Miércoles 23 de Mayo de 2018
Verdades Confirmadas

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EL ELN COMO SIEMPRE DESTRUYENDO Y ASESINANDO

RUEDA MARIA

 
14 de enero 2018 , 01:41 a.m.
 

En los últimos años, el Eln ha acostumbrado a decretar ceses del fuego unilaterales pasajeros en diciembre para tomarse sus vacaciones de Navidad y Año Nuevo. Y ya entrado enero, regresa al ataque, con especial virulencia, para que se note que duró un mes calmado.

 

¿Qué ha cambiado esta vez? Pactó el mismo cese del fuego decembrino temporal, solo que bilateral. Sin que el Eln se hubiera comprometido a dejar de secuestrar, reclutar menores o desplazar poblaciones, el Estado pactó su capacidad ofensiva. El Eln disculpa los más de 20 rompimientos de la tregua que hubo, según los verificadores, con la excusa de que el Ejército incursiona en sus territorios, como si eso fuera un delito y no un deber contra la delincuencia. Y bien muerto que está el gobernador indígena, que supuestamente forcejeó para liberarse de sus captores, solo que el tiro lo recibió por la espalda. 

A eso el Gobierno lo llama un cese del fuego imperfecto, y nos trata de vender la idea de que es mejor que una guerra perfecta. Es una modalidad que permite que el Eln siga delinquiendo, que está pactada bajo plazo y cuyo vencimiento vuelve y conduce, como siempre e inexorablemente, a un ataque desbocado del Eln contra la infraestructura y la Fuerza Pública, cobardemente acribillada con francotiradores y emboscada con granadas. Así de imperfecto es, si me entienden. Es decir, bastante imperfecto. Muy imperfecto.

¿Que si funcionó el cese del fuego temporal?, le preguntan en La W al general Alberto Mejía, comandante de las Fuerzas Militares. “No me corresponde a mí decir si funcionó o no”, dice. “Para eso hay un nivel político y estratégico, y unos negociadores”. Pero niega rotundamente la posibilidad de que el Eln se haya rearmado durante este período, sin despejar las dudas con respecto al incremento de sus actividades ilegales.

¿En qué estamos hoy? En que ante el desafío del Eln, con todos sus fierros, el Gobierno llama a sus negociadores, estos hacen el ‘show’ de devolverse a Bogotá, pero de inmediato ofrecen seguir negociando ceses del fuego bilaterales temporales. Y en Quito la mesa no avanza. Muy probablemente no lo hará a corto plazo porque ya no le queda tiempo a este gobierno para llegar a un acuerdo definitivo. Solo para estirar la situación con ayuda de la presión de las Naciones Unidas, para que el próximo gobierno vea qué hace con lo que le dejan imperfectamente acordado.

La aterrada debe ser la comunidad internacional, que estaba absolutamente convencida de que en Colombia ya se había firmado la paz. Los regueros de petróleo por la naturaleza inerme no solo deben impactarnos a los colombianos, porque van por los ríos y al mar. Y conociendo la debilidad del presidente Santos por lo que de él opinan fuera de Colombia, lo que viene con el Eln podría concederlo con ese particular afán. Quedaría muy mal que el nobel de paz saliera de la presidencia con el Nobel, pero sin la paz. Y de pronto se le dañan los planes que, según dice, le ofreció el expresidente Obama para trabajar juntos.

El mejor ejemplo de lo mal negociado que está el cese bilateral es la reacción del gobernador de Arauca, Ricardo Alvarado, para quien la forma como el Eln acribilló a dos policías hijos de su departamento no fue un acto de guerra, sino un vil asesinato. Los sicarios se refugiaron en la vecina Venezuela. El gobernador, quien no niega la sensatez de sentarse a negociar con el Eln en circunstancias apropiadas, abre la duda de que el alto el fuego sí se ha utilizado como elemento distractor en períodos en los que el Eln ahonda sus estrategias. Le pide al Gobierno que no sea negociable con esta guerrilla ejercer la autoridad y realizar acciones militares y de inteligencia –que el general Mejía asegura nunca haber abandonado–, “para que los irregulares no crean que a punta de bala van a cambiar el mundo”. 

Claro que el ministro de Defensa tampoco ayuda. Dijo que esta negociación con el Eln iba a ser muchísimo más difícil que con las Farc. Y lo primero que pasa cuando uno habla tanto y dice eso es que la negociación automáticamente se vuelve más difícil. De lo imperfecta que sea la negociación con el Eln en lo que resta de este gobierno será el tamaño de la tajada que el Eln pretenderá sacarle al siguiente.

Entre tanto… Mejor que César Ocampo, exdirector de Colciencias, vuelva al aeroespacio y a la astrodinámica. Por ordenar la contratación de la entidad lo sacaron de órbita.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
14 de enero 2018 , 01:41 a.m.
 

En los últimos años, el Eln ha acostumbrado a decretar ceses del fuego unilaterales pasajeros en diciembre para tomarse sus vacaciones de Navidad y Año Nuevo. Y ya entrado enero, regresa al ataque, con especial virulencia, para que se note que duró un mes calmado.

 

¿Qué ha cambiado esta vez? Pactó el mismo cese del fuego decembrino temporal, solo que bilateral. Sin que el Eln se hubiera comprometido a dejar de secuestrar, reclutar menores o desplazar poblaciones, el Estado pactó su capacidad ofensiva. El Eln disculpa los más de 20 rompimientos de la tregua que hubo, según los verificadores, con la excusa de que el Ejército incursiona en sus territorios, como si eso fuera un delito y no un deber contra la delincuencia. Y bien muerto que está el gobernador indígena, que supuestamente forcejeó para liberarse de sus captores, solo que el tiro lo recibió por la espalda. 

A eso el Gobierno lo llama un cese del fuego imperfecto, y nos trata de vender la idea de que es mejor que una guerra perfecta. Es una modalidad que permite que el Eln siga delinquiendo, que está pactada bajo plazo y cuyo vencimiento vuelve y conduce, como siempre e inexorablemente, a un ataque desbocado del Eln contra la infraestructura y la Fuerza Pública, cobardemente acribillada con francotiradores y emboscada con granadas. Así de imperfecto es, si me entienden. Es decir, bastante imperfecto. Muy imperfecto.

¿Que si funcionó el cese del fuego temporal?, le preguntan en La W al general Alberto Mejía, comandante de las Fuerzas Militares. “No me corresponde a mí decir si funcionó o no”, dice. “Para eso hay un nivel político y estratégico, y unos negociadores”. Pero niega rotundamente la posibilidad de que el Eln se haya rearmado durante este período, sin despejar las dudas con respecto al incremento de sus actividades ilegales.

