Domingo 17 de Junio de 2018
Política

aviso
A+ A A-

A DERROTAR EL ODIO DE LA EXTREMA IZQUIERDA

Rafael Guarín      

Gustavo Petro y su discurso es la mayor amenaza a la democracia colombiana en 50 años. Desde hace décadas se consideraba superado el sectarismo entre quienes concurrían a la contienda electoral. El fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología fue el principal elemento que definió la afiliación de los ciudadanos a los partidos Liberal y Conservador, hasta que la fórmula consociacionalista del Frente Nacional lo cambió por la repartición milimétrica del Estado. Ese sectarismo escribió una historia de guerras civiles y la llamada “violencia”.

Gustavo Petro y su discurso es la mayor amenaza a la democracia colombiana en 50 años. Desde hace décadas se consideraba superado el sectarismo entre quienes concurrían a la contienda electoral. El fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología fue el principal elemento que definió la afiliación de los ciudadanos a los partidos Liberal y Conservador, hasta que la fórmula consociacionalista del Frente Nacional lo cambió por la repartición milimétrica del Estado. Ese sectarismo escribió una historia de guerras civiles y la llamada “violencia”.

¡Ahora, vuelve el sectarismo! No emerge de la sociedad, sino, como en el pasado, es resultado de un tipo de liderazgo y de discurso basado en el odio y que asume la política como una lucha entre enemigos irreconciliables. No es nuevo. Es el mismo punto de partida del nacionalsocialismo y del comunismo. Las extremas, derecha o izquierda, saben utilizar las pasiones y las explotan para llegar al poder, controlarlo, ejercerlo y renunciar a abandonarlo.

El núcleo duro del petrismo retomó el discurso de odio. En realidad, Gustavo Petro nunca lo dejó. Para asesinar, invocando razones políticas, se requiere primero odiar y odiar mucho. Para secuestrar, poner una bomba o masacrar magistrados y justificar esas atrocidades, igual. El terrorismo, que es político, requiere del odio como motor y de deshumanizar a quien se considera enemigo. No hay contradictores, hay enemigos que se deben destruir. Quienes han militado en ese tipo de organizaciones saben que el miedo es indispensable, atemorizar, amenazar, doblegar por la fuerza y representar y arrastrar emociones. Eso es Petro, eso es lo que está en la médula de la Colombia Humana.

El nazismo y el comunismo asaltaron el poder enarbolando una causa que divide a la sociedad. Ambos consideraban por supuestas razones socioeconómicas o raciales que tenían la verdad y que sólo su triunfo y la eliminación del oponente acababa con los problemas colectivos. Ambos vendieron ilusiones, estafaron a los ciudadanos, fomentaron el odio y ahondaron los conflictos. El judío era enemigo del género humano y quien tiene propiedad privada es el explotador del género humano, sólo procede extirparlos.

El liderazgo de Petro se enmarca en esa misma lógica. Reencaucha, como Chávez y Maduro la lucha de clases. No es un liderazgo democrático, así participe en elecciones. Su discurso repugna a una sociedad democrática, pues en ella es esencial la diferencia y el disenso se premia, no se estigmatiza. Eso en Petro no existe, sí, en cambio, la división de la sociedad entre buenos y malos. Buenos los que aceptan sus planteamientos y los apoyan, malos quienes piensan diferente: ignorantes en el mejor de los casos, engañados o criminales, corruptos, mafiosos, en síntesis, una peste que se debe erradicar. Como dijo Petro: “Y hay siete millones y medio de colombianos que votaron por Popeye”, sí, habla del sicario del Cartel de Medellin y de quienes votaron por Duque.

Una idea siempre encuentra adeptos, por descabellada que sea. Mucho más si es una idea hábilmente elaborada para explotar el resentimiento y la frustración. Es sencillo identificar los males de la sociedad con personas, razas, grupos poblacionales, partidos o doctrinas políticas. Los ciudadanos no tienen por qué discernir siempre, más bien, siempre terminan prevaleciendo las percepciones y las emociones. Petro lo sabe y los que se reclaman “intelectuales” y “académicos” que lo acompañan también, cómplices del odio. Éstos tiene una responsabilidad superior. Por eso, su discurso es simple: criminalizar al contradictor, caracterizarlo con todos los males que la sociedad repudia y deshumanizarlo para ganar la elección y después para eliminarlo desde el poder.

Esa racionalidad está en la esencia del chavismo, que tanto excita a Petro. La cuestión es generar odio, odio y más odio. El odio produce sectarismo, fanatismo y desemboca en la violencia y en sociedades dividas y pobres. Esta elección dejará avances en nuestra democracia, por ejemplo, la libertad de los electores frente a las viejas maquinarias políticas y liderazgos tradicionales, pero, al mismo tiempo, enciende una alerta roja: el fanatismo volvió para acabar con la democracia utilizando las elecciones.

El próximo domingo los colombianos debemos no sólo elegir un buen gobierno con un liderazgo democrático genuino, sino atajar el populismo. Se requiere un mandato claro para Iván Duque, pasar la página y recomponer las cosas, con sensatez, prudencia y buen juicio para evitar que Colombia se vaya al abismo.

Sígame en twitter: @RafaGuarin

 

 

Visto: 26

TIMOCHENCO CON AMENAZAS DE GUERRA

Eduardo Mackenzie  

Poco después de que Gustavo Petro amenazara al país en plaza pública con una revuelta si no ganaba las elecciones, un medio internacional fue hasta un lugar desconocido en una región apartada para tenderle amablemente el micrófono a Timochenko para que repitiera la dosis. En efecto, cinco días antes de la primera vuelta de la elección presidencial, el jefe de las Farc lanzó frases de intimidación contra los votantes a través de France 24 en Español un canal de televisión francés con sede en Bogotá.

