Martes 21 de Agosto de 2018
Verdades Confirmadas

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MADURO INTOCABLE Y ORDENES PARA EL FUTURO GOBIERNO

 
 
 

El presidente Santos se tomó el trabajo de escribir una larguísima carta dirigida a su eventual sucesor, que curiosamente ningún medio de comunicación publicó completa. Incluyó en ella sus autorreconocimientos, algo lógico para un dirigente que no tiene más del 14 por ciento del reconocimiento ajeno y que se siente incomprendido en la manera como gobernó. “En mi caso, con verdadera pasión y plena convicción, solo así se resiste tanto palo”, confiesa.

Lo curioso es que al final de la carta le promete a su sucesor: “No voy a interferir para nada en su trabajo. Es su turno”. Pero la carta hace exactamente lo contrario: contiene un listado minucioso de cosas que, según Santos, deberá hacer su sucesor cuando llegue a gobernar, casi todas lugares comunes.

 

Esto es lo que el saliente le dice al próximo presidente que tiene que hacer: erradique por completo la pobreza extrema. Garantice condiciones de vida dignas a los más vulnerables. Extienda la jornada única. Ofrezca la mejor educación posible a los jóvenes, independientemente de su nivel social. Acabe con el déficit habitacional. Resuelva la demanda insatisfecha frente al acceso a los servicios públicos. Encuentre el equilibrio entre el servicio universal de salud y sus costos. Resuelva el cuello de botella de la infraestructura vial. Acelere y amplíe las concesiones 4-G. Culmine el programa de las vías terciarias. Resuelva el problema de las áreas rurales subutilizadas con inversión, infraestructura, asistencia técnica y desarrollo de variedades apropiadas para nuestros climas y suelos. Mantenga los niveles de inversión preservando la confianza inversionista. Baje más el desempleo. Apoye a los jóvenes emprendedores. Proteja la biodiversidad. Busque una justicia más ágil. Siga combatiendo el crimen y garantice la tranquilidad ciudadana. En esto, nunca bajar la guardia, porque los delincuentes siempre tratan de estar un paso adelante. Supere el reto enorme que aún presenta el narcotráfico. Es necesario perseverar y seguir combatiendo este flagelo con toda contundencia. Cierre todo resquicio por el que los corruptos desvían los recursos públicos. Consejo final: erradique la polarización, que tanto daño hace. “Yo no pude. Ojalá usted sí pueda”. 

Con estas instrucciones en la mano, sería muy raro que el sucesor del presidente Santos no pueda gobernar bien, con semejante hoja de ruta. Aquí se le está diciendo con claridad dónde están los problemas del país y cuáles deben ser sus prioridades. 

Sin embargo, los candidatos son unos desagradecidos, porque ninguno comentó con gratitud estos consejos de Santos. “El presidente no solo no debe interferir en el trabajo del próximo Presidente, sino que esperamos que haya garantías para todos”, le responde De la Calle. “Al Presidente se le olvidó contarle al país que dejó a las Farc posicionadas como las grandes beneficiarias de su gobierno”, le responde Iván Duque. “No hay ningún país en paz”, le responde Piedad Córdoba. Y añade: “Él (Santos) ha contribuido mucho a la polarización”. Marta Lucía Ramírez le dice: “Ninguna recomendación suya va a tener alguna importancia para el próximo gobierno, que tendrá que llegar a poner la casa en orden”. Mientras que para Alejando Ordóñez, “El riesgo no es que Santos interfiera en el próximo gobierno, sino que falta mucho para que se vaya”. Juan Carlos Pinzón le recuerda a Santos: “Esta elección se trata de cómo vamos a resolver los problemas que tiene el país” (como quien dice, los que usted nos deja). Mientras que Sergio Fajardo no dice nada, si va a gobernar bajo las recomendaciones de Santos o no. Simplemente se limita a decir: “Es legítimo que (el Presidente ) diga a quien lo va a reemplazar la forma como ve el país”. A Germán Vargas Lleras le parece que es muy temprano para que Santos se esté despidiendo. “Faltan siete meses y todavía hay muchos problemas que requieren atención del Gobierno Nacional”. 

El único candidato que no contestó esta encuesta de EL TIEMPO fue Gustavo Petro, y me atrevo a adivinar por qué. Porque se debió sentir aludido cuando el Presidente le sugiere a su sucesor que “no se deje llevar por el complejo de Adán”. Quién sabe si Santos escribió eso pensando en Petro, pero el consejo parece cosido sobre medidas. 

Entre tanto... Qué raro. Santos no le da indicación alguna a su sucesor acerca de cómo manejar el problema de Maduro, la inmigración venezolana y el próximo fallo sobre el diferendo con Nicaragua. En eso sí de verdad no se mete.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
18 de febrero 2018 , 01:10 a.m.
 

El presidente Santos se tomó el trabajo de escribir una larguísima carta dirigida a su eventual sucesor, que curiosamente ningún medio de comunicación publicó completa. Incluyó en ella sus autorreconocimientos, algo lógico para un dirigente que no tiene más del 14 por ciento del reconocimiento ajeno y que se siente incomprendido en la manera como gobernó. “En mi caso, con verdadera pasión y plena convicción, solo así se resiste tanto palo”, confiesa.

