURICIO VARGAS
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SANTOS EL FUGITIVO

Libardo Botero C.       

¿Por qué huyó Santos del país apenas terminó su mandato? ¿Y por qué lo hizo de una manera clandestina, atropellada y abiertamente ilegal? No tardará mucho en saberse, pero mientras tanto se han lanzado diversas hipótesis.

Los más frescos, admiradores del mandatario recién salido, bien pocos por cierto, han esgrimido a su favor el argumento trivial de que se merecía un descanso, unas vacaciones. ¿Descanso de qué, podríamos preguntar? Bien poco trabajaba el señor, encerrado en Palacio, ya que le estaba vedado salir a la calle o a la plaza pública para no sufrir el rechazo generalizado de la población. Además de ese motivo evidente, no es que al señor le hubiera gustado mucho untarse de pueblo. Al final de su gobierno solo hacía apariciones esporádicas en público, para que los medios fletados dieran cuenta de que aún ejercía su mandato, acompañado siempre de unos cuantos carga-ladrillos. Su concepción del poder se identificaba más con el encierro en las oficinas y salones de Palacio, dedicado a intrigas y componendas, y sobre todo a la poco esforzada actividad de firmar decretos y decretos, con una eficacia contundente, pues se han contado en más de cuatro centenares los de los últimos días de su ejercicio.

Otros, sin ruborizarse, alegan que el señor cumplió los mandamientos legales para ausentarse del país. Nos ilustran a los escépticos, y nos quieren refutar, con la exhibición de la carta que envió al presidente del Senado el 10 de agosto, cuando ya había cesado en sus funciones y era un simple expresidente, en la cual informaba a la cabeza del legislativo de una primera andanada de viajes al exterior durante este resto de año. De cada viaje asegura que retornará, es cierto, pues confiesa que quiere asentarse en el país y residir en él. Pero lo que genera sospechas, dudas, y sobre todo enojo, es que de manera olímpica sustenta sus salidas en los mismos mandamientos legales que le prohíben salir sin autorización del Senado.

Piensan también sus defensores de oficio, quizás, para sus adentros, que de ese modo Santos evitaba un embarazoso debate en el Senado, presidido por personas poco afectas, como el senador Ernesto Macías. Y lo que podría ser más vergonzoso, y peligroso, que la cámara alta eventualmente acogiera la proposición de prohibirle por un año que abandonara las fronteras patrias.

Ya conocimos, a lo largo de estos ocho años, el talante autoritario de Santos, y su manía de tergiversar, amañar y violentar los preceptos constitucionales y legales que rigen nuestro ordenamiento político. No hace falta inventariarlo. Lo insólito ahora consiste en querer seguir haciéndolo cuando no ocupa el solio presidencial, como si estuviera por encima de la ley a perpetuidad. En su misiva Santos indica que “de conformidad con los artículos 196 de la Constitución Política y 323 de la Ley 5 de 1992, que establecen el deber de informarle previamente al Honorable Senado mis intenciones de viajar fuera el (sic) país en el primer año después de haber dejado la Presidencia…”, le reporta la lista de desplazamientos inmediatos que tiene previstos.

Nunca Santos ha sido bueno para expresarse, así se precie de periodista. Por ocho años utilizó eficaces servicios de redactores que le preparaban sus intervenciones públicas, y un telepronter que no abandonaba.  Aun así, los defectos de dicción y comunicación nos atormentaban cada que lo veíamos en pantalla. La redacción de la carta al Senado es la deplorable comprobación de que el octenio poco le aportó en sintaxis y redacción. Pero tampoco somos tan mal pensados para afirmar que el exmandatario no sabe leer. El artículo 196 de la carta no habla en parte alguna de que en el primer año posterior a su mandato los expresidentes para salir del país deben simplemente “informar” de sus intenciones al parlamento. No. De manera precisa estipula que dicho personaje “no podrá salir del país dentro del año siguiente a la fecha en que cesó en el ejercicio de sus funciones, sin permiso previo del Senado”. Lo mismo que repite, textualmente, la Ley 5 de 1992 en su artículo 323.