¿En qué estamos hoy? En que ante el desafío del Eln, con todos sus fierros, el Gobierno llama a sus negociadores, estos hacen el ‘show’ de devolverse a Bogotá, pero de inmediato ofrecen seguir negociando ceses del fuego bilaterales temporales. Y en Quito la mesa no avanza. Muy probablemente no lo hará a corto plazo porque ya no le queda tiempo a este gobierno para llegar a un acuerdo definitivo. Solo para estirar la situación con ayuda de la presión de las Naciones Unidas, para que el próximo gobierno vea qué hace con lo que le dejan imperfectamente acordado.

La aterrada debe ser la comunidad internacional, que estaba absolutamente convencida de que en Colombia ya se había firmado la paz. Los regueros de petróleo por la naturaleza inerme no solo deben impactarnos a los colombianos, porque van por los ríos y al mar. Y conociendo la debilidad del presidente Santos por lo que de él opinan fuera de Colombia, lo que viene con el Eln podría concederlo con ese particular afán. Quedaría muy mal que el nobel de paz saliera de la presidencia con el Nobel, pero sin la paz. Y de pronto se le dañan los planes que, según dice, le ofreció el expresidente Obama para trabajar juntos.

El mejor ejemplo de lo mal negociado que está el cese bilateral es la reacción del gobernador de Arauca, Ricardo Alvarado, para quien la forma como el Eln acribilló a dos policías hijos de su departamento no fue un acto de guerra, sino un vil asesinato. Los sicarios se refugiaron en la vecina Venezuela. El gobernador, quien no niega la sensatez de sentarse a negociar con el Eln en circunstancias apropiadas, abre la duda de que el alto el fuego sí se ha utilizado como elemento distractor en períodos en los que el Eln ahonda sus estrategias. Le pide al Gobierno que no sea negociable con esta guerrilla ejercer la autoridad y realizar acciones militares y de inteligencia –que el general Mejía asegura nunca haber abandonado–, “para que los irregulares no crean que a punta de bala van a cambiar el mundo”. 

Claro que el ministro de Defensa tampoco ayuda. Dijo que esta negociación con el Eln iba a ser muchísimo más difícil que con las Farc. Y lo primero que pasa cuando uno habla tanto y dice eso es que la negociación automáticamente se vuelve más difícil. De lo imperfecta que sea la negociación con el Eln en lo que resta de este gobierno será el tamaño de la tajada que el Eln pretenderá sacarle al siguiente.

Entre tanto… Mejor que César Ocampo, exdirector de Colciencias, vuelva al aeroespacio y a la astrodinámica. Por ordenar la contratación de la entidad lo sacaron de órbita.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
14 de enero 2018 , 01:41 a.m.
 

En los últimos años, el Eln ha acostumbrado a decretar ceses del fuego unilaterales pasajeros en diciembre para tomarse sus vacaciones de Navidad y Año Nuevo. Y ya entrado enero, regresa al ataque, con especial virulencia, para que se note que duró un mes calmado.

 

¿Qué ha cambiado esta vez? Pactó el mismo cese del fuego decembrino temporal, solo que bilateral. Sin que el Eln se hubiera comprometido a dejar de secuestrar, reclutar menores o desplazar poblaciones, el Estado pactó su capacidad ofensiva. El Eln disculpa los más de 20 rompimientos de la tregua que hubo, según los verificadores, con la excusa de que el Ejército incursiona en sus territorios, como si eso fuera un delito y no un deber contra la delincuencia. Y bien muerto que está el gobernador indígena, que supuestamente forcejeó para liberarse de sus captores, solo que el tiro lo recibió por la espalda. 

A eso el Gobierno lo llama un cese del fuego imperfecto, y nos trata de vender la idea de que es mejor que una guerra perfecta. Es una modalidad que permite que el Eln siga delinquiendo, que está pactada bajo plazo y cuyo vencimiento vuelve y conduce, como siempre e inexorablemente, a un ataque desbocado del Eln contra la infraestructura y la Fuerza Pública, cobardemente acribillada con francotiradores y emboscada con granadas. Así de imperfecto es, si me entienden. Es decir, bastante imperfecto. Muy imperfecto.

¿Que si funcionó el cese del fuego temporal?, le preguntan en La W al general Alberto Mejía, comandante de las Fuerzas Militares. “No me corresponde a mí decir si funcionó o no”, dice. “Para eso hay un nivel político y estratégico, y unos negociadores”. Pero niega rotundamente la posibilidad de que el Eln se haya rearmado durante este período, sin despejar las dudas con respecto al incremento de sus actividades ilegales.

¿En qué estamos hoy? En que ante el desafío del Eln, con todos sus fierros, el Gobierno llama a sus negociadores, estos hacen el ‘show’ de devolverse a Bogotá, pero de inmediato ofrecen seguir negociando ceses del fuego bilaterales temporales. Y en Quito la mesa no avanza. Muy probablemente no lo hará a corto plazo porque ya no le queda tiempo a este gobierno para llegar a un acuerdo definitivo. Solo para estirar la situación con ayuda de la presión de las Naciones Unidas, para que el próximo gobierno vea qué hace con lo que le dejan imperfectamente acordado.

La aterrada debe ser la comunidad internacional, que estaba absolutamente convencida de que en Colombia ya se había firmado la paz. Los regueros de petróleo por la naturaleza inerme no solo deben impactarnos a los colombianos, porque van por los ríos y al mar. Y conociendo la debilidad del presidente Santos por lo que de él opinan fuera de Colombia, lo que viene con el Eln podría concederlo con ese particular afán. Quedaría muy mal que el nobel de paz saliera de la presidencia con el Nobel, pero sin la paz. Y de pronto se le dañan los planes que, según dice, le ofreció el expresidente Obama para trabajar juntos.

El mejor ejemplo de lo mal negociado que está el cese bilateral es la reacción del gobernador de Arauca, Ricardo Alvarado, para quien la forma como el Eln acribilló a dos policías hijos de su departamento no fue un acto de guerra, sino un vil asesinato. Los sicarios se refugiaron en la vecina Venezuela. El gobernador, quien no niega la sensatez de sentarse a negociar con el Eln en circunstancias apropiadas, abre la duda de que el alto el fuego sí se ha utilizado como elemento distractor en períodos en los que el Eln ahonda sus estrategias. Le pide al Gobierno que no sea negociable con esta guerrilla ejercer la autoridad y realizar acciones militares y de inteligencia –que el general Mejía asegura nunca haber abandonado–, “para que los irregulares no crean que a punta de bala van a cambiar el mundo”. 

