Domingo 17 de Junio de 2018
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CONCESIONES A TERRORISTAS QUE NO CREEN EN LA PAZ

mauricio-vargas Por: Mauricio Vargas 10 de febrero 2018 , 11:25 p.m. Durante los cien días del cese del fuego bilateral pactado por los delegados del Gobierno con representantes del Eln, en Quito, y que comenzaron a contar el 1.° de octubre, esa organización guerrillera apenas dejó de atacar a la población civil, no suspendió del todo la voladura de oleoductos, ni detuvo sus hostigamientos, ni sus extorsiones ni sus operaciones de narcotráfico. En cambio, la Fuerza Pública se vio obligada a limitarse a la reacción ante esos ataques, sin poder desarrollar las ofensivas de su propia iniciativa, que, sostenidas durante años y con buenos resultados, habían convertido al Eln en una guerrilla disminuida, desprestigiada en el frente político y casi derrotada en el terreno militar. Con los bolsillos llenos del dinero del narcotráfico, de la minería ilegal y del boleteo, engrosadas sus filas con cientos de mandos medios y bajos de las Farc que prefieren seguir en los negocios criminales que acogerse a los acuerdos de La Habana –muy generosos con los grandes comandantes, pero poco atractivos para esos jefes medianos y pequeños–, y con la posibilidad de copar zonas abandonadas por los frentes ‘farianos’ que sí se desmovilizaron, sin que la Fuerza Pública pudiese atacarlos, los ‘elenos’ supieron administrar el Baloto que se ganaron en la mesa de Quito. Hoy han fortalecido su accionar en Chocó, Arauca, Catatumbo, Santander, norte de Antioquia, Cauca y Nariño, y han extendido sus ataques terroristas a ciudades como Barranquilla, donde casi nunca habían tenido presencia. Las familias de los seis policías vilmente asesinados en esa ciudad hace dos semanas deben culpar al Eln –y a nadie más– por ese crimen. Pero tienen derecho a preguntarse quién hizo posible que un grupo al que expertos en el conflicto armado, como el profesor del Externado Camilo Echandía, uno de los mayores conocedores del tema, veían muy debilitado hace apenas un año haya recuperado fuerzas y se haya envalentonado de ese modo. Versados en las particularidades del Eln le habían advertido al Gobierno sobre los riesgos de apresurar una negociación con una guerrilla dividida, cuyos comandantes tienen muchas dudas acerca de avanzar hacia la paz. En carta al presidente Juan Manuel Santos, el periodista Hernando Corral, ‘elenólogo’ de primer nivel, sostuvo que la mesa de Quito es “muy frágil por la falta de claridad en ese grupo guerrillero”. La realidad es que jefes de algunos de los frentes más poderosos –gracias al narcotráfico y otros crímenes– del Eln no estaban dispuestos a acatar lo que quedara pactado en Ecuador. Y así lo demostraron con continuas violaciones del cese del fuego. Afanado por conseguir resultados que refrendaran su premio Nobel de Paz, el presidente Santos desoyó las oportunas alertas y patrocinó una mesa paralela que otorgaba a los ‘elenos’ las concesiones que el jefe de la delegación del Gobierno, el exministro Juan Camilo Restrepo, no estaba dispuesto a darles. Al final, Restrepo se aburrió y renunció y, cuando culminaron los cien días de cese del fuego, el Eln desató la sangrienta ofensiva de los días recientes. Hacerle concesiones a un grupo terrorista que no está convencido de avanzar en la negociación es el mejor camino para disparar la violencia. Para buena parte de los comandantes del Eln, el momento no es propicio para pactar un acuerdo definitivo de desmovilización, sino para aprovecharse de los afanes de Santos en sacar algún resultado y obtener por esa vía el margen de maniobra político y militar para resucitar como, en efecto, esa organización guerrillera parece haber resucitado en estos meses. La culpa de la sangre derramada es del Eln, pero la responsabilidad de que ese grupo haya revivido es del Gobierno. Y con tanta sangre derramada, se trata de una responsabilidad muy grave. MAURICIO VARGAS Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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REFORMA TERRITORIAL EN COLOMBIA

castro jaime

 
09 de febrero 2018 , 12:00 a.m.
 