Lo curioso es que al final de la carta le promete a su sucesor: “No voy a interferir para nada en su trabajo. Es su turno”. Pero la carta hace exactamente lo contrario: contiene un listado minucioso de cosas que, según Santos, deberá hacer su sucesor cuando llegue a gobernar, casi todas lugares comunes.

 

Esto es lo que el saliente le dice al próximo presidente que tiene que hacer: erradique por completo la pobreza extrema. Garantice condiciones de vida dignas a los más vulnerables. Extienda la jornada única. Ofrezca la mejor educación posible a los jóvenes, independientemente de su nivel social. Acabe con el déficit habitacional. Resuelva la demanda insatisfecha frente al acceso a los servicios públicos. Encuentre el equilibrio entre el servicio universal de salud y sus costos. Resuelva el cuello de botella de la infraestructura vial. Acelere y amplíe las concesiones 4-G. Culmine el programa de las vías terciarias. Resuelva el problema de las áreas rurales subutilizadas con inversión, infraestructura, asistencia técnica y desarrollo de variedades apropiadas para nuestros climas y suelos. Mantenga los niveles de inversión preservando la confianza inversionista. Baje más el desempleo. Apoye a los jóvenes emprendedores. Proteja la biodiversidad. Busque una justicia más ágil. Siga combatiendo el crimen y garantice la tranquilidad ciudadana. En esto, nunca bajar la guardia, porque los delincuentes siempre tratan de estar un paso adelante. Supere el reto enorme que aún presenta el narcotráfico. Es necesario perseverar y seguir combatiendo este flagelo con toda contundencia. Cierre todo resquicio por el que los corruptos desvían los recursos públicos. Consejo final: erradique la polarización, que tanto daño hace. “Yo no pude. Ojalá usted sí pueda”. 

Con estas instrucciones en la mano, sería muy raro que el sucesor del presidente Santos no pueda gobernar bien, con semejante hoja de ruta. Aquí se le está diciendo con claridad dónde están los problemas del país y cuáles deben ser sus prioridades. 

Sin embargo, los candidatos son unos desagradecidos, porque ninguno comentó con gratitud estos consejos de Santos. “El presidente no solo no debe interferir en el trabajo del próximo Presidente, sino que esperamos que haya garantías para todos”, le responde De la Calle. “Al Presidente se le olvidó contarle al país que dejó a las Farc posicionadas como las grandes beneficiarias de su gobierno”, le responde Iván Duque. “No hay ningún país en paz”, le responde Piedad Córdoba. Y añade: “Él (Santos) ha contribuido mucho a la polarización”. Marta Lucía Ramírez le dice: “Ninguna recomendación suya va a tener alguna importancia para el próximo gobierno, que tendrá que llegar a poner la casa en orden”. Mientras que para Alejando Ordóñez, “El riesgo no es que Santos interfiera en el próximo gobierno, sino que falta mucho para que se vaya”. Juan Carlos Pinzón le recuerda a Santos: “Esta elección se trata de cómo vamos a resolver los problemas que tiene el país” (como quien dice, los que usted nos deja). Mientras que Sergio Fajardo no dice nada, si va a gobernar bajo las recomendaciones de Santos o no. Simplemente se limita a decir: “Es legítimo que (el Presidente ) diga a quien lo va a reemplazar la forma como ve el país”. A Germán Vargas Lleras le parece que es muy temprano para que Santos se esté despidiendo. “Faltan siete meses y todavía hay muchos problemas que requieren atención del Gobierno Nacional”. 

El único candidato que no contestó esta encuesta de EL TIEMPO fue Gustavo Petro, y me atrevo a adivinar por qué. Porque se debió sentir aludido cuando el Presidente le sugiere a su sucesor que “no se deje llevar por el complejo de Adán”. Quién sabe si Santos escribió eso pensando en Petro, pero el consejo parece cosido sobre medidas. 

Entre tanto... Qué raro. Santos no le da indicación alguna a su sucesor acerca de cómo manejar el problema de Maduro, la inmigración venezolana y el próximo fallo sobre el diferendo con Nicaragua. En eso sí de verdad no se mete.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
18 de febrero 2018 , 01:10 a.m.
 

El presidente Santos se tomó el trabajo de escribir una larguísima carta dirigida a su eventual sucesor, que curiosamente ningún medio de comunicación publicó completa. Incluyó en ella sus autorreconocimientos, algo lógico para un dirigente que no tiene más del 14 por ciento del reconocimiento ajeno y que se siente incomprendido en la manera como gobernó. “En mi caso, con verdadera pasión y plena convicción, solo así se resiste tanto palo”, confiesa.

Lo curioso es que al final de la carta le promete a su sucesor: “No voy a interferir para nada en su trabajo. Es su turno”. Pero la carta hace exactamente lo contrario: contiene un listado minucioso de cosas que, según Santos, deberá hacer su sucesor cuando llegue a gobernar, casi todas lugares comunes.