Claro que el ministro de Defensa tampoco ayuda. Dijo que esta negociación con el Eln iba a ser muchísimo más difícil que con las Farc. Y lo primero que pasa cuando uno habla tanto y dice eso es que la negociación automáticamente se vuelve más difícil. De lo imperfecta que sea la negociación con el Eln en lo que resta de este gobierno será el tamaño de la tajada que el Eln pretenderá sacarle al siguiente.

Entre tanto… Mejor que César Ocampo, exdirector de Colciencias, vuelva al aeroespacio y a la astrodinámica. Por ordenar la contratación de la entidad lo sacaron de órbita.

MARÍA ISABEL RUEDA

 

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EL ESPEJO VENEZOLANO QUE NOS ESPERA

mauricio-vargas

 
14 de enero 2018 , 01:48 a.m.
 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, salió esta semana a decir que miles de colombianos pasan a diario hacia su país para ser atendidos por el sistema público de salud, porque en Colombia no funcionan esos servicios. El presidente Juan Manuel Santos le ripostó duro, con razón, pues hace falta mucha cachaza para negar, como Maduro pretende, que la economía de Venezuela, incluidos servicios como la salud, ha colapsado. Y no es que en Colombia el asunto de la salud vaya de maravilla, pero de seguro marcha mucho mejor, como casi todo lo demás.

 

La inflación en Venezuela, que era del 320 % hace unos meses, ya supera el 2.000 %. El desempleo sobrepasó en 2017 el 21 % y la pobreza, que decreció en los cinco primeros años de Hugo Chávez gracias a la bonanza petrolera, lleva ya medio decenio al alza: hace poco menos de un año, un estudio reveló que 82 % de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, con más del 50 % en niveles de pobreza extrema. La tasa de homicidios, que era de 20 por cada 100.000 habitantes, llegó a 70. Millones de venezolanos no solo viven con hambre, sino muertos de miedo. Por eso, y porque mientras esto ocurre un puñado de privilegiados del chavismo que han saqueado las arcas públicas se pasean en jets privados, con Rolex de 50.000 dólares y cuentas de millones y millones en los paraísos fiscales, el cinismo de Maduro raya en lo criminal.

En Colombia, las cosas no van de maravilla. Pero la inflación ronda el 4 %, el desempleo está por debajo del 10 %, la pobreza bajó en 15 años de 50 a menos de 30% (lo que sigue siendo alto, pero la tendencia es positiva) y la tasa de homicidios tuvo exactamente la evolución inversa en 20 años: bajó de 70 por cada 100.000 habitantes a poco más de 20, que aún es mucho. En cuanto a la corrupción, aquí los saqueadores del tesoro público no se quedan atrás, pero, aun si uno suma todos los escándalos conocidos, no hay manera de llegar a la forma como se esfumaron de Venezuela 500.000 millones de dólares de la bonanza petrolera.

Esta comparación no es para que los colombianos saquemos pecho, pues aquí hay mucho lío que resolver y algunos –como el de la corrupción– tienden a agravarse, pero sí para que nos miremos en el espejo venezolano y nos sirva de advertencia, ahora que llegan las elecciones presidenciales y, entre las opciones del tarjetón, hay algunas con un innegable tufo chavista. No es exagerado decir que Gustavo Petro, el presidenciable del Movimiento Progresistas, es afín a esa línea programática. Lo mismo se puede predicar del candidato que vayan a lanzar las Farc y de las aspirantes Piedad Córdoba y Clara López.

En lo personal, estoy convencido de que el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo está muy lejos, lejísimos, de esa línea ideológica. Pero no así sus socios del Polo Democrático, un partido liderado por políticos de formación marxista como el senador Jorge Robledo. Para vacunarse contra esos temores, en uno de los pocos puntos claros de su etéreo programa, Fajardo ha dicho que no piensa tocar la propiedad privada. Suena bien, pero vale recordar que eso mismo decía Hugo Chávez en la campaña electoral que lo llevó al poder en 1998.

No digo que lo anterior haga buenas, por sí solas, a las demás opciones, como Iván Duque, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez o Juan Carlos Pinzón –quien, a pesar de no marcar mucho en las encuestas, ha hecho una campaña seria–. No votaré en las presidenciales por uno de ellos solo porque no sea chavista: para convencerme hará falta mucho más en materia de propuestas concretas y compromisos, incluido el de la anticorrupción. Pero, hecha esta aclaración, a la hora de pensar en el voto resulta de gran utilidad mirarse en el espejo de Venezuela y aprender las lecciones que se derivan de semejante tragedia.

 
14 de enero 2018 , 01:48 a.m.
 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, salió esta semana a decir que miles de colombianos pasan a diario hacia su país para ser atendidos por el sistema público de salud, porque en Colombia no funcionan esos servicios. El presidente Juan Manuel Santos le ripostó duro, con razón, pues hace falta mucha cachaza para negar, como Maduro pretende, que la economía de Venezuela, incluidos servicios como la salud, ha colapsado. Y no es que en Colombia el asunto de la salud vaya de maravilla, pero de seguro marcha mucho mejor, como casi todo lo demás.

 

La inflación en Venezuela, que era del 320 % hace unos meses, ya supera el 2.000 %. El desempleo sobrepasó en 2017 el 21 % y la pobreza, que decreció en los cinco primeros años de Hugo Chávez gracias a la bonanza petrolera, lleva ya medio decenio al alza: hace poco menos de un año, un estudio reveló que 82 % de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, con más del 50 % en niveles de pobreza extrema. La tasa de homicidios, que era de 20 por cada 100.000 habitantes, llegó a 70. Millones de venezolanos no solo viven con hambre, sino muertos de miedo. Por eso, y porque mientras esto ocurre un puñado de privilegiados del chavismo que han saqueado las arcas públicas se pasean en jets privados, con Rolex de 50.000 dólares y cuentas de millones y millones en los paraísos fiscales, el cinismo de Maduro raya en lo criminal.

En Colombia, las cosas no van de maravilla. Pero la inflación ronda el 4 %, el desempleo está por debajo del 10 %, la pobreza bajó en 15 años de 50 a menos de 30% (lo que sigue siendo alto, pero la tendencia es positiva) y la tasa de homicidios tuvo exactamente la evolución inversa en 20 años: bajó de 70 por cada 100.000 habitantes a poco más de 20, que aún es mucho. En cuanto a la corrupción, aquí los saqueadores del tesoro público no se quedan atrás, pero, aun si uno suma todos los escándalos conocidos, no hay manera de llegar a la forma como se esfumaron de Venezuela 500.000 millones de dólares de la bonanza petrolera.