No obstante las varias reformas políticas que hemos decretado –entre otras, las de los actos legislativos 1 de 2013, 1 de 2009 y 2 de 2015 y las leyes que los desarrollan–, vivimos las situaciones críticas que el proceso electoral en curso ha puesto de presente. Así ocurre porque las citadas reformas se han ocupado del régimen electoral, la financiación de las campañas y las normas aplicables a los partidos, temas que los congresistas puede definir sin tener que tratar la fuente ni el origen de su poder territorial, concretamente el que tienen en los municipios y departamentos que controlan.

 

La descentralización que el país puso en marcha hace ya 30 años produjo inicialmente resultados alentadores. No todos los que de ella se esperaban, pero suficientes para continuar la tarea introduciéndole las correcciones y reformas que requiriera. Empezó a cambiar el mapa político del país con la elección popular de alcaldes y gobernadores, mejoró la cobertura y calidad de importantes servicios públicos y logró inversión pública en todo el territorio nacional. Así lo verificaron estudios del Banco Mundial y Planeación Nacional.

Cuando la clase política nacional se dio cuenta de que la descentralización fiscal y administrativa dotaba a las entidades territoriales de empleos y cargos para proveer, cuantiosos recursos para celebrar contratos y asignar partidas y atribuciones para otorgar licencias y permisos, decidió apoderarse de los municipios, distritos y departamentos. Trasladó a las elecciones regionales y locales todo su 'know how' electoral y las malas artes de la política.

El poder de la mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política.

 

Con la complicidad de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles, que son fichas suyas, desnaturalizó y pervirtió la descentralización, que cayó en manos de roscas y camarillas, a veces clanes familiares, que proceden como mafias políticas. La convirtió en sinónimo de politiquería y corrupción, clientelismo, derroche, malos manejos y nepotismo. La clase política nacional controla las entidades territoriales por todos los medios a su alcance, porque son su hábitat natural.

El poder político-electoral de la gran mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política, que luego se convierte en corrupción administrativa porque las corporaciones públicas, a cambio de la ‘mermelada’ que reciben, no ejercen con independencia sus funciones ni controlan a gobernadores y alcaldes. El Gobierno repite que los programas del posconflicto estarán a cargo de municipios y departamentos.

Por eso habló de paz territorial. Pero no hizo nada para superar las situaciones denunciadas y convertir a esas entidades en la efectiva presencia del Estado en todo el territorio nacional y en instrumentos de progreso y mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Ni siquiera presentó una sola propuesta que buscara solucionar el problema porque no podía comprometer el apoyo de sus mayorías congresionales, que cohabitan con el desorden territorial.

Del asunto tampoco se están ocupando los aspirantes a nuevos mandatos populares, cuando es claro que el capítulo más importante de cualquier reforma política debe ser el de la reforma política territorial que cambie las reglas de juego para acceder al poder a nivel regional y local, para ejercerlo y controlarlo. Cuando no habíamos hecho nada para empoderar las entidades territoriales, López Michelsen dijo que “la descentralización es una de las claves de la guerra o de la paz”.

Ya la hicimos en materia fiscal y administrativa, pero no está produciendo los resultados que debe producir porque no hemos hecho la reforma política territorial que la complemente y asegure los propósitos que la animan.

JAIME CASTRO
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09 de febrero 2018 , 12:00 a.m.
 

No obstante las varias reformas políticas que hemos decretado –entre otras, las de los actos legislativos 1 de 2013, 1 de 2009 y 2 de 2015 y las leyes que los desarrollan–, vivimos las situaciones críticas que el proceso electoral en curso ha puesto de presente. Así ocurre porque las citadas reformas se han ocupado del régimen electoral, la financiación de las campañas y las normas aplicables a los partidos, temas que los congresistas puede definir sin tener que tratar la fuente ni el origen de su poder territorial, concretamente el que tienen en los municipios y departamentos que controlan.