 

Esto es lo que el saliente le dice al próximo presidente que tiene que hacer: erradique por completo la pobreza extrema. Garantice condiciones de vida dignas a los más vulnerables. Extienda la jornada única. Ofrezca la mejor educación posible a los jóvenes, independientemente de su nivel social. Acabe con el déficit habitacional. Resuelva la demanda insatisfecha frente al acceso a los servicios públicos. Encuentre el equilibrio entre el servicio universal de salud y sus costos. Resuelva el cuello de botella de la infraestructura vial. Acelere y amplíe las concesiones 4-G. Culmine el programa de las vías terciarias. Resuelva el problema de las áreas rurales subutilizadas con inversión, infraestructura, asistencia técnica y desarrollo de variedades apropiadas para nuestros climas y suelos. Mantenga los niveles de inversión preservando la confianza inversionista. Baje más el desempleo. Apoye a los jóvenes emprendedores. Proteja la biodiversidad. Busque una justicia más ágil. Siga combatiendo el crimen y garantice la tranquilidad ciudadana. En esto, nunca bajar la guardia, porque los delincuentes siempre tratan de estar un paso adelante. Supere el reto enorme que aún presenta el narcotráfico. Es necesario perseverar y seguir combatiendo este flagelo con toda contundencia. Cierre todo resquicio por el que los corruptos desvían los recursos públicos. Consejo final: erradique la polarización, que tanto daño hace. “Yo no pude. Ojalá usted sí pueda”. 

Con estas instrucciones en la mano, sería muy raro que el sucesor del presidente Santos no pueda gobernar bien, con semejante hoja de ruta. Aquí se le está diciendo con claridad dónde están los problemas del país y cuáles deben ser sus prioridades. 

Sin embargo, los candidatos son unos desagradecidos, porque ninguno comentó con gratitud estos consejos de Santos. “El presidente no solo no debe interferir en el trabajo del próximo Presidente, sino que esperamos que haya garantías para todos”, le responde De la Calle. “Al Presidente se le olvidó contarle al país que dejó a las Farc posicionadas como las grandes beneficiarias de su gobierno”, le responde Iván Duque. “No hay ningún país en paz”, le responde Piedad Córdoba. Y añade: “Él (Santos) ha contribuido mucho a la polarización”. Marta Lucía Ramírez le dice: “Ninguna recomendación suya va a tener alguna importancia para el próximo gobierno, que tendrá que llegar a poner la casa en orden”. Mientras que para Alejando Ordóñez, “El riesgo no es que Santos interfiera en el próximo gobierno, sino que falta mucho para que se vaya”. Juan Carlos Pinzón le recuerda a Santos: “Esta elección se trata de cómo vamos a resolver los problemas que tiene el país” (como quien dice, los que usted nos deja). Mientras que Sergio Fajardo no dice nada, si va a gobernar bajo las recomendaciones de Santos o no. Simplemente se limita a decir: “Es legítimo que (el Presidente ) diga a quien lo va a reemplazar la forma como ve el país”. A Germán Vargas Lleras le parece que es muy temprano para que Santos se esté despidiendo. “Faltan siete meses y todavía hay muchos problemas que requieren atención del Gobierno Nacional”. 

El único candidato que no contestó esta encuesta de EL TIEMPO fue Gustavo Petro, y me atrevo a adivinar por qué. Porque se debió sentir aludido cuando el Presidente le sugiere a su sucesor que “no se deje llevar por el complejo de Adán”. Quién sabe si Santos escribió eso pensando en Petro, pero el consejo parece cosido sobre medidas. 

Entre tanto... Qué raro. Santos no le da indicación alguna a su sucesor acerca de cómo manejar el problema de Maduro, la inmigración venezolana y el próximo fallo sobre el diferendo con Nicaragua. En eso sí de verdad no se mete.

MARÍA ISABEL RUEDA

 
18 de febrero 2018 , 01:10 a.m.
 

El presidente Santos se tomó el trabajo de escribir una larguísima carta dirigida a su eventual sucesor, que curiosamente ningún medio de comunicación publicó completa. Incluyó en ella sus autorreconocimientos, algo lógico para un dirigente que no tiene más del 14 por ciento del reconocimiento ajeno y que se siente incomprendido en la manera como gobernó. “En mi caso, con verdadera pasión y plena convicción, solo así se resiste tanto palo”, confiesa.

Lo curioso es que al final de la carta le promete a su sucesor: “No voy a interferir para nada en su trabajo. Es su turno”. Pero la carta hace exactamente lo contrario: contiene un listado minucioso de cosas que, según Santos, deberá hacer su sucesor cuando llegue a gobernar, casi todas lugares comunes.

 

Esto es lo que el saliente le dice al próximo presidente que tiene que hacer: erradique por completo la pobreza extrema. Garantice condiciones de vida dignas a los más vulnerables. Extienda la jornada única. Ofrezca la mejor educación posible a los jóvenes, independientemente de su nivel social. Acabe con el déficit habitacional. Resuelva la demanda insatisfecha frente al acceso a los servicios públicos. Encuentre el equilibrio entre el servicio universal de salud y sus costos. Resuelva el cuello de botella de la infraestructura vial. Acelere y amplíe las concesiones 4-G. Culmine el programa de las vías terciarias. Resuelva el problema de las áreas rurales subutilizadas con inversión, infraestructura, asistencia técnica y desarrollo de variedades apropiadas para nuestros climas y suelos. Mantenga los niveles de inversión preservando la confianza inversionista. Baje más el desempleo. Apoye a los jóvenes emprendedores. Proteja la biodiversidad. Busque una justicia más ágil. Siga combatiendo el crimen y garantice la tranquilidad ciudadana. En esto, nunca bajar la guardia, porque los delincuentes siempre tratan de estar un paso adelante. Supere el reto enorme que aún presenta el narcotráfico. Es necesario perseverar y seguir combatiendo este flagelo con toda contundencia. Cierre todo resquicio por el que los corruptos desvían los recursos públicos. Consejo final: erradique la polarización, que tanto daño hace. “Yo no pude. Ojalá usted sí pueda”. 