Esta comparación no es para que los colombianos saquemos pecho, pues aquí hay mucho lío que resolver y algunos –como el de la corrupción– tienden a agravarse, pero sí para que nos miremos en el espejo venezolano y nos sirva de advertencia, ahora que llegan las elecciones presidenciales y, entre las opciones del tarjetón, hay algunas con un innegable tufo chavista. No es exagerado decir que Gustavo Petro, el presidenciable del Movimiento Progresistas, es afín a esa línea programática. Lo mismo se puede predicar del candidato que vayan a lanzar las Farc y de las aspirantes Piedad Córdoba y Clara López.

En lo personal, estoy convencido de que el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo está muy lejos, lejísimos, de esa línea ideológica. Pero no así sus socios del Polo Democrático, un partido liderado por políticos de formación marxista como el senador Jorge Robledo. Para vacunarse contra esos temores, en uno de los pocos puntos claros de su etéreo programa, Fajardo ha dicho que no piensa tocar la propiedad privada. Suena bien, pero vale recordar que eso mismo decía Hugo Chávez en la campaña electoral que lo llevó al poder en 1998.

No digo que lo anterior haga buenas, por sí solas, a las demás opciones, como Iván Duque, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez o Juan Carlos Pinzón –quien, a pesar de no marcar mucho en las encuestas, ha hecho una campaña seria–. No votaré en las presidenciales por uno de ellos solo porque no sea chavista: para convencerme hará falta mucho más en materia de propuestas concretas y compromisos, incluido el de la anticorrupción. Pero, hecha esta aclaración, a la hora de pensar en el voto resulta de gran utilidad mirarse en el espejo de Venezuela y aprender las lecciones que se derivan de semejante tragedia.

 
14 de enero 2018 , 01:48 a.m.
 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, salió esta semana a decir que miles de colombianos pasan a diario hacia su país para ser atendidos por el sistema público de salud, porque en Colombia no funcionan esos servicios. El presidente Juan Manuel Santos le ripostó duro, con razón, pues hace falta mucha cachaza para negar, como Maduro pretende, que la economía de Venezuela, incluidos servicios como la salud, ha colapsado. Y no es que en Colombia el asunto de la salud vaya de maravilla, pero de seguro marcha mucho mejor, como casi todo lo demás.

 

La inflación en Venezuela, que era del 320 % hace unos meses, ya supera el 2.000 %. El desempleo sobrepasó en 2017 el 21 % y la pobreza, que decreció en los cinco primeros años de Hugo Chávez gracias a la bonanza petrolera, lleva ya medio decenio al alza: hace poco menos de un año, un estudio reveló que 82 % de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, con más del 50 % en niveles de pobreza extrema. La tasa de homicidios, que era de 20 por cada 100.000 habitantes, llegó a 70. Millones de venezolanos no solo viven con hambre, sino muertos de miedo. Por eso, y porque mientras esto ocurre un puñado de privilegiados del chavismo que han saqueado las arcas públicas se pasean en jets privados, con Rolex de 50.000 dólares y cuentas de millones y millones en los paraísos fiscales, el cinismo de Maduro raya en lo criminal.

En Colombia, las cosas no van de maravilla. Pero la inflación ronda el 4 %, el desempleo está por debajo del 10 %, la pobreza bajó en 15 años de 50 a menos de 30% (lo que sigue siendo alto, pero la tendencia es positiva) y la tasa de homicidios tuvo exactamente la evolución inversa en 20 años: bajó de 70 por cada 100.000 habitantes a poco más de 20, que aún es mucho. En cuanto a la corrupción, aquí los saqueadores del tesoro público no se quedan atrás, pero, aun si uno suma todos los escándalos conocidos, no hay manera de llegar a la forma como se esfumaron de Venezuela 500.000 millones de dólares de la bonanza petrolera.

Esta comparación no es para que los colombianos saquemos pecho, pues aquí hay mucho lío que resolver y algunos –como el de la corrupción– tienden a agravarse, pero sí para que nos miremos en el espejo venezolano y nos sirva de advertencia, ahora que llegan las elecciones presidenciales y, entre las opciones del tarjetón, hay algunas con un innegable tufo chavista. No es exagerado decir que Gustavo Petro, el presidenciable del Movimiento Progresistas, es afín a esa línea programática. Lo mismo se puede predicar del candidato que vayan a lanzar las Farc y de las aspirantes Piedad Córdoba y Clara López.

En lo personal, estoy convencido de que el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo está muy lejos, lejísimos, de esa línea ideológica. Pero no así sus socios del Polo Democrático, un partido liderado por políticos de formación marxista como el senador Jorge Robledo. Para vacunarse contra esos temores, en uno de los pocos puntos claros de su etéreo programa, Fajardo ha dicho que no piensa tocar la propiedad privada. Suena bien, pero vale recordar que eso mismo decía Hugo Chávez en la campaña electoral que lo llevó al poder en 1998.

No digo que lo anterior haga buenas, por sí solas, a las demás opciones, como Iván Duque, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez o Juan Carlos Pinzón –quien, a pesar de no marcar mucho en las encuestas, ha hecho una campaña seria–. No votaré en las presidenciales por uno de ellos solo porque no sea chavista: para convencerme hará falta mucho más en materia de propuestas concretas y compromisos, incluido el de la anticorrupción. Pero, hecha esta aclaración, a la hora de pensar en el voto resulta de gran utilidad mirarse en el espejo de Venezuela y aprender las lecciones que se derivan de semejante tragedia.

 
14 de enero 2018 , 01:48 a.m.
 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, salió esta semana a decir que miles de colombianos pasan a diario hacia su país para ser atendidos por el sistema público de salud, porque en Colombia no funcionan esos servicios. El presidente Juan Manuel Santos le ripostó duro, con razón, pues hace falta mucha cachaza para negar, como Maduro pretende, que la economía de Venezuela, incluidos servicios como la salud, ha colapsado. Y no es que en Colombia el asunto de la salud vaya de maravilla, pero de seguro marcha mucho mejor, como casi todo lo demás.