 

La descentralización que el país puso en marcha hace ya 30 años produjo inicialmente resultados alentadores. No todos los que de ella se esperaban, pero suficientes para continuar la tarea introduciéndole las correcciones y reformas que requiriera. Empezó a cambiar el mapa político del país con la elección popular de alcaldes y gobernadores, mejoró la cobertura y calidad de importantes servicios públicos y logró inversión pública en todo el territorio nacional. Así lo verificaron estudios del Banco Mundial y Planeación Nacional.

Cuando la clase política nacional se dio cuenta de que la descentralización fiscal y administrativa dotaba a las entidades territoriales de empleos y cargos para proveer, cuantiosos recursos para celebrar contratos y asignar partidas y atribuciones para otorgar licencias y permisos, decidió apoderarse de los municipios, distritos y departamentos. Trasladó a las elecciones regionales y locales todo su 'know how' electoral y las malas artes de la política.

El poder de la mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política.

 

Con la complicidad de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles, que son fichas suyas, desnaturalizó y pervirtió la descentralización, que cayó en manos de roscas y camarillas, a veces clanes familiares, que proceden como mafias políticas. La convirtió en sinónimo de politiquería y corrupción, clientelismo, derroche, malos manejos y nepotismo. La clase política nacional controla las entidades territoriales por todos los medios a su alcance, porque son su hábitat natural.

El poder político-electoral de la gran mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política, que luego se convierte en corrupción administrativa porque las corporaciones públicas, a cambio de la ‘mermelada’ que reciben, no ejercen con independencia sus funciones ni controlan a gobernadores y alcaldes. El Gobierno repite que los programas del posconflicto estarán a cargo de municipios y departamentos.

Por eso habló de paz territorial. Pero no hizo nada para superar las situaciones denunciadas y convertir a esas entidades en la efectiva presencia del Estado en todo el territorio nacional y en instrumentos de progreso y mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Ni siquiera presentó una sola propuesta que buscara solucionar el problema porque no podía comprometer el apoyo de sus mayorías congresionales, que cohabitan con el desorden territorial.

Del asunto tampoco se están ocupando los aspirantes a nuevos mandatos populares, cuando es claro que el capítulo más importante de cualquier reforma política debe ser el de la reforma política territorial que cambie las reglas de juego para acceder al poder a nivel regional y local, para ejercerlo y controlarlo. Cuando no habíamos hecho nada para empoderar las entidades territoriales, López Michelsen dijo que “la descentralización es una de las claves de la guerra o de la paz”.

Ya la hicimos en materia fiscal y administrativa, pero no está produciendo los resultados que debe producir porque no hemos hecho la reforma política territorial que la complemente y asegure los propósitos que la animan.

JAIME CASTRO
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ABUSADAS Y ACOSADAS

ANA-MARIA-ABELLO24756

Ana Marìa Abello

Cuando comenzó Facebook, como muchas otras personas, me puse en la tarea de buscar a las personas que en algún momento de mi vida fueron especiales y que por alguna circunstancia u otra había perdido el contacto con ellas. Como pasé parte de mi adolescencia en Canadá porque a mi padre le dieron un cargo diplomático en ese país le dediqué un tiempo a recuperar esas viejas amistades. Una de las amigas que nunca pude encontrar fue a la hija del Agregado Militar de la Embajada, un hombre bondadoso al que todos en mi familia recordamos con mucho cariño, el Coronel Morales. Claudia, su hija, se convirtió en una constante compañera de juegos para mi hermana Silvia y para mí.