Con estas instrucciones en la mano, sería muy raro que el sucesor del presidente Santos no pueda gobernar bien, con semejante hoja de ruta. Aquí se le está diciendo con claridad dónde están los problemas del país y cuáles deben ser sus prioridades. 

Sin embargo, los candidatos son unos desagradecidos, porque ninguno comentó con gratitud estos consejos de Santos. “El presidente no solo no debe interferir en el trabajo del próximo Presidente, sino que esperamos que haya garantías para todos”, le responde De la Calle. “Al Presidente se le olvidó contarle al país que dejó a las Farc posicionadas como las grandes beneficiarias de su gobierno”, le responde Iván Duque. “No hay ningún país en paz”, le responde Piedad Córdoba. Y añade: “Él (Santos) ha contribuido mucho a la polarización”. Marta Lucía Ramírez le dice: “Ninguna recomendación suya va a tener alguna importancia para el próximo gobierno, que tendrá que llegar a poner la casa en orden”. Mientras que para Alejando Ordóñez, “El riesgo no es que Santos interfiera en el próximo gobierno, sino que falta mucho para que se vaya”. Juan Carlos Pinzón le recuerda a Santos: “Esta elección se trata de cómo vamos a resolver los problemas que tiene el país” (como quien dice, los que usted nos deja). Mientras que Sergio Fajardo no dice nada, si va a gobernar bajo las recomendaciones de Santos o no. Simplemente se limita a decir: “Es legítimo que (el Presidente ) diga a quien lo va a reemplazar la forma como ve el país”. A Germán Vargas Lleras le parece que es muy temprano para que Santos se esté despidiendo. “Faltan siete meses y todavía hay muchos problemas que requieren atención del Gobierno Nacional”. 

El único candidato que no contestó esta encuesta de EL TIEMPO fue Gustavo Petro, y me atrevo a adivinar por qué. Porque se debió sentir aludido cuando el Presidente le sugiere a su sucesor que “no se deje llevar por el complejo de Adán”. Quién sabe si Santos escribió eso pensando en Petro, pero el consejo parece cosido sobre medidas. 

Entre tanto... Qué raro. Santos no le da indicación alguna a su sucesor acerca de cómo manejar el problema de Maduro, la inmigración venezolana y el próximo fallo sobre el diferendo con Nicaragua. En eso sí de verdad no se mete.