El director de ese medio, Álvaro Sierra, fue conducido a un lugar escondido que Timochenko designó sólo como “Puerto Esperanza”. A Sierra le permitieron que dijera que era una “vereda campesina” en “las planicies orientales de Colombia” lo cual es muy vago. Callar eso es poco deontológico. En un momento dado, la cámara capta el paso de dos guardias armados que vigilaban la entrevista.

La primera frase de Timochenko fue para dar a entender qué son las Farc. Ante los pobres resultados obtenidos por esa organización en las elecciones legislativas, el jefe terrorista se ufanó: “12 mil combatientes estamos ya en 50 000 votos. Eso no es un resultado modesto, y eso que todos los combatientes no pudieron votar”. Al hablar tres o cuatro veces en esa entrevista de “combatientes”, no de desmovilizados, Timochenko indica que su banda sigue en pie de guerra, aunque Santos y su prensa digan lo contrario. Pues si él tiene “combatientes”  y no desmovilizados es para jugar a algo muy diferente de la concordia nacional. No se entiende por qué la prensa, ante lo que dice Timochenko, insiste en describir a las Farc como una “exguerrilla”.

Timochenko explicó enseguida que las Farc son víctimas del país, que a muchos de sus “combatientes” les pusieron trabas para que no pudieran votar, que la plata les “llegó a último momento”, que no les dejaron hacer campaña “con todas las de la ley” y que las reglas del juego [electoral] no habían cambiado”.  Su interlocutor parecía estar de acuerdo con esas deformaciones. El jefe fariano adujo que la “batalla número 1” de las Farc es “la reconciliación” pero que ésta no avanza por culpa de los demás, sobre todo de “los medios y de la propaganda”. Estimó que “hay señales muy peligrosas, pues hay gente que quiere que se revierta el proceso” de la “implementación de los acuerdos” de La Habana, y que las Farc están siendo “estigmatizadas” para “justificar la liquidación del contrario”.

El periodista  evocó la detención de Santrich, “acusado supuestamente de conspirar para enviar cocaína a Estados Unidos”. ¿Esa captura pone en riesgo el proceso? “Claro”, respondió Timochenko, quien piensa que sus enemigos “no solo buscan a Santrich sino a la dirección de las Farc”, porque el tema del narco tráfico “ha servido para estigmatizarnos (…), para mostrar que éramos unos criminales, unos sanguinarios, y que lo único que nos interesa es la plata”. Las Farc, en realidad, son ángeles: “Los revolucionarios nunca buscamos el enriquecimiento personal”. En cambio, los otros “quieren que la sociedad nos rechace”. Y concluyó: “Las Farc no hemos sido narcotraficantes”.

Tras esa calentada de motores, Timochenko pasó al cuplé de la amenaza. France 24 en Español estima que “el uribismo” es el sector que “más duramente se ha opuesto a los acuerdos” de La Habana. ¿Si Iván Duque gana las elecciones “el proceso peligraría seriamente?”, preguntó Sierra. Timochenko respondió: “Estamos en la etapa final del Gobierno de Santos y el proceso está peligrando”. “Si la sociedad colombiana y la comunidad internacional  no se unen [para] acompañar este proceso no digo que nos vamos a la guerra nuevamente,  pero si pueden quedar sembradas las semillas para un nuevo conflicto. Para nosotros no hay vuelta atrás”.

Sierra: “Ustedes también hicieron cosas terribles durante la guerra y se han resistido a pedir perdón, en algunos casos lo han hecho pero no como algo amplio y más general”. Tratado de esquivar el punto, el jefe fariano repuso: “Esa es una opinión suya, no una pregunta”. Antes de lanzar, colérico: “¿Que quieren que yo diga?  ¿Que me arrepiento de lo que fui? ¡Yo no me arrepiento!”.

Timochenko usa con frecuencia el truco de transformar la sangrienta trayectoria de las Farc en simples “errores”. “¿Que se cometieron errores? Sí.  ¿Pero qué errores y en qué contexto se cometieron esos errores?”, preguntó. Y con el cinismo más brutal hizo este malabarismo verbal: “Nunca jamás se le dijo en las Farc a un comandante váyase con su tropa y llegue a esta población y acabe con toda la población civil que hay allí. Nunca”. ¿La memoria de Timochenko está vuelta trizas? No, el hombre relega más bien lo que quiere que los colombianos olvidemos: la montaña de atrocidades cometidas por el narco-comunismo durante 50 años. El diario El Tiempo, de Bogotá, en agosto de 2016, publicó un  excelente  mapa (1) de las 39 matanzas más grandes que las Farc cometieron en los últimos 20 años, en las que asesinaron a 609 colombianos. Allí están las de Bojayá, El Nogal, Mitú, Tarazá I y II,  La Gabarra,  Tierralta, El Billar, Barbacoas, Valdivia para nombrar sólo diez de ellas. Lástima que France 24 en Español haya olvidado, en esa entrevista y hasta en el resumen que hizo de ese encuentro, esos datos históricos (2).

¿Si Álvaro Sierra hubiera conocido esos hechos habría soportado sin chistar lo que le lanzaba Timochenko? “Si en alguna acción nuestra se afectó la población civil fue por las circunstancias de la confrontación, fue porque de pronto no se previó, pero nunca se dijo vaya y asesinen 15, 20 personas en ese poblado” ¿No fue eso, exactamente, lo que hicieron los jefes de las Farc antes de cada matanza? Convencido de que no habría contradicción, Timochenko se atrevió a rematar con esto: los que matan a la población son “los paramilitares, como una política de Estado”. Es decir, el Estado. El silencio de Sierra ante esas enormidades es asombroso. Su entrevista le permitió  a Timochenko hacer terrorismo mediático cinco días antes de unas cruciales elecciones presidenciales de Colombia. Nunca podremos olvidar esa pésima actuación de France 24 en Español.

