Lunes 18 de Junio de 2018
LOS AFANES DE SANTOS SON UN DESASTRE

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LOS AFANES DE SANTOS SON UN DESASTRE

mauricio-vargas

 
 
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

MAURICIO VARGAS
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09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

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09 de diciembre 2017 , 11:30 p.m.
 

Catorce meses después de asumir la responsabilidad de pactar un acuerdo para la desmovilización del Eln, un grupo terrorista especialmente complicado, plagado de divisiones y en el que los comandantes dedicados al narcotráfico han cobrado mucha más importancia que los de tradición político-armada, el exministro Juan Camilo Restrepo aseguró que se va porque su ciclo ha terminado y quiere dedicarse a sus asuntos personales.

 
 

Tras indagar con fuentes bien informadas de la mesa de Quito, me queda claro que la razón de la renuncia es que el presidente Juan Manuel Santos quiere avances más rápidos, aun si estos implican ampliar el abanico de concesiones para que el Eln se comprometa a dejar las armas. Esa película ya la vimos en La Habana: durante los dos primeros años de la mesa, la delegación del Gobierno se mantuvo dentro de las líneas rojas iniciales. Pero a medida que Santos se impacientaba, abrió mesas paralelas como la que negoció el capítulo de Justicia (el más desafortunado del Acuerdo Final), y el Gobierno terminó entregando mucho más de lo que debía.

A Restrepo también le montaron mesa paralela: el expresidente Ernesto Samper, el senador del Polo Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva se colaron en la negociación y empezaron a aceptar aquellas exigencias que Restrepo había rechazado. El Eln obtuvo una gran ganancia a principios de septiembre: el cese del fuego bilateral, un premio que las Farc solo obtuvieron cuando el acuerdo de La Habana estaba cocinado y después de muchos meses de sostener un cese unilateral de sus acciones.

El reiterado incumplimiento de ese cese por el Eln en regiones como Chocó y Nariño no llevó al Gobierno a endurecerse, sino a ofrecer más concesiones. “Y en algún momento –me explicó una de mis fuentes– Restrepo sintió que ya no podía controlar la negociación y que era mejor irse”. Caracol Radio divulgó una carta del periodista Hernando Corral, gran conocedor del Eln y de la negociación, al presidente Santos, que resulta sumamente reveladora.

Además de denunciar una campaña de desprestigio contra Restrepo y su equipo, tras la que pueden estar Samper, Cepeda y Leyva, Corral plantea que, a diferencia de las Farc, el Eln no ha tomado la decisión “de abandonar la lucha armada”. Agrega: “No es una organización con una disciplina vertical, sino (…) federada, y los jefes de frente tienen total autonomía y sus posiciones frente a una negociación de paz son ambiguas y contradictorias”. Y lo más grave: “Es una organización capaz de engañar a muchas personas sobre su verdadera intencionalidad”. Corral los conoce muy bien.

El Presidente se dispone a nombrar una nueva delegación. Los designados deberán tomar nota de que más que negociar están obligados a ceder, a ver si la mesa avanza, sin que importen mucho los costos de esas concesiones ni las violaciones del cese del fuego que siga cometiendo el Eln. La consigna parece ser alcanzar un acuerdo a cualquier precio.

El primer mandatario no aprendió la lección de La Habana: el exceso de concesiones a las Farc llevó al triunfo del No en el plebiscito y a la rebelión de sectores de la bancada gobiernista en el Congreso a la hora de aprobar las leyes que desarrollan los acuerdos. Pero, al menos en este caso, la voluntad del grueso de las Farc de dejar las armas ha sido confirmada por su efectiva desmovilización.

Como dice Corral, el Eln no está decidido y está muy dividido, mientras que el Gobierno luce dispuesto a ceder y ceder: esto implica riesgos gigantescos. No vaya a ser que el Eln aproveche el cese bilateral para copar los principales espacios dejados por las Farc, fortalecerse y convertirse en el grupo que aterrorice al país durante la próxima década. Todo por culpa de los afanes del presidente Santos.

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