El día que leí el artículo de Claudia Morales me llevé una gran sorpresa cuando caí en la cuenta de que la periodista y mi querida amiga de infancia eran una misma persona. Me sentí profundamente triste por ella, ninguna mujer debería pasar por lo que ella pasó y tratándose de una persona a la que le tuve tanto cariño profundiza aún más mi tristeza. Entendí sus razones para querer hablar de lo que le sucedió sin entrar en detalle de la identidad de “Él”, como ella se refiere a su agresor. Tan lo entendí que lo primero que me nació hacer fue enviarle un mensaje de apoyo por Twitter a sabiendas de que probablemente se perdería entre los centenares de notificaciones que seguramente recibe. Después de eso hice lo que la mayoría de personas hicieron, buscar su trayectoria profesional en internet para saber quienes habían sido sus jefes. Cuando vi el nombre de Álvaro Uribe Vélez supe lo que se iba a venir, nuestros contradictores políticos se aprovecharían de la duda que sembró Claudia al no identificar a su agresor, para disparar sin misericordia contra el blanco preferido de muchos en este país.

Yo entiendo y defiendo el derecho que tiene Claudia de no identificar a su agresor hasta el momento en que ese derecho viola el derecho de un grupo de personas a su buen nombre. Recordemos el principio del derecho que dice que mi derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro. Y es que durante los días siguientes a la publicación del artículo a muchos colombianos se les ha despertado el Sherlock Holmes dormido para tratar a través de “pistas” identificar al agresor. Como estamos en época preelectoral y Álvaro Uribe pasó de ser el mejor presidente de la historia al mayor opositor del gobierno Santos y de su proceso de paz se ha convertido en el culpable conveniente para sus opositores.

Es por eso que le quiero hacer un llamado a Claudia para que deshaga el daño que ha hecho. Porque uno en calidad de víctima no puede darse el lujo de convertirse en victimario. Los exjefes que nada tuvieron que ver en esa horrible, horrible, horrible violación tienen derecho a que su nombre no esté vinculado con ese acto. En este momento lo único que es seguro es que mientras que los justos están en la mira, el pecador goza del total impunidad y permanece en el anonimato.

Yo conozco a Álvaro Uribe Vélez, soy una de las 59 personas que llamó a acompañarlo en la candidatura al Senado de la República. Su trato conmigo siempre ha sido de absoluto respeto y me atrevo a meter la mano en el fuego por él. El dolor que sentí por mi amiga de la infancia ahora lo estoy sintiendo por Uribe y su familia porque no hay derecho a tanta infamia.

@ANIABELLO_R

Cuando comenzó Facebook, como muchas otras personas, me puse en la tarea de buscar a las personas que en algún momento de mi vida fueron especiales y que por alguna circunstancia u otra había perdido el contacto con ellas. Como pasé parte de mi adolescencia en Canadá porque a mi padre le dieron un cargo diplomático en ese país le dediqué un tiempo a recuperar esas viejas amistades. Una de las amigas que nunca pude encontrar fue a la hija del Agregado Militar de la Embajada, un hombre bondadoso al que todos en mi familia recordamos con mucho cariño, el Coronel Morales. Claudia, su hija, se convirtió en una constante compañera de juegos para mi hermana Silvia y para mí.

El día que leí el artículo de Claudia Morales me llevé una gran sorpresa cuando caí en la cuenta de que la periodista y mi querida amiga de infancia eran una misma persona. Me sentí profundamente triste por ella, ninguna mujer debería pasar por lo que ella pasó y tratándose de una persona a la que le tuve tanto cariño profundiza aún más mi tristeza. Entendí sus razones para querer hablar de lo que le sucedió sin entrar en detalle de la identidad de “Él”, como ella se refiere a su agresor. Tan lo entendí que lo primero que me nació hacer fue enviarle un mensaje de apoyo por Twitter a sabiendas de que probablemente se perdería entre los centenares de notificaciones que seguramente recibe. Después de eso hice lo que la mayoría de personas hicieron, buscar su trayectoria profesional en internet para saber quienes habían sido sus jefes. Cuando vi el nombre de Álvaro Uribe Vélez supe lo que se iba a venir, nuestros contradictores políticos se aprovecharían de la duda que sembró Claudia al no identificar a su agresor, para disparar sin misericordia contra el blanco preferido de muchos en este país.