Entonces, la conclusión ineludible es que Santos, muy orondo ha decidido pasarse por la faja no “el deber” de dejar una constancia, sino la obligación constitucional y legal de solicitar, y obtener, permiso del Congreso para salir del país. Pretendiendo imponer esa línea de conducta hacia adelante, para tener paso franco al exterior sin incómodas limitaciones. Pero, al proceder así, se ha colocado fuera de la ley y así debe ser tratado en este caso, con el correspondiente proceso, que el mismo Ernesto Macías ha solicitado a la corporación indicada para que inicie.

Porque si esta franquicia se le otorga, si esta licencia se le da, no tendrá empacho el día de mañana en salir corriendo para el exterior, sobre todo si se precipitan llamados a investigación o juicios, en virtud de precisas demandas que cursan en distintas instancias, empezando por la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Las sombras de Odebrecht, de la mermelada a chorros, del fraude en las elecciones de 2014, de la capitulación ante las Farc, del desconocimiento del plebiscito de 2016, entre otros pecados, lo persiguen sin darle tregua. El ejemplo de Rafael Correa, su homólogo de Ecuador, conspicuo integrante de la pandilla de atarbanes del “socialismo del siglo XXI”, en su momento uno de sus “nuevos mejores amigos”, debe atormentar al ex inquilino de la Casa de Nariño. El arrogante de ayer, hoy, como se dice en el argot popular “paga escondederos a peso” para escapar a la justicia de su país.

A nosotros también nos debe servir de ejemplo para prevenir que nuestro Correa se convierta también en fugitivo de la justicia allende las fronteras.

 

 

 

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UN BUEN CANDIDATO A CONTRALOR GENERAL

José Félix Lafaurie Rivera 

Veinte años después de haberle servido al país como Vicecontralor General de la República, he presentado mi nombre al nuevo proceso para elegir Contralor para el periodo 2018 -2022.

Fueron importantes los logros alcanzados con Carlos Ossa Escobar, cuando la Contraloría General de la República, CGR, estaba en mora de adaptarse a los nuevos roles asignados por la Constitución de 1991, y aunque muchas de esas transformaciones perduran, otras fueron desechadas por las posteriores administraciones.

Fue lamentable el reversazo en el proyecto de “E – control”, con financiación BID, que permitía el acopio de información y el ejercicio de la función de control en línea y en tiempo real, reduciendo al mínimo las auditorías presenciales.

Hoy retomo ese sueño. Creo en un control preventivo y propositivo, en las alarmas tempranas y en la focalización. Creo en una CGR que se ocupe menos de perseguir corruptos y más de cerrarle caminos a la corrupción, con la ayuda del Estado y la sociedad, porque la lucha contra la corrupción es de todos. 

Reniego de una Contraloría que atemorice o pueda ser utilizada en contra de personas o instituciones. Sufrí en carne propia el uso de la institucionalidad como arma de retaliación. Y yo no lo haré. Pueden estar tranquilos quienes se consideren mis contradictores.

Construiré sobre lo construido; conservaré lo valioso y reviviré proyectos que considero sustantivos para que la CGR responda competitivamente a los nuevos retos tecnológicos.

Hace 20 años emprendimos un cambio estructural para fortalecerla como una organización moderna y administrada por resultados. Se actualizaron procesos a partir de la aplicación de Tecnologías de Información y Comunicaciones, TIC. Se implementó un Sistema Nacional de Control Fiscal (SINACOF), autónomo, eficaz y proactivo, y creamos la Guía de Auditoría Gubernamental con Enfoque Integral, un gran esfuerzo para estandarizar las metodologías de control.

Fortalecimos el proceso de Responsabilidad Fiscal y Cobro Coactivo, y dimos vida a las auditorías articuladas con la sociedad civil. La Ley 598 de 2000 creó el Sistema de Información para la Vigilancia de la Contratación Estatal, SICE; el Catálogo Único de Bienes y Servicios, CUBS; y el Registro Único de Precios de Referencia, RUPR. Y con la Ley 610 de 2000 -de Responsabilidad Fiscal-, aún vigente, logramos un enorme avance jurídico procesal.