 

 

Visto: 87

LA MAQUINARIA DE VARGAS LLERAS Y UN ENCUESTADOR FALLIDO LIBERAL.

mauricio-vargas

 
06 de mayo 2018 , 01:41 a.m.
 

A medida que avanza la campaña, para muchos resulta más y más difícil mantener la cabeza fría. La paranoia y la agresividad son el pan de cada día, en especial entre aquellos cuyo candidato no consigue despegar en las encuestas. Al dirigente de Cambio Radical, Rodrigo Lara, a quien le tengo aprecio personal, le ha dado por pelear contra todo: columnistas, encuestadoras, liberales. Eso sí, con tan pocos resultados como los que consiguió hace años, una noche de elección parlamentaria en 2010, cuando se cuadró como boxeador ante un humilde celador de la Registraduría, furioso Lara porque no le iba bien en el conteo de votos.

 
 

Cientos de fanáticos del exalcalde de Bogotá Gustavo Petro —que no tienen de qué quejarse, pues van de segundos y al alza— se salieron de la ropa esta semana por mis cuestionamientos sobre las generosas inversiones de la campaña petrista en el Caribe. Eso sí, me hicieron un enorme favor: para poderme insultar, replicaron miles de veces mi columna, que batió todos los registros en redes sociales y llegó a muchísimos lectores a quienes les gustó, y así me lo expresaron. Demostró el petrismo que tiene una poderosa bodega, como llaman a esos centros desde donde decenas de operadores con equipos electrónicos sofisticados —y costosos— activan las redes a favor de su candidato. No respondo insultos —y menos amenazas, que también hubo— y prefiero mantener la cabeza fría para seguir analizando la campaña sin calenturas.

En ese campo, me interesa la muy audaz apuesta del amigo César Caballero, cabeza de Cifras y Conceptos, que resolvió innovar con un sistema de pronóstico electoral —él mismo aclara que no es una encuesta— que mezcla sondeos de opinión con análisis de la maquinaria que acompaña a cada candidato. Mientras que las firmas encuestadoras tradicionales —a las que pocas veces les reconocen sus muchos aciertos y con enorme frecuencia les cobran sus descaches— apuntan todas a que el exsenador Iván Duque va de primero con entre 38 y 41 por ciento, seguido por Petro con entre 25 y 31 por ciento, luego por Sergio Fajardo con entre 12 y 17 por ciento y más atrás por Germán Vargas, que no pasa del 10 por ciento, Cifras y Conceptos apuesta a que Duque y Vargas irán a segunda vuelta.

Según la lógica de Caballero, las maquinarias de los caciques que apoyan a Vargas son capaces de bajar a Petro de la segunda vuelta, para meter al exvicepresidente. Y es cierto que a Vargas se le ha pegado la crema y nata de la ‘mermelada’ santista. Pero ¿qué tanto pesa la maquinaria en las presidenciales? Hagamos historia. En 1982, Belisario Betancur ganaba las encuestas pero Alfonso López tenía la maquinaria, y muchos analistas decían que por eso López ganaría: triunfó Belisario. En la consulta liberal de 1990 —que fue la verdadera presidencial de ese año—, Hernando Durán Dussán tenía la maquinaria, pero las encuestas decían que ganaba César Gaviria, algo que muchos dudaban, y, por la maquinaria, daban por favorito a Durán: ganó Gaviria.

Sigamos. Para la segunda vuelta del 98, Andrés Pastrana ganaba las encuestas pero Horacio Serpa tenía la maquinaria y era visto, por ello, como ganador. Triunfó Pastrana. En 2002, Serpa seguía con la maquinaria de su lado pero perdía las encuestas frente a Álvaro Uribe, quien a la postre ganó. ¿Qué pasó en 2014? Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga estaban empatados en sondeos, y la maquinaria, que estaba con Santos, pudo inclinar la balanza a favor de la candidatura reeleccionista. Una cosa es que la maquinaria pueda resolver un empate como ese y otra, muy distinta, que consiga subir a Vargas del 10 por ciento o menos al 25 por ciento o más que necesita para pasar a segunda vuelta. Pero la apuesta está sobre la mesa: Vargas se juega la presidencia y César Caballero, su prestigio. Veremos.

MAURICIO VARGAS
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
06 de mayo 2018 , 01:41 a.m.
 

A medida que avanza la campaña, para muchos resulta más y más difícil mantener la cabeza fría. La paranoia y la agresividad son el pan de cada día, en especial entre aquellos cuyo candidato no consigue despegar en las encuestas. Al dirigente de Cambio Radical, Rodrigo Lara, a quien le tengo aprecio personal, le ha dado por pelear contra todo: columnistas, encuestadoras, liberales. Eso sí, con tan pocos resultados como los que consiguió hace años, una noche de elección parlamentaria en 2010, cuando se cuadró como boxeador ante un humilde celador de la Registraduría, furioso Lara porque no le iba bien en el conteo de votos.

 
 

Cientos de fanáticos del exalcalde de Bogotá Gustavo Petro —que no tienen de qué quejarse, pues van de segundos y al alza— se salieron de la ropa esta semana por mis cuestionamientos sobre las generosas inversiones de la campaña petrista en el Caribe. Eso sí, me hicieron un enorme favor: para poderme insultar, replicaron miles de veces mi columna, que batió todos los registros en redes sociales y llegó a muchísimos lectores a quienes les gustó, y así me lo expresaron. Demostró el petrismo que tiene una poderosa bodega, como llaman a esos centros desde donde decenas de operadores con equipos electrónicos sofisticados —y costosos— activan las redes a favor de su candidato. No respondo insultos —y menos amenazas, que también hubo— y prefiero mantener la cabeza fría para seguir analizando la campaña sin calenturas.