MARÍA ISABEL RUEDARUEDA MARIA

Por: María Isabel Rueda 18 de febrero 2018 , 01:10 a.m. El presidente Santos se tomó el trabajo de escribir una larguísima carta dirigida a su eventual sucesor, que curiosamente ningún medio de comunicación publicó completa. Incluyó en ella sus autorreconocimientos, algo lógico para un dirigente que no tiene más del 14 por ciento del reconocimiento ajeno y que se siente incomprendido en la manera como gobernó. “En mi caso, con verdadera pasión y plena convicción, solo así se resiste tanto palo”, confiesa. Lo curioso es que al final de la carta le promete a su sucesor: “No voy a interferir para nada en su trabajo. Es su turno”. Pero la carta hace exactamente lo contrario: contiene un listado minucioso de cosas que, según Santos, deberá hacer su sucesor cuando llegue a gobernar, casi todas lugares comunes. Esto es lo que el saliente le dice al próximo presidente que tiene que hacer: erradique por completo la pobreza extrema. Garantice condiciones de vida dignas a los más vulnerables. Extienda la jornada única. Ofrezca la mejor educación posible a los jóvenes, independientemente de su nivel social. Acabe con el déficit habitacional. Resuelva la demanda insatisfecha frente al acceso a los servicios públicos. Encuentre el equilibrio entre el servicio universal de salud y sus costos. Resuelva el cuello de botella de la infraestructura vial. Acelere y amplíe las concesiones 4-G. Culmine el programa de las vías terciarias. Resuelva el problema de las áreas rurales subutilizadas con inversión, infraestructura, asistencia técnica y desarrollo de variedades apropiadas para nuestros climas y suelos. Mantenga los niveles de inversión preservando la confianza inversionista. Baje más el desempleo. Apoye a los jóvenes emprendedores. Proteja la biodiversidad. Busque una justicia más ágil. Siga combatiendo el crimen y garantice la tranquilidad ciudadana. En esto, nunca bajar la guardia, porque los delincuentes siempre tratan de estar un paso adelante. Supere el reto enorme que aún presenta el narcotráfico. Es necesario perseverar y seguir combatiendo este flagelo con toda contundencia. Cierre todo resquicio por el que los corruptos desvían los recursos públicos. Consejo final: erradique la polarización, que tanto daño hace. “Yo no pude. Ojalá usted sí pueda”. Con estas instrucciones en la mano, sería muy raro que el sucesor del presidente Santos no pueda gobernar bien, con semejante hoja de ruta. Aquí se le está diciendo con claridad dónde están los problemas del país y cuáles deben ser sus prioridades. Sin embargo, los candidatos son unos desagradecidos, porque ninguno comentó con gratitud estos consejos de Santos. “El presidente no solo no debe interferir en el trabajo del próximo Presidente, sino que esperamos que haya garantías para todos”, le responde De la Calle. “Al Presidente se le olvidó contarle al país que dejó a las Farc posicionadas como las grandes beneficiarias de su gobierno”, le responde Iván Duque. “No hay ningún país en paz”, le responde Piedad Córdoba. Y añade: “Él (Santos) ha contribuido mucho a la polarización”. Marta Lucía Ramírez le dice: “Ninguna recomendación suya va a tener alguna importancia para el próximo gobierno, que tendrá que llegar a poner la casa en orden”. Mientras que para Alejando Ordóñez, “El riesgo no es que Santos interfiera en el próximo gobierno, sino que falta mucho para que se vaya”. Juan Carlos Pinzón le recuerda a Santos: “Esta elección se trata de cómo vamos a resolver los problemas que tiene el país” (como quien dice, los que usted nos deja). Mientras que Sergio Fajardo no dice nada, si va a gobernar bajo las recomendaciones de Santos o no. Simplemente se limita a decir: “Es legítimo que (el Presidente ) diga a quien lo va a reemplazar la forma como ve el país”. A Germán Vargas Lleras le parece que es muy temprano para que Santos se esté despidiendo. “Faltan siete meses y todavía hay muchos problemas que requieren atención del Gobierno Nacional”. El único candidato que no contestó esta encuesta de EL TIEMPO fue Gustavo Petro, y me atrevo a adivinar por qué. Porque se debió sentir aludido cuando el Presidente le sugiere a su sucesor que “no se deje llevar por el complejo de Adán”. Quién sabe si Santos escribió eso pensando en Petro, pero el consejo parece cosido sobre medidas. Entre tanto... Qué raro. Santos no le da indicación alguna a su sucesor acerca de cómo manejar el problema de Maduro, la inmigración venezolana y el próximo fallo sobre el diferendo con Nicaragua. En eso sí de verdad no se mete. MARÍA ISABEL RUEDA

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PETRO EL EXPROPIADOR CAUSA TERROR

Indalecio Dangond     

Las propuestas de gobierno del candidato presidencial Gustavo Petro no producen miedo, producen terror. Esta semana, mientras la periodista Vicky Dávila lo entrevistaba, los venezolanos que habían traspasado la frontera buscando oportunidades de trabajo en nuestro país para no dejar morir de hambre a sus familiares, estaban dudando si quedarse acá o devolverse cuando se enteraron de que Petro pensaba imponer el régimen chavista en Colombia si ganaba las elecciones presidenciales.

Eso de salir a decir que va a aumentar el impuesto predial a los predios rurales improductivos para obligar a los productores del campo a malvender sus fincas, es lo más deschavetado que he escuchado en mi vida. Las tierras pueden ser improductivas por diferentes factores: tipo de suelos, clima, inseguridad, vías de acceso, servicios públicos, costos de transporte, inexistencia de mano de obra, titulación, crédito, etc. Un incremento del impuesto predial en estas condiciones de explotación agrícola o pecuaria desincentiva aún más la actividad productiva, acaba reduciendo el ingreso al Estado y pone en peligro la seguridad alimentaria de los 49 millones de colombianos.

Con ese discurso populista –de expropiarle las propiedades a los ricos para repartírsela a los pobres– es que Petro  quiere cautivar los votos de millones de colombianos ingenuos, tal como lo hizo en su momento Hugo Chávez en Venezuela. Con esta disparatada idea lo único que puede conseguir Petro es multiplicar los pobres y desaparecer a los generan riqueza en este país. ¿Por qué creen que se imponen fuertes impuestos al cigarrillo? ¡Pues, para desaparecer a los fumadores! Esta peligrosa y perversa propuesta, bien calcada del régimen chavista, expulsaría del campo a más de 5 millones de agricultores y ganaderos que producen nuestros alimentos y materias primas en condiciones muy precarias, y de paso dejaría sin empleo a más de 6 millones de colombianos que viven de la transformación y comercialización de esos productos. Qué contradicción tan brava la de estos socialistas, quieren trabajo y al mismo tiempo odian a quienes generan trabajo.

Los países que han implantado este sistema socialista de gravar a los que producen para subsidiar a la gente que no trabaja, dándole comida gratis, salud gratis, educación gratis, siempre terminan en quiebra. Por una razón muy sencilla. Cuando se redistribuye la riqueza, inmediatamente se pierden los ingresos. Pretender implantar el fracasado modelo económico y social chavista en Colombia es una idea totalmente deschavetada. Lo que Colombia necesita en estos momentos son propuestas que incentiven el crecimiento de la economía y esta solo se logra reduciendo impuestos para que haya más inversión, más empresas, más gente trabajando y mayor recaudo.