Hoy estoy dispuesto a afrontar nuevos retos, si el Congreso así lo decide. Cuando se pasa el umbral de los sesenta, ya no buscamos “hacer hoja de vida”, sino asumir causas que puedan transformar la realidad del país.

Creo en una Contraloría que le agregue valor al control fiscal y a la administración de los recursos públicos. Hay que devolverles su condición de sagrados, porque son fruto del esfuerzo de los colombianos para construir la Colombia del mañana.  

@jflafaurie

 
   
 
 

José Félix Lafaurie Rivera 

Veinte años después de haberle servido al país como Vicecontralor General de la República, he presentado mi nombre al nuevo proceso para elegir Contralor para el periodo 2018 -2022.

Fueron importantes los logros alcanzados con Carlos Ossa Escobar, cuando la Contraloría General de la República, CGR, estaba en mora de adaptarse a los nuevos roles asignados por la Constitución de 1991, y aunque muchas de esas transformaciones perduran, otras fueron desechadas por las posteriores administraciones.

Fue lamentable el reversazo en el proyecto de “E – control”, con financiación BID, que permitía el acopio de información y el ejercicio de la función de control en línea y en tiempo real, reduciendo al mínimo las auditorías presenciales.

Hoy retomo ese sueño. Creo en un control preventivo y propositivo, en las alarmas tempranas y en la focalización. Creo en una CGR que se ocupe menos de perseguir corruptos y más de cerrarle caminos a la corrupción, con la ayuda del Estado y la sociedad, porque la lucha contra la corrupción es de todos. 

Reniego de una Contraloría que atemorice o pueda ser utilizada en contra de personas o instituciones. Sufrí en carne propia el uso de la institucionalidad como arma de retaliación. Y yo no lo haré. Pueden estar tranquilos quienes se consideren mis contradictores.

Construiré sobre lo construido; conservaré lo valioso y reviviré proyectos que considero sustantivos para que la CGR responda competitivamente a los nuevos retos tecnológicos.

Hace 20 años emprendimos un cambio estructural para fortalecerla como una organización moderna y administrada por resultados. Se actualizaron procesos a partir de la aplicación de Tecnologías de Información y Comunicaciones, TIC. Se implementó un Sistema Nacional de Control Fiscal (SINACOF), autónomo, eficaz y proactivo, y creamos la Guía de Auditoría Gubernamental con Enfoque Integral, un gran esfuerzo para estandarizar las metodologías de control.

Fortalecimos el proceso de Responsabilidad Fiscal y Cobro Coactivo, y dimos vida a las auditorías articuladas con la sociedad civil. La Ley 598 de 2000 creó el Sistema de Información para la Vigilancia de la Contratación Estatal, SICE; el Catálogo Único de Bienes y Servicios, CUBS; y el Registro Único de Precios de Referencia, RUPR. Y con la Ley 610 de 2000 -de Responsabilidad Fiscal-, aún vigente, logramos un enorme avance jurídico procesal.

Hoy estoy dispuesto a afrontar nuevos retos, si el Congreso así lo decide. Cuando se pasa el umbral de los sesenta, ya no buscamos “hacer hoja de vida”, sino asumir causas que puedan transformar la realidad del país.

Creo en una Contraloría que le agregue valor al control fiscal y a la administración de los recursos públicos. Hay que devolverles su condición de sagrados, porque son fruto del esfuerzo de los colombianos para construir la Colombia del mañana.  

@jflafaurie

 
   
 
 
 
 
 

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EL MAMERTISMO O COMUNISMO COLOMBIANO

Jaime Jaramillo P.   

Con una modestia desconocida, el expresidente Juan Manuel Santos salió de la Casa Presidencial, con el aplauso del 22% de la ciudadanía, porque el resto, 78%, le dio la espalda y dedicó el día 7 de agosto, a ver el relevo de mando.