 

La inflación en Venezuela, que era del 320 % hace unos meses, ya supera el 2.000 %. El desempleo sobrepasó en 2017 el 21 % y la pobreza, que decreció en los cinco primeros años de Hugo Chávez gracias a la bonanza petrolera, lleva ya medio decenio al alza: hace poco menos de un año, un estudio reveló que 82 % de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, con más del 50 % en niveles de pobreza extrema. La tasa de homicidios, que era de 20 por cada 100.000 habitantes, llegó a 70. Millones de venezolanos no solo viven con hambre, sino muertos de miedo. Por eso, y porque mientras esto ocurre un puñado de privilegiados del chavismo que han saqueado las arcas públicas se pasean en jets privados, con Rolex de 50.000 dólares y cuentas de millones y millones en los paraísos fiscales, el cinismo de Maduro raya en lo criminal.

En Colombia, las cosas no van de maravilla. Pero la inflación ronda el 4 %, el desempleo está por debajo del 10 %, la pobreza bajó en 15 años de 50 a menos de 30% (lo que sigue siendo alto, pero la tendencia es positiva) y la tasa de homicidios tuvo exactamente la evolución inversa en 20 años: bajó de 70 por cada 100.000 habitantes a poco más de 20, que aún es mucho. En cuanto a la corrupción, aquí los saqueadores del tesoro público no se quedan atrás, pero, aun si uno suma todos los escándalos conocidos, no hay manera de llegar a la forma como se esfumaron de Venezuela 500.000 millones de dólares de la bonanza petrolera.

Esta comparación no es para que los colombianos saquemos pecho, pues aquí hay mucho lío que resolver y algunos –como el de la corrupción– tienden a agravarse, pero sí para que nos miremos en el espejo venezolano y nos sirva de advertencia, ahora que llegan las elecciones presidenciales y, entre las opciones del tarjetón, hay algunas con un innegable tufo chavista. No es exagerado decir que Gustavo Petro, el presidenciable del Movimiento Progresistas, es afín a esa línea programática. Lo mismo se puede predicar del candidato que vayan a lanzar las Farc y de las aspirantes Piedad Córdoba y Clara López.

En lo personal, estoy convencido de que el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo está muy lejos, lejísimos, de esa línea ideológica. Pero no así sus socios del Polo Democrático, un partido liderado por políticos de formación marxista como el senador Jorge Robledo. Para vacunarse contra esos temores, en uno de los pocos puntos claros de su etéreo programa, Fajardo ha dicho que no piensa tocar la propiedad privada. Suena bien, pero vale recordar que eso mismo decía Hugo Chávez en la campaña electoral que lo llevó al poder en 1998.

No digo que lo anterior haga buenas, por sí solas, a las demás opciones, como Iván Duque, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez o Juan Carlos Pinzón –quien, a pesar de no marcar mucho en las encuestas, ha hecho una campaña seria–. No votaré en las presidenciales por uno de ellos solo porque no sea chavista: para convencerme hará falta mucho más en materia de propuestas concretas y compromisos, incluido el de la anticorrupción. Pero, hecha esta aclaración, a la hora de pensar en el voto resulta de gran utilidad mirarse en el espejo de Venezuela y aprender las lecciones que se derivan de semejante tragedia.

 

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EL ACUERDO DE LA IZQUIERDA POR COLOMBIA SIN NADA NUEVO

RUEDA MARIA

 
07 de enero 2018 , 01:32 a.m.
 

A medida que avance la campaña presidencial, iremos analizando uno por uno los programas de los candidatos. Hoy quiero comenzar con las bases programáticas de la llamada Coalición Colombia, que agrupa a Sergio Fajardo con Claudia López y Jorge Enrique Robledo. Con el senador del Polo periódicamente polemizamos, civilizada y calmadamente, sobre lo habido y por haber. Espero durante esta campaña conservar ese privilegio.

 
 

De entrada, el programa nos anuncia que esta coalición va a romper con las prácticas perversas en política y con la polarización social, el clientelismo y la impunidad. Y prometen ser una alternativa independiente para solucionar los problemas sociales, ambientales, económicos, consolidar la paz, el progreso y la justicia. Nada que no diga cualquier programa presidencial y que no se sitúe en el Parnaso. Pero quise ver si era una declaración no solo de aspiraciones universales y atemporales, sino que podría tener un valor agregado que justificara su diferencia en lo político. O sea, si el programa, además del qué, tiene el cómo. Esto fue lo que encontré. 

La esperanza se escribe con E de educación. Todos los niños deben ser amados y deseados. La salud es un derecho fundamental. Hay que promover hábitos saludables y prevención de la enfermedad. Reducir la pobreza y la desigualdad con ayuda de más subsidios del Gobierno. Crear empleo de calidad. Goce de derechos para mujeres, indígenas, afros, LGBTI y población vulnerable –no hablan de goce para los discapacitados, con ellos son excluyentes–. Para las mujeres, una promesa, caramba, especial: “institucionalización y transversalización de las políticas”.

Defender el agua, el crecimiento verde y la educación ambiental. (Qué dirán los narcos sobre este sueño verde...). Agro moderno, inserción al mercado de las regiones apartadas.

Transporte: visionarios. Prometen desarrollo de un sistema integrado y –palabra muy de moda– multimodal. Cultura y turismo como motores del desarrollo. Pioneros. Deporte en los colegios como política de salud y convivencia. Innovadores.

Un país que continúe los esfuerzos para mejorar la seguridad, respetando derechos humanos. Audaces. Combatir el crimen organizado, mejorar la seguridad urbana, y promover la cultura de la legalidad. Intrépidos. Y ni hablar de asegurar la sostenibilidad financiera del sector. A nadie se le había ocurrido.

Y sigue. Adelantar las reformas que el país necesita. Voto. Ni un peso por el voto. Voto. Justicia rápida y eficaz. Voto. El que la hace la paga. Voto. Estado y funcionarios transparentes. Voto. ¡No más ‘mermelada’! Voto. La salud siempre debe estar por encima del lucro y la corrupción. Voto. Muchos ojos y pocas manos en la contratación estatal. Voto. Posesionar a maestros y maestras como protagonistas, jornada única nacional. Voto. Desarrollar programas pedagógicos de cultura de la legalidad. Voto. Educación como derecho y no como privilegio. Voto. Atención integral para la niñez de cero a cinco años –(me quedo con el de la actual Primera Dama, que es de 0 a siempre)–. Mejores condiciones para las madres comunitarias. Voto. Reducción de embarazo en la adolescencia y programas culturales y científicos para la juventud. Voto. Impulso a la tecnología cerrando brechas entre las regiones. (Habrá que reclamarle a este Gobierno la plata que sacó de ahí para mandar para el posconflicto). Gratuidad de la educación hasta la universidad pública, mayor cobertura y menor déficit financiero. Voto. Poner a flote la economía colombiana. Voto. Voto. Apoyar cadenas productivas. Reducir los trámites innecesarios. Incentivar la productividad y competitividad. Voto y voto. 