En ese campo, me interesa la muy audaz apuesta del amigo César Caballero, cabeza de Cifras y Conceptos, que resolvió innovar con un sistema de pronóstico electoral —él mismo aclara que no es una encuesta— que mezcla sondeos de opinión con análisis de la maquinaria que acompaña a cada candidato. Mientras que las firmas encuestadoras tradicionales —a las que pocas veces les reconocen sus muchos aciertos y con enorme frecuencia les cobran sus descaches— apuntan todas a que el exsenador Iván Duque va de primero con entre 38 y 41 por ciento, seguido por Petro con entre 25 y 31 por ciento, luego por Sergio Fajardo con entre 12 y 17 por ciento y más atrás por Germán Vargas, que no pasa del 10 por ciento, Cifras y Conceptos apuesta a que Duque y Vargas irán a segunda vuelta.

Según la lógica de Caballero, las maquinarias de los caciques que apoyan a Vargas son capaces de bajar a Petro de la segunda vuelta, para meter al exvicepresidente. Y es cierto que a Vargas se le ha pegado la crema y nata de la ‘mermelada’ santista. Pero ¿qué tanto pesa la maquinaria en las presidenciales? Hagamos historia. En 1982, Belisario Betancur ganaba las encuestas pero Alfonso López tenía la maquinaria, y muchos analistas decían que por eso López ganaría: triunfó Belisario. En la consulta liberal de 1990 —que fue la verdadera presidencial de ese año—, Hernando Durán Dussán tenía la maquinaria, pero las encuestas decían que ganaba César Gaviria, algo que muchos dudaban, y, por la maquinaria, daban por favorito a Durán: ganó Gaviria.

Sigamos. Para la segunda vuelta del 98, Andrés Pastrana ganaba las encuestas pero Horacio Serpa tenía la maquinaria y era visto, por ello, como ganador. Triunfó Pastrana. En 2002, Serpa seguía con la maquinaria de su lado pero perdía las encuestas frente a Álvaro Uribe, quien a la postre ganó. ¿Qué pasó en 2014? Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga estaban empatados en sondeos, y la maquinaria, que estaba con Santos, pudo inclinar la balanza a favor de la candidatura reeleccionista. Una cosa es que la maquinaria pueda resolver un empate como ese y otra, muy distinta, que consiga subir a Vargas del 10 por ciento o menos al 25 por ciento o más que necesita para pasar a segunda vuelta. Pero la apuesta está sobre la mesa: Vargas se juega la presidencia y César Caballero, su prestigio. Veremos.

MAURICIO VARGAS
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Visto: 376

FAJARDO EN MALA RACHA LIQUIDADO

 

Dicen que los debates no sirven para nada porque no cambian el voto de quien ya se decidió. Y hasta se quejan de que en esta campaña ha habido demasiados. 

Ni lo uno ni lo otro. No solo los debates son la prueba de esfuerzo de la democracia, sino que esta racha de debates presidenciales ha revelado cosas de los candidatos que para bien o para mal no pueden menos que dejarnos pensativos.

 

A este respecto, la semana que pasa fue mala para Sergio Fajardo. Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Seguramente fue superior el pudor de que él sabe muy poco sobre Bogotá, aunque en esta plaza se le quiere. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’. Allí, Diana Calderón, de la manera más pertinente, le preguntó al ‘candidato de la educación’ qué opinaba del paro de maestros que dejó a 7 millones de niños sin colegio 2 días. Respondió que a los maestros se les han incumplido los compromisos, pero reconoció que no tenía ni idea de cuáles eran esos compromisos. Además, en el debate de Teleantioquia, se dejó liquidar de Iván Duque con la hábil pregunta de: “¿qué piensa hacer usted para desarrollar los mercados de capital en Colombia?”. Respondió hablando de emprendimiento social basado en el modelo “los cerezos” (centros de emprendimiento zonal). Ante la perpleja insistencia de Duque sobre una respuesta que nada tenía que ver con la pregunta, Fajardo respondió: “Convocaremos a la inversión en los diferentes frentes” y “habrá que revisar cómo está funcionando la bolsa de valores”.

De la Calle se ha mostrado tolerante y amable, y no se deja sacar de casillas. Solo se ha salido del cuello cuando provocadoramente le preguntó a Germán Vargas sobre transfuguismo, olvidándose de que fue impulsor del movimiento liberales con Pastrana y fundador en contra del liberalismo, su partido, de Cambio Radical, y de que en esta campaña no hizo sino pedir albergue donde los ‘verdes’ y el Polo con Fajardo. Pero se equivoca con su insistente ejemplo de una señora que lo abordó en Bogotá para decirle que a ella no le importa lo que pase en el Caquetá, “con tal de que a su hijo no lo atraquen para robarle el celular”. A la pobre señora la descalifica explicándole que cualquier hijo de los actuales desplazados puede ser el atracador del suyo. Con lo cual no solo aleja a las ciudades de la solidaridad con la paz, sino que constriñe a los desplazados al destino de ser los atracadores urbanos. 

Vargas lo pone a uno nervioso porque nunca le alcanza el tiempo que le dan para la respuesta. Tiene tantas cosas que decir sobre su programa de gobierno que no logra responder en los dos minutos reglamentarios, a riesgo de pasar por maleducado. Sin embargo, se nota que se siente tan cómodo en los debates que por fin está dejando asomar su divertido humor cachaco que le abona a lo demás.