La Plaza de Bolívar contenía cinco mil personas que asistían a un evento de magnitud para los colombianos: el Congreso compuesto por las dos cámaras, Senado y Cámara de Representantes, en sesión ordinaria y abierta, dio posesión al nuevo Presidente de la República, Iván Duque Márquez y este juramentó a Marta Lucía Ramírez como Vicepresidenta. La atmósfera de acto tuvo dos elementos de impacto: el reconocimiento y apoyo a las Fuerzas Armadas y a la policía. Y un derrame de fiesta con la música y los grupos de baile que se cruzaban con los asistentes, cumbia, porro y bambuco incluidos.

El punto central serán los discursos del Presidente del Senado y del Congreso, Ernesto Macías, y el del nuevo Jefe del Estado, Iván Duque. La intervención del senador Macías abrió el telón del oscuro escenario del gobierno saliente, al dar a conocer los datos del desastre político y administrativo del gobierno santista. Con datos oficiales, obtenidos mediante derechos de petición, Macías puso en la escena los graves problemas que hereda el Presidente Duque de un gobierno despilfarrador, que deja comprometida la nación con millonarios compromisos financieros mediante futuras vigencias fiscales, el monto de la deuda externa que hipoteca los recaudos y pone a la nueva administración en condiciones de restringir la inversión social, el déficit  fiscal de billones de pesos, los enormes gastos que demanda la reinserción de las Farc pactada a 15 años, el sostenimiento del aparato judicial paralelo de la JEP y un largo etcétera que el país escuchó, con asombro y encono.

Macías, contra la niebla espesa del “tapen, tapen” y las argucias mediáticas para consolidar  el olvido de la corrupción oficial, que evidencia, además, la parálisis ética de la Fiscalía, puso sobre la mesa los elementos de juicio que el país no puede dejar escapar ni desaparecer, como si la capa  mágica de Mandrake cubriera lo denunciado, dándole el tono y el modo de su no existencia. Mandrake, el mago, fue un personaje de fantasía con su sombrero de copa, su bocito pulido y la capa negra que le permitía desaparecer a sus perseguidores y hasta él mismo. Ficciones de los comics que no podemos invocar para que al cabo de unos días, los medios y algunos beneficiados del santismo, nos hagan creer que aquí no ha pasado nada. Y si pasó.

Existe una porción de colombianos de buena fe que prefieren no hablar del próximo pasado dizque para no polarizar a la población. Nos han lavado el carácter convirtiéndonos en una especie de hombres temerosos y mujeres con ataques nerviosos que le huimos al debate civilizado, argumentativo. Las formas de comunicación  actuales, gracias a la tecnología y las redes, forman “guapos” anónimos y jóvenes huecos que saben leer el monitor, mas no saben firmar. Alienan, secan el carácter. De ahí el miedo a la verdad.

Para completar el cuadro de la Plaza de Bolívar en comento, el Presidente Duque dio una cátedra de patriotismo ilustrado, una cartilla de estadista que no pueden ignorar los ciudadanos del común. Fijó las líneas contra los criminales disfrazados de bondad política y altruismo. Marcó fronteras ideológicas y territoriales y señaló que la democracia tiene principios no transables. Ambos discursos no se contradicen. Se complementan. Como reza el dicho popular: a quien no le gusta el caldo, que le sirvan dos tazas.

El mamertismo, que es la tapa superior del socialismo chavista, se niega a mirar hoy lo que acompañó hasta  el ayer   el día 6 de agosto, “no más hace unas horas”. Eso dijo un filósofo mexicano llamado Cantinflas. Da tristeza de una importante zona humana colombiana que ha perdido su capacidad crítica sobre los resultados de un gobierno tan gris como el cielo londinense. Y no sabemos si existe tratado de extradición con Gran Bretaña.

 

Jaime Jaramillo P.  