Así, en la nata, Fajardo y Robledo pactan sus acuerdos programáticos. Que como provienen de dos personas tan absolutamente opuestas en el espectro ideológico, solo lograron presentarle al país un acuerdo sobre lo mínimo en que pueden están de acuerdo para pactar una coalición en la que, por razones ideológicas, no se pisen las mangueras en temas como apertura, impuestos, reforma agraria, propiedad privada, rol de los empresarios como protagonistas del empleo, tamaño del Estado y Mao. Y como lo único que puede surgir de un ejercicio semejante no puede ser sino obviedades, nadie puede estar en desacuerdo con lo que acabo de enumerar. 

Entre tanto… Consulte aquí el programa completo de Coalición Colombia.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
07 de enero 2018 , 01:32 a.m.
 

A medida que avance la campaña presidencial, iremos analizando uno por uno los programas de los candidatos. Hoy quiero comenzar con las bases programáticas de la llamada Coalición Colombia, que agrupa a Sergio Fajardo con Claudia López y Jorge Enrique Robledo. Con el senador del Polo periódicamente polemizamos, civilizada y calmadamente, sobre lo habido y por haber. Espero durante esta campaña conservar ese privilegio.

 
 

De entrada, el programa nos anuncia que esta coalición va a romper con las prácticas perversas en política y con la polarización social, el clientelismo y la impunidad. Y prometen ser una alternativa independiente para solucionar los problemas sociales, ambientales, económicos, consolidar la paz, el progreso y la justicia. Nada que no diga cualquier programa presidencial y que no se sitúe en el Parnaso. Pero quise ver si era una declaración no solo de aspiraciones universales y atemporales, sino que podría tener un valor agregado que justificara su diferencia en lo político. O sea, si el programa, además del qué, tiene el cómo. Esto fue lo que encontré. 

La esperanza se escribe con E de educación. Todos los niños deben ser amados y deseados. La salud es un derecho fundamental. Hay que promover hábitos saludables y prevención de la enfermedad. Reducir la pobreza y la desigualdad con ayuda de más subsidios del Gobierno. Crear empleo de calidad. Goce de derechos para mujeres, indígenas, afros, LGBTI y población vulnerable –no hablan de goce para los discapacitados, con ellos son excluyentes–. Para las mujeres, una promesa, caramba, especial: “institucionalización y transversalización de las políticas”.

Defender el agua, el crecimiento verde y la educación ambiental. (Qué dirán los narcos sobre este sueño verde...). Agro moderno, inserción al mercado de las regiones apartadas.

Transporte: visionarios. Prometen desarrollo de un sistema integrado y –palabra muy de moda– multimodal. Cultura y turismo como motores del desarrollo. Pioneros. Deporte en los colegios como política de salud y convivencia. Innovadores.

Un país que continúe los esfuerzos para mejorar la seguridad, respetando derechos humanos. Audaces. Combatir el crimen organizado, mejorar la seguridad urbana, y promover la cultura de la legalidad. Intrépidos. Y ni hablar de asegurar la sostenibilidad financiera del sector. A nadie se le había ocurrido.

Y sigue. Adelantar las reformas que el país necesita. Voto. Ni un peso por el voto. Voto. Justicia rápida y eficaz. Voto. El que la hace la paga. Voto. Estado y funcionarios transparentes. Voto. ¡No más ‘mermelada’! Voto. La salud siempre debe estar por encima del lucro y la corrupción. Voto. Muchos ojos y pocas manos en la contratación estatal. Voto. Posesionar a maestros y maestras como protagonistas, jornada única nacional. Voto. Desarrollar programas pedagógicos de cultura de la legalidad. Voto. Educación como derecho y no como privilegio. Voto. Atención integral para la niñez de cero a cinco años –(me quedo con el de la actual Primera Dama, que es de 0 a siempre)–. Mejores condiciones para las madres comunitarias. Voto. Reducción de embarazo en la adolescencia y programas culturales y científicos para la juventud. Voto. Impulso a la tecnología cerrando brechas entre las regiones. (Habrá que reclamarle a este Gobierno la plata que sacó de ahí para mandar para el posconflicto). Gratuidad de la educación hasta la universidad pública, mayor cobertura y menor déficit financiero. Voto. Poner a flote la economía colombiana. Voto. Voto. Apoyar cadenas productivas. Reducir los trámites innecesarios. Incentivar la productividad y competitividad. Voto y voto. 

Así, en la nata, Fajardo y Robledo pactan sus acuerdos programáticos. Que como provienen de dos personas tan absolutamente opuestas en el espectro ideológico, solo lograron presentarle al país un acuerdo sobre lo mínimo en que pueden están de acuerdo para pactar una coalición en la que, por razones ideológicas, no se pisen las mangueras en temas como apertura, impuestos, reforma agraria, propiedad privada, rol de los empresarios como protagonistas del empleo, tamaño del Estado y Mao. Y como lo único que puede surgir de un ejercicio semejante no puede ser sino obviedades, nadie puede estar en desacuerdo con lo que acabo de enumerar. 

Entre tanto… Consulte aquí el programa completo de Coalición Colombia.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
07 de enero 2018 , 01:32 a.m.
 

A medida que avance la campaña presidencial, iremos analizando uno por uno los programas de los candidatos. Hoy quiero comenzar con las bases programáticas de la llamada Coalición Colombia, que agrupa a Sergio Fajardo con Claudia López y Jorge Enrique Robledo. Con el senador del Polo periódicamente polemizamos, civilizada y calmadamente, sobre lo habido y por haber. Espero durante esta campaña conservar ese privilegio.

 
 

De entrada, el programa nos anuncia que esta coalición va a romper con las prácticas perversas en política y con la polarización social, el clientelismo y la impunidad. Y prometen ser una alternativa independiente para solucionar los problemas sociales, ambientales, económicos, consolidar la paz, el progreso y la justicia. Nada que no diga cualquier programa presidencial y que no se sitúe en el Parnaso. Pero quise ver si era una declaración no solo de aspiraciones universales y atemporales, sino que podría tener un valor agregado que justificara su diferencia en lo político. O sea, si el programa, además del qué, tiene el cómo. Esto fue lo que encontré. 