Petro, por su parte, dejó la silla vacía en el debate de Teleantioquia, un territorio que no le es propicio. Al igual que con los medios, a los que no contesta regularmente las preguntas del día, sabe que le es más cómplice la plaza pública, donde nadie lo confronta o lo cuestiona. Allá puede echar sus mentiras sobre aguacates y paneles solares. Su última prueba en plaza pública fue presentarse como Moisés. “El pueblo huyó del faraón hacia la libertad y decidió partir las aguas de la historia”. Habrá quien se lo crea.

Iván Duque ha demostrado que es mejor cuando no está libreteado y dice mirando a la cámara, “yo quiero ser su presidente”. Le conviene más cuando lo sorprenden en arenas movedizas en las que le toca improvisar su chispa. Cuando De la Calle resolvió tutearlo en el debate de ‘El Heraldo’ y la Uninorte, Duque le respondió hábilmente con otro tuteo, evitando con habilidad que lo humillaran por su juventud. Capotea con donaire toda pregunta sobre sus orígenes políticos con Santos, y pone en su lugar a todo el que lo provoca sugiriendo que será un títere de Uribe. 

Quedan pocos debates. Ojalá que el del director de este diario, el jueves 24, a su usanza, sin chicharras, permita, como no ha sucedido en otros debates, que los candidatos hagan uso racional del tiempo en sus respuestas. A ver si Vargas por fin lo logra. 

Entre tanto… Que le den gusto a Petro en invitar una veeduría internacional para las elecciones. ¡Así, después no podrá decir que se las robaron!

MARÍA ISABEL RUEDA

 
12 de mayo 2018 , 10:44 p.m.
 

Dicen que los debates no sirven para nada porque no cambian el voto de quien ya se decidió. Y hasta se quejan de que en esta campaña ha habido demasiados. 

Ni lo uno ni lo otro. No solo los debates son la prueba de esfuerzo de la democracia, sino que esta racha de debates presidenciales ha revelado cosas de los candidatos que para bien o para mal no pueden menos que dejarnos pensativos.

 

A este respecto, la semana que pasa fue mala para Sergio Fajardo. Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Seguramente fue superior el pudor de que él sabe muy poco sobre Bogotá, aunque en esta plaza se le quiere. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’. Allí, Diana Calderón, de la manera más pertinente, le preguntó al ‘candidato de la educación’ qué opinaba del paro de maestros que dejó a 7 millones de niños sin colegio 2 días. Respondió que a los maestros se les han incumplido los compromisos, pero reconoció que no tenía ni idea de cuáles eran esos compromisos. Además, en el debate de Teleantioquia, se dejó liquidar de Iván Duque con la hábil pregunta de: “¿qué piensa hacer usted para desarrollar los mercados de capital en Colombia?”. Respondió hablando de emprendimiento social basado en el modelo “los cerezos” (centros de emprendimiento zonal). Ante la perpleja insistencia de Duque sobre una respuesta que nada tenía que ver con la pregunta, Fajardo respondió: “Convocaremos a la inversión en los diferentes frentes” y “habrá que revisar cómo está funcionando la bolsa de valores”.

De la Calle se ha mostrado tolerante y amable, y no se deja sacar de casillas. Solo se ha salido del cuello cuando provocadoramente le preguntó a Germán Vargas sobre transfuguismo, olvidándose de que fue impulsor del movimiento liberales con Pastrana y fundador en contra del liberalismo, su partido, de Cambio Radical, y de que en esta campaña no hizo sino pedir albergue donde los ‘verdes’ y el Polo con Fajardo. Pero se equivoca con su insistente ejemplo de una señora que lo abordó en Bogotá para decirle que a ella no le importa lo que pase en el Caquetá, “con tal de que a su hijo no lo atraquen para robarle el celular”. A la pobre señora la descalifica explicándole que cualquier hijo de los actuales desplazados puede ser el atracador del suyo. Con lo cual no solo aleja a las ciudades de la solidaridad con la paz, sino que constriñe a los desplazados al destino de ser los atracadores urbanos. 

Vargas lo pone a uno nervioso porque nunca le alcanza el tiempo que le dan para la respuesta. Tiene tantas cosas que decir sobre su programa de gobierno que no logra responder en los dos minutos reglamentarios, a riesgo de pasar por maleducado. Sin embargo, se nota que se siente tan cómodo en los debates que por fin está dejando asomar su divertido humor cachaco que le abona a lo demás.

Petro, por su parte, dejó la silla vacía en el debate de Teleantioquia, un territorio que no le es propicio. Al igual que con los medios, a los que no contesta regularmente las preguntas del día, sabe que le es más cómplice la plaza pública, donde nadie lo confronta o lo cuestiona. Allá puede echar sus mentiras sobre aguacates y paneles solares. Su última prueba en plaza pública fue presentarse como Moisés. “El pueblo huyó del faraón hacia la libertad y decidió partir las aguas de la historia”. Habrá quien se lo crea.

Iván Duque ha demostrado que es mejor cuando no está libreteado y dice mirando a la cámara, “yo quiero ser su presidente”. Le conviene más cuando lo sorprenden en arenas movedizas en las que le toca improvisar su chispa. Cuando De la Calle resolvió tutearlo en el debate de ‘El Heraldo’ y la Uninorte, Duque le respondió hábilmente con otro tuteo, evitando con habilidad que lo humillaran por su juventud. Capotea con donaire toda pregunta sobre sus orígenes políticos con Santos, y pone en su lugar a todo el que lo provoca sugiriendo que será un títere de Uribe. 