El grave problema de Petro es que, siendo economista, no sabe de economía, y si llega a ganar las elecciones con estos cantos de sirenas va a reventar a Colombia como Chávez y Maduro reventaron a Venezuela. Quedan advertidos.

En el tintero: Mientras el minagro y el gerente de Fedearroz andan promoviendo negocios con la plata de los arroceros, los productores siguen quebrándose por falta de semillas de buena calidad y transferencia de nuevas tecnologías. Ahí están las consecuencias de politizar las entidades públicas y los gremios al servicio de la producción agrícola.

 

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CONCESIONES A TERRORISTAS QUE NO CREEN EN LA PAZ

mauricio-vargas Por: Mauricio Vargas 10 de febrero 2018 , 11:25 p.m. Durante los cien días del cese del fuego bilateral pactado por los delegados del Gobierno con representantes del Eln, en Quito, y que comenzaron a contar el 1.° de octubre, esa organización guerrillera apenas dejó de atacar a la población civil, no suspendió del todo la voladura de oleoductos, ni detuvo sus hostigamientos, ni sus extorsiones ni sus operaciones de narcotráfico. En cambio, la Fuerza Pública se vio obligada a limitarse a la reacción ante esos ataques, sin poder desarrollar las ofensivas de su propia iniciativa, que, sostenidas durante años y con buenos resultados, habían convertido al Eln en una guerrilla disminuida, desprestigiada en el frente político y casi derrotada en el terreno militar. Con los bolsillos llenos del dinero del narcotráfico, de la minería ilegal y del boleteo, engrosadas sus filas con cientos de mandos medios y bajos de las Farc que prefieren seguir en los negocios criminales que acogerse a los acuerdos de La Habana –muy generosos con los grandes comandantes, pero poco atractivos para esos jefes medianos y pequeños–, y con la posibilidad de copar zonas abandonadas por los frentes ‘farianos’ que sí se desmovilizaron, sin que la Fuerza Pública pudiese atacarlos, los ‘elenos’ supieron administrar el Baloto que se ganaron en la mesa de Quito. Hoy han fortalecido su accionar en Chocó, Arauca, Catatumbo, Santander, norte de Antioquia, Cauca y Nariño, y han extendido sus ataques terroristas a ciudades como Barranquilla, donde casi nunca habían tenido presencia. Las familias de los seis policías vilmente asesinados en esa ciudad hace dos semanas deben culpar al Eln –y a nadie más– por ese crimen. Pero tienen derecho a preguntarse quién hizo posible que un grupo al que expertos en el conflicto armado, como el profesor del Externado Camilo Echandía, uno de los mayores conocedores del tema, veían muy debilitado hace apenas un año haya recuperado fuerzas y se haya envalentonado de ese modo. Versados en las particularidades del Eln le habían advertido al Gobierno sobre los riesgos de apresurar una negociación con una guerrilla dividida, cuyos comandantes tienen muchas dudas acerca de avanzar hacia la paz. En carta al presidente Juan Manuel Santos, el periodista Hernando Corral, ‘elenólogo’ de primer nivel, sostuvo que la mesa de Quito es “muy frágil por la falta de claridad en ese grupo guerrillero”. La realidad es que jefes de algunos de los frentes más poderosos –gracias al narcotráfico y otros crímenes– del Eln no estaban dispuestos a acatar lo que quedara pactado en Ecuador. Y así lo demostraron con continuas violaciones del cese del fuego. Afanado por conseguir resultados que refrendaran su premio Nobel de Paz, el presidente Santos desoyó las oportunas alertas y patrocinó una mesa paralela que otorgaba a los ‘elenos’ las concesiones que el jefe de la delegación del Gobierno, el exministro Juan Camilo Restrepo, no estaba dispuesto a darles. Al final, Restrepo se aburrió y renunció y, cuando culminaron los cien días de cese del fuego, el Eln desató la sangrienta ofensiva de los días recientes. Hacerle concesiones a un grupo terrorista que no está convencido de avanzar en la negociación es el mejor camino para disparar la violencia. Para buena parte de los comandantes del Eln, el momento no es propicio para pactar un acuerdo definitivo de desmovilización, sino para aprovecharse de los afanes de Santos en sacar algún resultado y obtener por esa vía el margen de maniobra político y militar para resucitar como, en efecto, esa organización guerrillera parece haber resucitado en estos meses. La culpa de la sangre derramada es del Eln, pero la responsabilidad de que ese grupo haya revivido es del Gobierno. Y con tanta sangre derramada, se trata de una responsabilidad muy grave. MAURICIO VARGAS Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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LOS CRIMINALES COSECHAN TEMPESTADES