Yo entiendo y defiendo el derecho que tiene Claudia de no identificar a su agresor hasta el momento en que ese derecho viola el derecho de un grupo de personas a su buen nombre. Recordemos el principio del derecho que dice que mi derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro. Y es que durante los días siguientes a la publicación del artículo a muchos colombianos se les ha despertado el Sherlock Holmes dormido para tratar a través de “pistas” identificar al agresor. Como estamos en época preelectoral y Álvaro Uribe pasó de ser el mejor presidente de la historia al mayor opositor del gobierno Santos y de su proceso de paz se ha convertido en el culpable conveniente para sus opositores.

Es por eso que le quiero hacer un llamado a Claudia para que deshaga el daño que ha hecho. Porque uno en calidad de víctima no puede darse el lujo de convertirse en victimario. Los exjefes que nada tuvieron que ver en esa horrible, horrible, horrible violación tienen derecho a que su nombre no esté vinculado con ese acto. En este momento lo único que es seguro es que mientras que los justos están en la mira, el pecador goza del total impunidad y permanece en el anonimato.

Yo conozco a Álvaro Uribe Vélez, soy una de las 59 personas que llamó a acompañarlo en la candidatura al Senado de la República. Su trato conmigo siempre ha sido de absoluto respeto y me atrevo a meter la mano en el fuego por él. El dolor que sentí por mi amiga de la infancia ahora lo estoy sintiendo por Uribe y su familia porque no hay derecho a tanta infamia.

@ANIABELLO_R

Cuando comenzó Facebook, como muchas otras personas, me puse en la tarea de buscar a las personas que en algún momento de mi vida fueron especiales y que por alguna circunstancia u otra había perdido el contacto con ellas. Como pasé parte de mi adolescencia en Canadá porque a mi padre le dieron un cargo diplomático en ese país le dediqué un tiempo a recuperar esas viejas amistades. Una de las amigas que nunca pude encontrar fue a la hija del Agregado Militar de la Embajada, un hombre bondadoso al que todos en mi familia recordamos con mucho cariño, el Coronel Morales. Claudia, su hija, se convirtió en una constante compañera de juegos para mi hermana Silvia y para mí.

El día que leí el artículo de Claudia Morales me llevé una gran sorpresa cuando caí en la cuenta de que la periodista y mi querida amiga de infancia eran una misma persona. Me sentí profundamente triste por ella, ninguna mujer debería pasar por lo que ella pasó y tratándose de una persona a la que le tuve tanto cariño profundiza aún más mi tristeza. Entendí sus razones para querer hablar de lo que le sucedió sin entrar en detalle de la identidad de “Él”, como ella se refiere a su agresor. Tan lo entendí que lo primero que me nació hacer fue enviarle un mensaje de apoyo por Twitter a sabiendas de que probablemente se perdería entre los centenares de notificaciones que seguramente recibe. Después de eso hice lo que la mayoría de personas hicieron, buscar su trayectoria profesional en internet para saber quienes habían sido sus jefes. Cuando vi el nombre de Álvaro Uribe Vélez supe lo que se iba a venir, nuestros contradictores políticos se aprovecharían de la duda que sembró Claudia al no identificar a su agresor, para disparar sin misericordia contra el blanco preferido de muchos en este país.

Yo entiendo y defiendo el derecho que tiene Claudia de no identificar a su agresor hasta el momento en que ese derecho viola el derecho de un grupo de personas a su buen nombre. Recordemos el principio del derecho que dice que mi derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro. Y es que durante los días siguientes a la publicación del artículo a muchos colombianos se les ha despertado el Sherlock Holmes dormido para tratar a través de “pistas” identificar al agresor. Como estamos en época preelectoral y Álvaro Uribe pasó de ser el mejor presidente de la historia al mayor opositor del gobierno Santos y de su proceso de paz se ha convertido en el culpable conveniente para sus opositores.