Quedan pocos debates. Ojalá que el del director de este diario, el jueves 24, a su usanza, sin chicharras, permita, como no ha sucedido en otros debates, que los candidatos hagan uso racional del tiempo en sus respuestas. A ver si Vargas por fin lo logra. 

Entre tanto… Que le den gusto a Petro en invitar una veeduría internacional para las elecciones. ¡Así, después no podrá decir que se las robaron!

MARÍA ISABEL RUEDA

 
12 de mayo 2018 , 10:44 p.m.
 

Dicen que los debates no sirven para nada porque no cambian el voto de quien ya se decidió. Y hasta se quejan de que en esta campaña ha habido demasiados. 

Ni lo uno ni lo otro. No solo los debates son la prueba de esfuerzo de la democracia, sino que esta racha de debates presidenciales ha revelado cosas de los candidatos que para bien o para mal no pueden menos que dejarnos pensativos.

 

A este respecto, la semana que pasa fue mala para Sergio Fajardo. Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Seguramente fue superior el pudor de que él sabe muy poco sobre Bogotá, aunque en esta plaza se le quiere. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’. Allí, Diana Calderón, de la manera más pertinente, le preguntó al ‘candidato de la educación’ qué opinaba del paro de maestros que dejó a 7 millones de niños sin colegio 2 días. Respondió que a los maestros se les han incumplido los compromisos, pero reconoció que no tenía ni idea de cuáles eran esos compromisos. Además, en el debate de Teleantioquia, se dejó liquidar de Iván Duque con la hábil pregunta de: “¿qué piensa hacer usted para desarrollar los mercados de capital en Colombia?”. Respondió hablando de emprendimiento social basado en el modelo “los cerezos” (centros de emprendimiento zonal). Ante la perpleja insistencia de Duque sobre una respuesta que nada tenía que ver con la pregunta, Fajardo respondió: “Convocaremos a la inversión en los diferentes frentes” y “habrá que revisar cómo está funcionando la bolsa de valores”.

De la Calle se ha mostrado tolerante y amable, y no se deja sacar de casillas. Solo se ha salido del cuello cuando provocadoramente le preguntó a Germán Vargas sobre transfuguismo, olvidándose de que fue impulsor del movimiento liberales con Pastrana y fundador en contra del liberalismo, su partido, de Cambio Radical, y de que en esta campaña no hizo sino pedir albergue donde los ‘verdes’ y el Polo con Fajardo. Pero se equivoca con su insistente ejemplo de una señora que lo abordó en Bogotá para decirle que a ella no le importa lo que pase en el Caquetá, “con tal de que a su hijo no lo atraquen para robarle el celular”. A la pobre señora la descalifica explicándole que cualquier hijo de los actuales desplazados puede ser el atracador del suyo. Con lo cual no solo aleja a las ciudades de la solidaridad con la paz, sino que constriñe a los desplazados al destino de ser los atracadores urbanos. 

Vargas lo pone a uno nervioso porque nunca le alcanza el tiempo que le dan para la respuesta. Tiene tantas cosas que decir sobre su programa de gobierno que no logra responder en los dos minutos reglamentarios, a riesgo de pasar por maleducado. Sin embargo, se nota que se siente tan cómodo en los debates que por fin está dejando asomar su divertido humor cachaco que le abona a lo demás.

Petro, por su parte, dejó la silla vacía en el debate de Teleantioquia, un territorio que no le es propicio. Al igual que con los medios, a los que no contesta regularmente las preguntas del día, sabe que le es más cómplice la plaza pública, donde nadie lo confronta o lo cuestiona. Allá puede echar sus mentiras sobre aguacates y paneles solares. Su última prueba en plaza pública fue presentarse como Moisés. “El pueblo huyó del faraón hacia la libertad y decidió partir las aguas de la historia”. Habrá quien se lo crea.

Iván Duque ha demostrado que es mejor cuando no está libreteado y dice mirando a la cámara, “yo quiero ser su presidente”. Le conviene más cuando lo sorprenden en arenas movedizas en las que le toca improvisar su chispa. Cuando De la Calle resolvió tutearlo en el debate de ‘El Heraldo’ y la Uninorte, Duque le respondió hábilmente con otro tuteo, evitando con habilidad que lo humillaran por su juventud. Capotea con donaire toda pregunta sobre sus orígenes políticos con Santos, y pone en su lugar a todo el que lo provoca sugiriendo que será un títere de Uribe. 

Quedan pocos debates. Ojalá que el del director de este diario, el jueves 24, a su usanza, sin chicharras, permita, como no ha sucedido en otros debates, que los candidatos hagan uso racional del tiempo en sus respuestas. A ver si Vargas por fin lo logra. 

Entre tanto… Que le den gusto a Petro en invitar una veeduría internacional para las elecciones. ¡Así, después no podrá decir que se las robaron!

MARÍA ISABEL RUEDA

 
12 de mayo 2018 , 10:44 p.m.
 

Dicen que los debates no sirven para nada porque no cambian el voto de quien ya se decidió. Y hasta se quejan de que en esta campaña ha habido demasiados. 

Ni lo uno ni lo otro. No solo los debates son la prueba de esfuerzo de la democracia, sino que esta racha de debates presidenciales ha revelado cosas de los candidatos que para bien o para mal no pueden menos que dejarnos pensativos.