La esperanza se escribe con E de educación. Todos los niños deben ser amados y deseados. La salud es un derecho fundamental. Hay que promover hábitos saludables y prevención de la enfermedad. Reducir la pobreza y la desigualdad con ayuda de más subsidios del Gobierno. Crear empleo de calidad. Goce de derechos para mujeres, indígenas, afros, LGBTI y población vulnerable –no hablan de goce para los discapacitados, con ellos son excluyentes–. Para las mujeres, una promesa, caramba, especial: “institucionalización y transversalización de las políticas”.

Defender el agua, el crecimiento verde y la educación ambiental. (Qué dirán los narcos sobre este sueño verde...). Agro moderno, inserción al mercado de las regiones apartadas.

Transporte: visionarios. Prometen desarrollo de un sistema integrado y –palabra muy de moda– multimodal. Cultura y turismo como motores del desarrollo. Pioneros. Deporte en los colegios como política de salud y convivencia. Innovadores.

Un país que continúe los esfuerzos para mejorar la seguridad, respetando derechos humanos. Audaces. Combatir el crimen organizado, mejorar la seguridad urbana, y promover la cultura de la legalidad. Intrépidos. Y ni hablar de asegurar la sostenibilidad financiera del sector. A nadie se le había ocurrido.

Y sigue. Adelantar las reformas que el país necesita. Voto. Ni un peso por el voto. Voto. Justicia rápida y eficaz. Voto. El que la hace la paga. Voto. Estado y funcionarios transparentes. Voto. ¡No más ‘mermelada’! Voto. La salud siempre debe estar por encima del lucro y la corrupción. Voto. Muchos ojos y pocas manos en la contratación estatal. Voto. Posesionar a maestros y maestras como protagonistas, jornada única nacional. Voto. Desarrollar programas pedagógicos de cultura de la legalidad. Voto. Educación como derecho y no como privilegio. Voto. Atención integral para la niñez de cero a cinco años –(me quedo con el de la actual Primera Dama, que es de 0 a siempre)–. Mejores condiciones para las madres comunitarias. Voto. Reducción de embarazo en la adolescencia y programas culturales y científicos para la juventud. Voto. Impulso a la tecnología cerrando brechas entre las regiones. (Habrá que reclamarle a este Gobierno la plata que sacó de ahí para mandar para el posconflicto). Gratuidad de la educación hasta la universidad pública, mayor cobertura y menor déficit financiero. Voto. Poner a flote la economía colombiana. Voto. Voto. Apoyar cadenas productivas. Reducir los trámites innecesarios. Incentivar la productividad y competitividad. Voto y voto. 

Así, en la nata, Fajardo y Robledo pactan sus acuerdos programáticos. Que como provienen de dos personas tan absolutamente opuestas en el espectro ideológico, solo lograron presentarle al país un acuerdo sobre lo mínimo en que pueden están de acuerdo para pactar una coalición en la que, por razones ideológicas, no se pisen las mangueras en temas como apertura, impuestos, reforma agraria, propiedad privada, rol de los empresarios como protagonistas del empleo, tamaño del Estado y Mao. Y como lo único que puede surgir de un ejercicio semejante no puede ser sino obviedades, nadie puede estar en desacuerdo con lo que acabo de enumerar. 

Entre tanto… Consulte aquí el programa completo de Coalición Colombia.

MARÍA ISABEL RUEDA

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VIENE UN AÑO CRUEL PARA LA ECONOMIA

Paloma Valencia Laserna                                         

El deseo de feliz año para nuestros industriales y empresarios nunca llegó.

La cifra de crecimiento económico del 2017 difícilmente va a superar un pobre 1.8%, la inflación finalizó el año por encima de la meta del Banco de la República y además bajó nuestra calificación de riesgo. La capacidad adquisitiva de los hogares se vio golpeada por  el IVA del 19%, la confianza del consumidor lleva en terreno negativo casi dos años, y con el irrisorio incremento del salario mínimo, de apenas el 5.9%, es imposible la reactivación del consumo interno y la mejora en la capacidad de ahorro de los colombianos.

La gestión de los recursos del Estado sigue salpicada por los escándalos de corrupción del 2017: Odebrecht, el llamado cartel de la toga, el cartel de la hemofilia y la feria de contratos del SENA son algunos ejemplos de ello. Nos hay políticas públicas estables, ni compromiso con los sectores productivos. Santos declaró insubsistente al director de Colciencias, su octavo director en menos de 8 años. la locomotora de la innovación no arrancó.

Los reyes magos tampoco trajeron buenas nuevas, en materia de seguridad. Arrancamos con la advertencia del gobierno de Estados Unidos de no visitar cuatro departamentos de Colombia y de reconsiderar la visita a otros catorce; lo que repercutirá en contra de la industria del turismo, una de las pocas que venía mostrando signos de recuperación. Esta noticia pone en evidencia que muy a pesar del acuerdo FARC-Santos, estamos lejos de que se nos considere un territorio seguro.

La estrategia del Gobierno ha sido conducir todos  sus esfuerzos a la implementación del acuerdo y forzar las negociaciones con el ELN. Sin embargo, hay pocos avances en la implementación; los propios partidarios del gobierno señalan incumplimientos serios de las Farc, y los terroristas a su vez, se justifican en los incumplimientos del gobierno. Las disidencias operan ya como una poderosa estructura criminal aliada con nuevas bandas criminales que emergen sin control sobre todo el territorio: la extorsión está desbordada y el secuestro está regresando. El proceso de negociación con el ELN está enmarcado por la repetición de los mismos errores cometidos con las FARC. Cuatro atentados terroristas para iniciar el cese al fuego, son la señal de que aquello tampoco va bien. Creció eso sí, la incredulidad frente al Gobierno. El daño institucional causado por Santos es enorme; la ciudadanía no confía en él y esto ha debilitado la confianza es todas las instituciones públicas.

Este panorama explica porque la inversión extranjera ve en Colombia un escenario adverso. No somos atractivos para la inversión extranjera, y tampoco existen razones para que nuestra clase empresarial apueste y asuma riesgos. Como lo muestran todas las encuestas, el pesimismo ha invadido nuestra sociedad. Todo ello es producto de la mala gestión del actual gobierno y no de una extraña enfermedad mental que nos ataca a los ciudadanos, como nos quiere hacer ver el presidente Santos. La buena noticia es que este mal gobierno está por terminar, esa es razón suficiente para que recobremos el ánimo, elijamos bien y retémonos el rumbo. Colombia puede y debe aspirar a más.