Es por eso que le quiero hacer un llamado a Claudia para que deshaga el daño que ha hecho. Porque uno en calidad de víctima no puede darse el lujo de convertirse en victimario. Los exjefes que nada tuvieron que ver en esa horrible, horrible, horrible violación tienen derecho a que su nombre no esté vinculado con ese acto. En este momento lo único que es seguro es que mientras que los justos están en la mira, el pecador goza del total impunidad y permanece en el anonimato.

Yo conozco a Álvaro Uribe Vélez, soy una de las 59 personas que llamó a acompañarlo en la candidatura al Senado de la República. Su trato conmigo siempre ha sido de absoluto respeto y me atrevo a meter la mano en el fuego por él. El dolor que sentí por mi amiga de la infancia ahora lo estoy sintiendo por Uribe y su familia porque no hay derecho a tanta infamia.

@ANIABELLO_R

 

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PETRO UN PELIGRO ;Y A QUIEN NADA SE LE PUEDE CREER

María Isabel Rueda   

Lo revelan como el peligro más grande que enfrenta electoralmente Colombia.

Con Petro no hay términos medios. O gusta o aterra. Para estos últimos, el alud de encuestas de este fin de semana, en las que Petro encabeza y viene al alza, lo revelan como el peligro más grande que enfrenta electoralmente Colombia.

Si las elecciones fueran hoy, sería uno de los dos que llegue a segunda vuelta. Pero no son totalmente claras todavía las razones de su repunte político, que tiene explicaciones desde lógicas hasta contradictorias.

Por ejemplo, que Bogotá sea hoy uno de sus fortines electorales, a pesar de su desastroso paso por la alcaldía, es una de las segundas.

Sin ir más lejos, esta misma semana, los bogotanos hemos tenido que sufrir las consecuencias de uno de sus peores desatinos. Paro de recolectores de basura del esquema que Petro nos montó, a un elevadísimo grado de improvisación. Peñalosa tuvo que decretar la emergencia sanitaria. Los recolectores de basura se rebotaron porque el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó desmontar el servicio de recolección de basuras que maneja el Acueducto a través de su filial Aguas de Bogotá, a la que Petro, a dedo y pasando por encima de la ley, que no permitía modificar sus estatutos, la puso a recoger basuras. Por esa equivocada decisión, el Acueducto ha tenido que pagar más de 76.000 millones en multas. Los tres días de emergencia sanitaria en la era Petro le costaron a Bogotá 37.000 millones. Aguas de Bogotá, empresa quebrada y en vías de liquidación antes de ser convertida por Petro en su laboratorio de ensayos de basura, tiene 19 sindicatos y 3.200 funcionarios que deben ser contratados por los operadores privados, luego de que se hizo por fin la licitación de aseo que Samuel Moreno no hizo, y a la que Petro le mamó gallo para montar su experimento.

Pero un sector de estos sindicatos no quiere entregar su hoja de vida a las empresas privadas. Son evidentes sus motivos políticos: crearle caos a Peñalosa, parando la recolección de basuras. Si uno se pone a escuchar sus arengas, con frecuencia aparece el nombre del laboratorista. Él sabe perfectamente, por lo demás, que mientras peor le vaya a Peñalosa, por el alto costo de reversar medidas populistas y antitécnicas de Petro, como rebajar la tarifa de TransMilenio, pues mejor le va a él como aspirante presidencial. El otro día le escuché decir a una manicurista que iba a votar por Petro porque a él sí le gustan los pobres y les rebajó el TransMilenio, mientras que Peñalosa subió las tarifas porque los buses son suyos.