 

A este respecto, la semana que pasa fue mala para Sergio Fajardo. Dice mucho que no fuera al debate de Canal Capital. Seguramente fue superior el pudor de que él sabe muy poco sobre Bogotá, aunque en esta plaza se le quiere. Prefirió refugiarse en ‘Hora 20’. Allí, Diana Calderón, de la manera más pertinente, le preguntó al ‘candidato de la educación’ qué opinaba del paro de maestros que dejó a 7 millones de niños sin colegio 2 días. Respondió que a los maestros se les han incumplido los compromisos, pero reconoció que no tenía ni idea de cuáles eran esos compromisos. Además, en el debate de Teleantioquia, se dejó liquidar de Iván Duque con la hábil pregunta de: “¿qué piensa hacer usted para desarrollar los mercados de capital en Colombia?”. Respondió hablando de emprendimiento social basado en el modelo “los cerezos” (centros de emprendimiento zonal). Ante la perpleja insistencia de Duque sobre una respuesta que nada tenía que ver con la pregunta, Fajardo respondió: “Convocaremos a la inversión en los diferentes frentes” y “habrá que revisar cómo está funcionando la bolsa de valores”.

De la Calle se ha mostrado tolerante y amable, y no se deja sacar de casillas. Solo se ha salido del cuello cuando provocadoramente le preguntó a Germán Vargas sobre transfuguismo, olvidándose de que fue impulsor del movimiento liberales con Pastrana y fundador en contra del liberalismo, su partido, de Cambio Radical, y de que en esta campaña no hizo sino pedir albergue donde los ‘verdes’ y el Polo con Fajardo. Pero se equivoca con su insistente ejemplo de una señora que lo abordó en Bogotá para decirle que a ella no le importa lo que pase en el Caquetá, “con tal de que a su hijo no lo atraquen para robarle el celular”. A la pobre señora la descalifica explicándole que cualquier hijo de los actuales desplazados puede ser el atracador del suyo. Con lo cual no solo aleja a las ciudades de la solidaridad con la paz, sino que constriñe a los desplazados al destino de ser los atracadores urbanos. 

Vargas lo pone a uno nervioso porque nunca le alcanza el tiempo que le dan para la respuesta. Tiene tantas cosas que decir sobre su programa de gobierno que no logra responder en los dos minutos reglamentarios, a riesgo de pasar por maleducado. Sin embargo, se nota que se siente tan cómodo en los debates que por fin está dejando asomar su divertido humor cachaco que le abona a lo demás.

Petro, por su parte, dejó la silla vacía en el debate de Teleantioquia, un territorio que no le es propicio. Al igual que con los medios, a los que no contesta regularmente las preguntas del día, sabe que le es más cómplice la plaza pública, donde nadie lo confronta o lo cuestiona. Allá puede echar sus mentiras sobre aguacates y paneles solares. Su última prueba en plaza pública fue presentarse como Moisés. “El pueblo huyó del faraón hacia la libertad y decidió partir las aguas de la historia”. Habrá quien se lo crea.

Iván Duque ha demostrado que es mejor cuando no está libreteado y dice mirando a la cámara, “yo quiero ser su presidente”. Le conviene más cuando lo sorprenden en arenas movedizas en las que le toca improvisar su chispa. Cuando De la Calle resolvió tutearlo en el debate de ‘El Heraldo’ y la Uninorte, Duque le respondió hábilmente con otro tuteo, evitando con habilidad que lo humillaran por su juventud. Capotea con donaire toda pregunta sobre sus orígenes políticos con Santos, y pone en su lugar a todo el que lo provoca sugiriendo que será un títere de Uribe. 

Quedan pocos debates. Ojalá que el del director de este diario, el jueves 24, a su usanza, sin chicharras, permita, como no ha sucedido en otros debates, que los candidatos hagan uso racional del tiempo en sus respuestas. A ver si Vargas por fin lo logra. 

Entre tanto… Que le den gusto a Petro en invitar una veeduría internacional para las elecciones. ¡Así, después no podrá decir que se las robaron!

MARÍA ISABEL RUEDA

 

Visto: 239

LA EXTRADICIÒN DE SANTRICH NO TIENE REMEDIO

Los últimos días hemos presenciado una espantosa degradación de la Jurisdicción para la Paz. Sus magistrados andan agarrados cual verduleras en obtención de cuotas burocráticas. 

¿Quién tiene razón: el exsecretario ejecutivo que reclama haber sido despojado de sus facultades de contratar, o su presidenta, que responde que la única manera como se podía saber de los correos en donde eso se consumó fue porque se los robaron?

Ambos tienen razón. El problema es que esta falta de escrúpulos y de decoro atenta contra el prestigio del cual dependerá la credibilidad de las decisiones de la JEP. La primera de ellas, el caso Santrich, en el que solo le corresponderá la verificación de unas fechas. Pero se han filtrado varias estrategias de la defensa de Santrich, encaminadas a que mediante tecnicismos jurídicos, la JEP termine agarrando el caso e impidiendo su extradición. 

1.ª estrategia. Alegar que la ‘conspiracy’ que Estados Unidos le achaca a Santrich no es un delito que exista en Colombia. No sirve. La conspiración gringa es equivalente al concierto para delinquir colombiano, de acuerdo con innumerables jurisprudencias de la Corte, según las cuales ha dicho que la equivalencia no la da el nombre del delito, sino los actos cometidos.

2.ª estrategia. Que el delito se cometió en Colombia y no en EE. UU., y por eso se debe juzgar aquí. No sirve. Se trata de criminalidad transnacional que involucra en su práctica territorio de distintos Estados. Puede cualquiera de ellos reclamar su primacía en la persecución judicial.

3.ª estrategia. Que como no hubo claramente una exportación de coca, sino una tentativa, no es una clara situación penal. No sirve. Sí se alcanzó a entregar una primera cuota de coca en cumplimiento del acuerdo que enreda a Santrich y por la cual se pagaron en Miami 5 millones de dólares. La plata se la pagaron a quien exhibió el ‘token’ que, según vimos en los videos, tenía Santrich en la mano, a manera de santo y seña para que le sirviera de identificación al emisario correcto. 