 

 

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EL DICTADOR CUBANO NO SE VA

Carlos Alberto Montaner                                   

El dictador alega que los inmensos daños del huracán Irma son la causa. En Cuba casi nadie le cree

Raúl Castro ha anunciado que postergará su retiro como presidente de Cuba. Ya no se irá el 24 de febrero de 2018, sino el 19 de abril. El dictador alega que los inmensos daños del huracán Irma son la causa. En Cuba casi nadie le cree. El rumor que circula en la isla afirma que en el vecindario del general hay un gran malestar contra el ingeniero Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente y heredero designado. Aunque no existen síntomas evidentes, aparentemente a ciertos miembros de la primera familia les parece un cripto-reformista. Yo, francamente, lo dudo.

Algunos de los hijos y los parientes de Raúl prefieren al canciller Bruno Rodríguez. Les gusta más. Es más elocuente. Fustigó ferozmente a Barack Obama tras el discurso que el anterior presidente estadounidense pronunciara en La Habana. Según Rodríguez, Obama era el mismo perro de siempre, pero con diferente collar. Quería la destrucción de la revolución, sólo que por otros medios. El canciller cubano dijo exactamente lo que pensaba Raúl Castro y, especialmente, su hijo Alejandro Castro Espín.

Poco después, Díaz-Canel filtró un video en el que se presentaba como un Stalin caribeño: duro, riguroso, comunista a ultranza, implacable contra los disidentes. Según me cuentan, estaba dirigido a convencer a la poderosa familia de que en él se podía confiar. Aseguraba que no había en su carácter el menor rasgo reformista. El video circuló profusamente, pero los destinatarios realmente eran pocos y todos estaban en la pequeña cúpula del poder.

Raúl dejará la presidencia de Cuba en bastante peor situación que cuando la asumió. Su gestión ha sido un absoluto fracaso. Entonces vivía Hugo Chávez y la explotación de Venezuela era un gran negocio para los cubanos. La saqueaban sin misericordia. Los ladrones de los dos países se coludían para robarse hasta los clavos. Cuba llegó a alquilarle a su colonia plataformas perforadoras de petróleo que operaban en el lago Maracaibo. Era una "empresa de maletín". La factura duplicaba el costo real. Los equipos venían de otra parte. Los beneficios —medio millón de dólares al día— se repartían entre bandidos de ambas orillas.

En la Cuba de Raúl sigue habiendo dos monedas. Los trabajadores cubanos cobran en una inservible divisa nacional, pero tienen que adquirir en dólares todo lo que vale la pena. Raúl no ha sido capaz de solucionar este gravísimo problema. Ni siquiera ha podido aumentar la producción de leche para que los niños mayores de siete años puedan beberse un vaso cuando les plazca. El gran problema del colectivismo autoritario es la terca improductividad que genera.

El país desde hace muchos años es un desastre de suciedad y desabastecimiento, de escombros, y creciente pobreza. El cuento de la medicina gloriosa y universal es para simpatizantes incautos, lo mismo que sucede con la educación. Ninguna universidad cubana está entre las primeras 400 del planeta. El Gobierno se niega a realizar pruebas internacionales de conocimientos (PISA) porque sabe que los jóvenes estudiantes quedarían entre los últimos lugares.

¿En qué consiste, en definitiva, el modelo cubano? Son prodigiosos policías. Reprimen y vigilan como nadie. Este es el triste legado que Cuba le ha hecho a Venezuela. Lo aprendieron del KGB y de la Stasi, pero superaron a sus maestros. El poder se sostiene gracias a la Seguridad del Estado. El Gobierno tiene varios anillos represivos. El más vistoso, pero el más elemental, es la policía de chapa y tolete. El más eficaz es la contrainteligencia. Hay decenas de miles de sujetos invisibles dedicados a controlar la vida de los otros, a escuchar sus conversaciones, a descarrilar sus proyectos, a esparcir o apagar rumores.

La burocracia totalitaria es muy costosa. El Gobierno, el Partido, los órganos de seguridad, las Fuerzas Armadas se llevan la parte del león. Por eso no se caen, pero, también por eso, las sociedades sometidas al sistema no prosperan y todas ofrecen el mismo panorama gris de miseria y desesperanza. Raúl Castro lo sabe, pero no está dispuesto a cambiar nada. Lo dijo cuando enfermó su hermano y lo reiteró cuando Fidel murió, el 25 de noviembre de 2016. Él no había llegado al poder para enterrar el comunismo. Llegó para fracasar, como su hermano.

 

 

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FUNDADO en el año 2.oo2; lo integraron el POLO DEMOCRATICO INDEPENDIENTE Y ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA y tuvo sus raices en la ANAPO, LA UNIÓN...
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FUNDADO en el año 2005 por CARLOS IGNACIO CUERVO,JUAN MANUEL SANTOS Y OSCAR IVAN ZULUAGA,como neoliberal y una disidencia del partido LIBERAL....
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FUNDADO el 2 de octubre de 2.009,con el nombre de PARTIDO VERDE OPCION CENTRO,funcionando con personería  de ALIANZA DEMOCRATICA M19;y el 26 de...
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Empezó a dar sus primeros pasos en1998 como una disidencia del Partido Liberal;y en 2.002 integró la coalición que apoyó al expresidente ALVARO...
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FUNDADO EN 1.849 por Don EZEQUIEL ROJAS ;y ha modificado en varias épocas sus princópios ideológicos. HOY DEFIENDE :una democrácia de centro...
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EL CENTRO DEMOCRATICO COLOMBIANO ES UN PARTIDO PERSONALISTA CON JEFE NATURAL Y SIN PROGRAMA DE PRINCIPIOS IDEOLOGICOS Y POLITICOS,FIJOS Y ESBLECIDOS....

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29
SERGIO FAJARDO,sin partido,ni religiòn conocida,de tendencia izquierdista y en coaliciòn con los izquierdistas del Polo y los Verdes; su Vicepresidente la izquierdista Claudia Lòpez.
27
GUSTAVO PETRO,sin religiòn,izquierdista,socialista del Siglo XXI y chavista,se autodenomina progresista;y con vicepresidente izquierdista de los Verdes Angela Marìa Robledo
13
GERMAN VARGAS LLERAS,catolico,liberal de Derecha,jefe de Cambio Radical,expresidente de Santos y con Vicepresidente el Santista de Derecha Juan Carlos Pinzòn
5
HUMBERTO DE LA CALLE.Liberal santista,ateo,izquierdista y negociador con las Farc;con vicepresidente del Polo izquierdista Clara Lòpez.
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