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LOS 5 CAMPOS HOSTILES QUE ESPERAN A DUQUE

lozan juanPor: Juan Lozano 05 de agosto 2018 , 11:32 p.m. A los gobiernos los sacan a bailar en muchas pistas que, agregadas, definen el rumbo del poder. Aquí van cinco en las que ya se oyen los compases. La pista del Congreso Pantanosa. El partido del presidente, pese a ser la bancada más grande del Senado, está lejos de tener mayoría. Un buen debut de la ministra del Interior permitió que las mesas directivas del Congreso no tuvieran presidencias hostiles al nuevo gobierno, y al frente del Congreso estará un uribista de todas las horas, Ernesto Macías. Sin embargo, esas mayorías lucen frágiles y no son secretos los ánimos de algunos sectores de ofrecer apoyos condicionados. Las malas prácticas en las relaciones Gobierno-Congreso, reiteradas y repetidas en los últimos años hasta niveles verdaderamente nauseabundos, constituyen un dañino precedente. Ojalá el gobierno mantenga la promesa de cero mermelada y la opinión pública lo apoye sin mezquindades cuando esté paralizada la agenda legislativa y abunden citaciones de control político y tempranas mociones de censura por causa de las extorsiones de algunos campeones del CVY. Por otra parte, el conjunto de novedades del Congreso con Petro, la Farc y el nuevo Estatuto de Oposición promete deliberaciones y debates de gran trascendencia. La pista judicial Delicada. Iván Duque no tiene problemas judiciales, aunque sus malquerientes pretenderán judicializar la política y buscarle cinco patas al gato para llenarlo de expedientes o salpicarlo con procesos ajenos e involucrarlo en asuntos en los que nada tiene que ver. La complejidad del expediente que se sigue contra Álvaro Uribe se mantendrá en la primera línea de la agenda nacional. Duque fue, como le correspondía, solidario con el expresidente en la convicción de su inocencia y totalmente respetuoso de los fueros de la Rama Judicial. Hace bien el presidente Duque en buscar caminos institucionales de diálogo con la Rama Judicial y en procurar que su rol de jefe de Estado contribuya con la armonización de las ramas del poder público. La pista mediática Cordial. El presidente Santos gozó de un entorno mediático muy favorable que ayuda, pero no asegura el éxito. Es objeto de estudio sereno la correlación negativa entre apoyo mediático y apoyo ciudadano a causa de los niveles inéditos de desaprobación en su gestión y de impopularidad colectiva. Mientras más apoyo mediático tenía Santos, menos lo querían los colombianos. La cosa es con la gente con sincera cercanía si se quiere gozar de afecto popular. Duque tiene buenas relaciones con los medios y los respeta. Sin zalamerías ni hostilidades. Ojalá todo su equipo honre los compromisos del presidente en cuanto al respeto por la libertad de prensa, de opinión y de información. La pista de las redes Inmanejable. El presidente Duque mantiene sano equilibrio. Valora la importancia de las redes sociales, pero no vive en función de ellas. Ni las desprecia ni las idolatra. Los gobiernos las deben monitorear con atención en cuanto reflejan asuntos críticos del sentir colectivo, mas no pueden orientar su acción al vaivén de las tendencias o los ‘me gusta’. Duque es un tuitero austero. Preciso y claro en sus mensajes, cero camorrista, cero fanfarrón. La pista internacional Despistada. Difícil le va a tocar al gobierno Duque, en tiempos de Trump y Maduro, presentarle a la comunidad internacional una visión equilibrada y justa de lo que ha ocurrido con el proceso de paz, diferente del irreal país de las maravillas que les han venido pintado entre gobelinos, banquetes y comitivas. Duque viene de Washington y sabe que en esta pista tendrá que ser particularmente eficaz para que se comprenda, sin afectar a Colombia, y en todos los campos su consigna de cabecera frente a la paz: “ni trizas ni risas”. Mañana asume Iván Duque. Por el bien de Colombia, que Dios lo acompañe. La esperanza es inmensa. JUAN LOZANO

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