Peñalosa es, pues, injustamente, una de las razones de la fortaleza de Petro. Pero no la única. La decisión de Ordóñez, que no pudo sostenerse, en la que destituía al alcalde y le quitaba sus derechos políticos, sacó la más exitosa faceta de su personalidad: la genialidad con la que se victimiza. Hasta la caída de la hoja de un árbol es capaz de achacársela a un complot. El ejercicio de llenar tantas veces la plaza de Bolívar para hablar en su defensa desde el balcón de la alcaldía lo fue volviendo un poco leyenda. Ahí se veía, erguido, el hombre al que querían tumbar, no por haberse saltado la ley y creado un desangre financiero y un caos administrativo a la ciudad, sino para frenar el cambio social y ponerle una zancadilla a la revolución que encabeza.

A eso súmenle la forma tan hábil como un hombre que vivió la gran mayoría de su niñez y juventud en Zipaquirá ha logrado convencer a la Costa de este país de que es uno de sus hijos.

Y además de ser extraordinariamente hábil en la oratoria, ha demostrado serlo en la filigrana política. En la pelea del Polo entre Clara y Robledo, ganó Petro. Es decir, Clara dejó sus votos hipotecados en las Listas por la Decencia que comparte con Petro para el Congreso; mientras los votos de Robledo y de Cepeda no quieren fluir hacia Fajardo, al que no ven como un candidato de izquierda y prefieren a Petro. Quien, de paso, es quizás el único de los actuales candidatos, tal vez con Piedad y las Farc, condescendiente con el régimen de Maduro.

Si Petro pasa a segunda vuelta, quienes lo ven con terror y no quieren ver ya no a Bogotá, sino al país, convertido en el nuevo y gigantesco laboratorio de basuras de Petro deberían comenzar a pensar en lo que sigue: decidir cuál de todos los candidatos es el más caracterizado anti-Petro en todos los aspectos, y votar por él.

Entre tanto… Nos quieren convencer de que la inseguridad en las ciudades es la misma, solo que ahora que estamos en paz con las Farc se ve más.

MARÍA ISABEL RUEDA

 

 

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CAOS EN COLOMBIA Y HORROR EN VENEZUELA

Plinio Apuleyo Mendoza

El régimen de Maduro es visto en todo el ámbito internacional como una dictadura.

No obstante los diarios y optimistas anuncios del presidente Santos, caos es lo que está viviendo hoy Colombia. No se puede decir lo mismo de Venezuela.

Allí lo que era caos se convirtió en horror. Durante mucho tiempo la escasez obligaba a los ciudadanos, sin distinción de clase, a hacer interminables colas para comprar esenciales artículos de nutrición e higiene. Ahora, según las más recientes noticias que nos llegan, en muchas zonas del país la penuria ocasiona saqueos de los desabastecidos comercios de alimentos y medicinas que aún abren sus puertas.

La persona que con más acierto y rigor ha seguido la pista de este desastre es Pedro Carmona, ilustre venezolano, economista y catedrático, asilado en Colombia desde hace quince años, quien acaba de mostrarnos en un nutrido blog el horror que vive su país.

Venezuela, como es sabido, registra la inflación más alta del mundo, y la deuda pública alcanza el 97 % del PIB. Carmona nos señala en su informe las consecuencias no bien conocidas en el exterior de este monumental desbarajuste económico. Con un salario mínimo que apenas sobrepasa los cuatro dólares mensuales y que ni siquiera alcanza para comprar una cubeta de huevos, el 75 % de la población vive una real penuria. Un millón doscientos mil venezolanos sufren una crónica desnutrición. Por otra parte, la salud está en quiebra con 300 hospitales públicos que solo cuentan con un 3 % de los insumos requeridos y un faltante del 81 % de material quirúrgico. No hay medicinas para la hipertensión o la diabetes, y algo más grave aún: los antibióticos son inaccesibles. Como consecuencia de estas falencias, el 33 % de la población infantil sufre retardos físicos y mentales. Debido a que los ingresos del 80 % de la población se sitúan por debajo de la línea de pobreza y la iniciativa privada ha sufrido duros golpes, la clase media se pauperiza.