4.ª estrategia. Que fue un delito provocado. Un ‘entrapment’. Este ocurre cuando la autoridad deliberadamente le monta un delito a un inocente. No sirve, porque aquí la autoridad se enteró de un plan en curso e infiltró a un agente en este. La figura del infiltrado está contemplada en nuestro Código de Procedimiento Penal, en los convenios de cooperación internacional, en los protocolos de actuación de la policía del mundo. 

5.ª estrategia. Que el narcotráfico es un delito de ejecución continuada. No sirve. En el caso Santrich implica la confesión del incumplimiento de las obligaciones contraídas en el acuerdo de abandonar toda práctica delictiva a partir del 1.° de diciembre de 2016. A Santrich no lo piden en extradición por ser narcotraficante, sino por narcotraficar. Es decir, cada acto constituye un nuevo delito. De manera que alegar que Santrich narcotraficaba antes del 1.° de diciembre no sirve para exculparlo de seguir narcotraficando después del 1.° de diciembre, con lo cual cometió un grave incumplimiento del acuerdo. 

6.ª estrategia. Jugársela por confesar un delito grave cometido antes de la firma del acuerdo para que la JEP lo condene lo más pronto posible a ocho años sin cárcel para que la extradición quede por lo menos aplazada hasta cuando se cumpla esta pena. Podría funcionar. Será, en todo caso, una decisión que le corresponde al Presidente de la República, como director de las relaciones internacionales de Colombia. Y en este caso será no el actual, sino el próximo, porque, según los plazos, la solicitud de extradición de EE. UU. llegará a Colombia entre la primera y la segunda vuelta presidencial, y allí podrá suceder: a) Que el nuevo presidente prefiera una extradición diferida: primero que pague aquí por lo confesado y luego allá. b) Que sea la desacreditada JEP la que concluya, que así proceda por fechas la extradición, esta debe negarse para que primero ocurra acá el juzgamiento que garantice para las víctimas sus derechos a verdad, justicia y reparación.

De manera que Santrich todavía tiene recursos para salvarse de la extradición, si es que las Farc no se aseguran primero de ello rescatándolo del Hospital El Tunal. 

Entre tanto... ¿Puede Ecopetrol despilfarrar miles de millones en cuñas publicitarias en la televisión privada destinadas a ensalzar las virtudes gerenciales de su presidente?

MARÍA ISABEL RUEDA

 
  •  
  • RUEDA MARIA

Visto: 352

PÁGINAS WEB PARA USTED........
 

Agenda de partidos

Polo Democrático
IMAGE
FUNDADO en el año 2.oo2; lo integraron el POLO DEMOCRATICO INDEPENDIENTE Y ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA y tuvo sus raices en la ANAPO, LA UNIÓN...
Partido Social de Unidad
IMAGE
FUNDADO en el año 2005 por CARLOS IGNACIO CUERVO,JUAN MANUEL SANTOS Y OSCAR IVAN ZULUAGA,como neoliberal y una disidencia del partido LIBERAL....
Partido Verde
IMAGE
FUNDADO el 2 de octubre de 2.009,con el nombre de PARTIDO VERDE OPCION CENTRO,funcionando con personería  de ALIANZA DEMOCRATICA M19;y el 26 de...
Partido Cambio Radical
IMAGE
Empezó a dar sus primeros pasos en1998 como una disidencia del Partido Liberal;y en 2.002 integró la coalición que apoyó al expresidente ALVARO...
Partido Liberal
IMAGE
FUNDADO EN 1.849 por Don EZEQUIEL ROJAS ;y ha modificado en varias épocas sus princópios ideológicos. HOY DEFIENDE :una democrácia de centro...
Partido Conservador
IMAGE
EL CONSERVATISMO COLOMBIANO,ES UN PARTIDO ESTABLE,NO PERSONALISTA,CON UN PROGRAMA IDEOLOGICO Y POLITICO DE 1O PRINCIPIOS Y 8...
Centro Democrático
IMAGE
EL CENTRO DEMOCRATICO COLOMBIANO ES UN PARTIDO PERSONALISTA CON JEFE NATURAL Y SIN PROGRAMA DE PRINCIPIOS IDEOLOGICOS Y POLITICOS,FIJOS Y ESBLECIDOS....

Encuesta Inteligente

¿Por cual candidato de los siguientes votaría usted?

Si las elecciones presidenciales fueran hoy

76
IVAN DUQUE,catòlico no confirmado,del Partido Centro Democratico,no de Derecha ni de izquierda sino de Centro , economista y el màs joven de los candidatos;en coaliciòn con la conservadora catòlica de Derecha Marta Lucia Ramirez.
33
GUSTAVO PETRO,sin religiòn,izquierdista,socialista del Siglo XXI y chavista,se autodenomina progresista;y con vicepresidente izquierdista de los Verdes Angela Marìa Robledo
» Ir a la encuesta. »
999 Votos que quedan

jVS by www.joomess.de.

Usuarios En línea

Hay 1866 invitados y un miembro en línea

Indicadores económicos

De impacto

IMAGE
Sábado, 16 Junio 2018  JOVEN POSUDA
IMAGE
Jueves, 05 Abril 2018
IMAGE
Domingo, 01 Abril 2018
IMAGE
Sábado, 30 Diciembre 2017 LA MUJER COLOMBIANA
IMAGE
Domingo, 05 Noviembre 2017 MAS ALLÀ de la moda
Todos los derechos reservados Diario Naciona

Login or Register

LOG IN

Register

User Registration