hernandes Saul Saúl Hernández Bolívar

El enorme rechazo que están experimentando por todo el país los criminales de las Farc se debe, simple y llanamente, a que ellos llegaron a un espurio acuerdo de paz con el gobierno corrupto de Juan Manuel Santos, pero no con el pueblo colombiano. Por eso, hablar de reconciliación no solo es apresurado sino que es como hablar de unicornios y pegasos: las Farc no han pedido perdón, no han reparado, no han ido a la cárcel por sus horribles crímenes. El proceso pasó por encima de las víctimas y fue rechazado en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Luego, ¿no es mucho cinismo esperar que estos bandidos fueran recibidos con pétalos de rosas? Se siguen equivocando las Farc de cabo a rabo. El asesino Catatumbo pide que los instigadores de las protestas sean castigados. La Fiscalía se arrodilla y anuncia investigaciones y condenas. No obstante, la protesta social es un derecho de todos, no una exclusividad de la izquierda. Ni los abucheos, ni la lluvia de huevos, califican de vandalismo tan siquiera. De ahí no se debe pasar, pero es un asedio y un repudio tan entendibles como merecidos. Nadie instiga estas protestas, es el resultado de un rechazo generalizado, como cuando la comunidad sale a linchar a un violador —que eso son los de las Farc, violadores— o a hacer justicia por mano propia con un fletero, un pobre diablo en comparación con estos terroristas. Creían que la Historia los absolvería y que la gente los trataría como próceres, pero ahora están viendo la realidad. Timochenko no suspende la campaña porque haya riesgos serios contra su integridad sino porque no tiene sentido seguir enfrentando ese desprestigio colosal y ese asco que sienten por él los colombianos. Iván Márquez ni siquiera pudo presentarse en el Caquetá, su propia tierra, el mismo día que Álvaro Uribe encabezó una concentración multitudinaria. Tendrán que contentarse con las 10 curules regaladas pues, aparte de sus propios militantes, muy pocos los votarán. Que se olviden del voto de opinión. Ahí se adivina el porqué de la insistencia en las 16 curules de las circunscripciones especiales de paz en zonas controladas por ellos, donde tienen votos seguros y no huevazos en las cabezas. Siempre cínicos, se quejan de estas ‘violentas rechiflas’ cuando ellos sembraron gladiolos por todo el país por más de 50 años. Ellos no reventaban huevos en las camionetas, ellos reventaban camionetas a punta de ráfagas y bombas lapa. Ellos no silbaban al contrario con los labios, eran sus balas las que silbaban en un recorrido de muerte. Eso sí era violencia. Lo de hoy es sanción social. Lo único que se pierde con la suspensión de la campaña de Timochenko es que dejará de ser el títere que encarna el peligro del castrochavismo, liberando a otros del peso de cargar ese inri, como a Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, figuras que verdaderamente podrían constituir el gobierno de transición que esperan las Farc. Claro que Petro no sería propiamente de transición; él representaría la llegada del comunismo al poder, y bien sabemos que cuando esta gente llega es para quedarse. Todo esto explica el deseo de las Farc de reescribir la historia, de aparecer como víctimas, de endilgarle culpas al Estado, al paramilitarismo, a la sociedad civil. En eso son muy hábiles. Para la muestra, basta ver en lo que han convertido la conmemoración de los 15 años del atentado terrorista al Club El Nogal, con la obsecuencia de los medios. Igual que en cierto momento se dejó de hablar de la toma del Palacio de Justicia cometida por el M-19, para referirse solo a la ‘retoma’ por parte del Ejército, ahora se le quiere voltear la torta al bombazo del Nogal atribuyéndole culpabilidad al Estado con argumentos canallas como que allí se celebraban reuniones de alto nivel del gobierno, que la ministra de Defensa de la época dormía en el Club poniendo en riesgo a todo el mundo, que tal vez Mancuso también se alojaba allí y otras lindezas por el estilo. Las Farc son unas pobres víctimas siempre, la prueba es que miles de peligrosos ciudadanos quieren matar a estos adalides de la paz a punta de madrazos. ¿Qué tal? La verdad es que ellos sembraron huracanes, y ahora recogen lo que se merecen.

Saúl Hernández Bolívar

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REFORMA TERRITORIAL EN COLOMBIA

castro jaime

 
09 de febrero 2018 , 12:00 a.m.
 

No obstante las varias reformas políticas que hemos decretado –entre otras, las de los actos legislativos 1 de 2013, 1 de 2009 y 2 de 2015 y las leyes que los desarrollan–, vivimos las situaciones críticas que el proceso electoral en curso ha puesto de presente. Así ocurre porque las citadas reformas se han ocupado del régimen electoral, la financiación de las campañas y las normas aplicables a los partidos, temas que los congresistas puede definir sin tener que tratar la fuente ni el origen de su poder territorial, concretamente el que tienen en los municipios y departamentos que controlan.

 

La descentralización que el país puso en marcha hace ya 30 años produjo inicialmente resultados alentadores. No todos los que de ella se esperaban, pero suficientes para continuar la tarea introduciéndole las correcciones y reformas que requiriera. Empezó a cambiar el mapa político del país con la elección popular de alcaldes y gobernadores, mejoró la cobertura y calidad de importantes servicios públicos y logró inversión pública en todo el territorio nacional. Así lo verificaron estudios del Banco Mundial y Planeación Nacional.

Cuando la clase política nacional se dio cuenta de que la descentralización fiscal y administrativa dotaba a las entidades territoriales de empleos y cargos para proveer, cuantiosos recursos para celebrar contratos y asignar partidas y atribuciones para otorgar licencias y permisos, decidió apoderarse de los municipios, distritos y departamentos. Trasladó a las elecciones regionales y locales todo su 'know how' electoral y las malas artes de la política.

El poder de la mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política.