Es la igualdad social que el régimen señala como uno de los objetivos del socialismo del siglo XXI (solo que es una igualdad hacia abajo lograda por la extensión de la pobreza). Para huir de tal situación, cerca de tres millones de venezolanos han tomado camino del exilio. Nunca en la historia del país se había visto una diáspora tan monumental.

La verdad es que a este horror no se le ve hoy una pronta salida. La oposición se encuentra fraccionada, y el diálogo en la República Dominicana no parece culminar en un acuerdo aceptable. El régimen de Maduro es visto en todo el ámbito internacional como una dictadura bajo la recia tutela de Cuba.

Colombia no vive ese infierno, pero tampoco el cielo que nos pinta Santos. El país afronta un caos de problemas no resueltos que terminan ensombreciendo su inmediato futuro. El primero de ellos es la corrupción, cuyas ollas podridas contaminan todos los ámbitos del poder público, incluso a altos magistrados de la justicia. Otros hechos que anulan nuestros sueños de paz: la realidad que están viviendo Tumaco, Urabá y las zonas dejadas por las Farc ahora en manos de sus disidentes, del Eln y las bandas criminales, asociadas todas al narcotráfico; los asesinatos sistemáticos de líderes sociales y de la Fuerza Pública; los salvajes atentados a la población y a los oleoductos por parte del Eln horas después del cese del fuego, y la amenaza de continuarlos.

Sumemos a estos desastres la dura situación económica que padece el país tras el desbordado gasto público. Todo esto ha producido un mínimo crecimiento del PIB, el aumento del IVA y las cargas tributarias, el alza de los precios y la baja del consumo, así como desaliento en la inversión extranjera.

Finalmente, el descrédito de la clase política y el quiebre de los viejos partidos ha producido en los electores un hirviente descontento que trata de ser aprovechado por la multiplicidad nunca antes vista de candidatos. El escepticismo y la duda rondan las próximas elecciones presidenciales. Es apenas una punta de iceberg. Es decir, del caos que estamos empezando a vivir.

PLINIO APULEYO MENDOZA

 

 

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PÁGINAS WEB PARA USTED........
 

Agenda de partidos

Polo Democrático
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FUNDADO en el año 2.oo2; lo integraron el POLO DEMOCRATICO INDEPENDIENTE Y ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA y tuvo sus raices en la ANAPO, LA UNIÓN...
Partido Social de Unidad
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FUNDADO en el año 2005 por CARLOS IGNACIO CUERVO,JUAN MANUEL SANTOS Y OSCAR IVAN ZULUAGA,como neoliberal y una disidencia del partido LIBERAL....
Partido Verde
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FUNDADO el 2 de octubre de 2.009,con el nombre de PARTIDO VERDE OPCION CENTRO,funcionando con personería  de ALIANZA DEMOCRATICA M19;y el 26 de...
Partido Cambio Radical
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Empezó a dar sus primeros pasos en1998 como una disidencia del Partido Liberal;y en 2.002 integró la coalición que apoyó al expresidente ALVARO...
Partido Liberal
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FUNDADO EN 1.849 por Don EZEQUIEL ROJAS ;y ha modificado en varias épocas sus princópios ideológicos. HOY DEFIENDE :una democrácia de centro...
Partido Conservador
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EL CONSERVATISMO COLOMBIANO,ES UN PARTIDO ESTABLE,NO PERSONALISTA,CON UN PROGRAMA IDEOLOGICO Y POLITICO DE 1O PRINCIPIOS Y 8...
Centro Democrático
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EL CENTRO DEMOCRATICO COLOMBIANO ES UN PARTIDO PERSONALISTA CON JEFE NATURAL Y SIN PROGRAMA DE PRINCIPIOS IDEOLOGICOS Y POLITICOS,FIJOS Y ESBLECIDOS....

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33
GUSTAVO PETRO,sin religiòn,izquierdista,socialista del Siglo XXI y chavista,se autodenomina progresista;y con vicepresidente izquierdista de los Verdes Angela Marìa Robledo
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