 

Con la complicidad de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles, que son fichas suyas, desnaturalizó y pervirtió la descentralización, que cayó en manos de roscas y camarillas, a veces clanes familiares, que proceden como mafias políticas. La convirtió en sinónimo de politiquería y corrupción, clientelismo, derroche, malos manejos y nepotismo. La clase política nacional controla las entidades territoriales por todos los medios a su alcance, porque son su hábitat natural.

El poder político-electoral de la gran mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política, que luego se convierte en corrupción administrativa porque las corporaciones públicas, a cambio de la ‘mermelada’ que reciben, no ejercen con independencia sus funciones ni controlan a gobernadores y alcaldes. El Gobierno repite que los programas del posconflicto estarán a cargo de municipios y departamentos.

Por eso habló de paz territorial. Pero no hizo nada para superar las situaciones denunciadas y convertir a esas entidades en la efectiva presencia del Estado en todo el territorio nacional y en instrumentos de progreso y mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Ni siquiera presentó una sola propuesta que buscara solucionar el problema porque no podía comprometer el apoyo de sus mayorías congresionales, que cohabitan con el desorden territorial.

Del asunto tampoco se están ocupando los aspirantes a nuevos mandatos populares, cuando es claro que el capítulo más importante de cualquier reforma política debe ser el de la reforma política territorial que cambie las reglas de juego para acceder al poder a nivel regional y local, para ejercerlo y controlarlo. Cuando no habíamos hecho nada para empoderar las entidades territoriales, López Michelsen dijo que “la descentralización es una de las claves de la guerra o de la paz”.

Ya la hicimos en materia fiscal y administrativa, pero no está produciendo los resultados que debe producir porque no hemos hecho la reforma política territorial que la complemente y asegure los propósitos que la animan.

JAIME CASTRO
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09 de febrero 2018 , 12:00 a.m.
 

No obstante las varias reformas políticas que hemos decretado –entre otras, las de los actos legislativos 1 de 2013, 1 de 2009 y 2 de 2015 y las leyes que los desarrollan–, vivimos las situaciones críticas que el proceso electoral en curso ha puesto de presente. Así ocurre porque las citadas reformas se han ocupado del régimen electoral, la financiación de las campañas y las normas aplicables a los partidos, temas que los congresistas puede definir sin tener que tratar la fuente ni el origen de su poder territorial, concretamente el que tienen en los municipios y departamentos que controlan.

 

La descentralización que el país puso en marcha hace ya 30 años produjo inicialmente resultados alentadores. No todos los que de ella se esperaban, pero suficientes para continuar la tarea introduciéndole las correcciones y reformas que requiriera. Empezó a cambiar el mapa político del país con la elección popular de alcaldes y gobernadores, mejoró la cobertura y calidad de importantes servicios públicos y logró inversión pública en todo el territorio nacional. Así lo verificaron estudios del Banco Mundial y Planeación Nacional.

Cuando la clase política nacional se dio cuenta de que la descentralización fiscal y administrativa dotaba a las entidades territoriales de empleos y cargos para proveer, cuantiosos recursos para celebrar contratos y asignar partidas y atribuciones para otorgar licencias y permisos, decidió apoderarse de los municipios, distritos y departamentos. Trasladó a las elecciones regionales y locales todo su 'know how' electoral y las malas artes de la política.

El poder de la mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política.

 

Con la complicidad de alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles, que son fichas suyas, desnaturalizó y pervirtió la descentralización, que cayó en manos de roscas y camarillas, a veces clanes familiares, que proceden como mafias políticas. La convirtió en sinónimo de politiquería y corrupción, clientelismo, derroche, malos manejos y nepotismo. La clase política nacional controla las entidades territoriales por todos los medios a su alcance, porque son su hábitat natural.

El poder político-electoral de la gran mayoría de congresistas depende del número de ediles, concejales, alcaldes, diputados y gobernadores que formen parte de su organización. Ahí está el origen de la corrupción política, que luego se convierte en corrupción administrativa porque las corporaciones públicas, a cambio de la ‘mermelada’ que reciben, no ejercen con independencia sus funciones ni controlan a gobernadores y alcaldes. El Gobierno repite que los programas del posconflicto estarán a cargo de municipios y departamentos.

Por eso habló de paz territorial. Pero no hizo nada para superar las situaciones denunciadas y convertir a esas entidades en la efectiva presencia del Estado en todo el territorio nacional y en instrumentos de progreso y mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Ni siquiera presentó una sola propuesta que buscara solucionar el problema porque no podía comprometer el apoyo de sus mayorías congresionales, que cohabitan con el desorden territorial.

Del asunto tampoco se están ocupando los aspirantes a nuevos mandatos populares, cuando es claro que el capítulo más importante de cualquier reforma política debe ser el de la reforma política territorial que cambie las reglas de juego para acceder al poder a nivel regional y local, para ejercerlo y controlarlo. Cuando no habíamos hecho nada para empoderar las entidades territoriales, López Michelsen dijo que “la descentralización es una de las claves de la guerra o de la paz”.

Ya la hicimos en materia fiscal y administrativa, pero no está produciendo los resultados que debe producir porque no hemos hecho la reforma política territorial que la complemente y asegure los propósitos que la animan.

JAIME CASTRO
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